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Revista Observaciones Filosóficas


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art of articleart of articleAmérica latina y la Filosofía de la Historia, UNAM, México, 2014. Presentación del Libro de José Antonio Mateos Castro

Mtro. René Vázquez García - Universidad Autónoma de Tlaxcala, Mèxico
Revista Observaciones Filosóficas - Nº 22 / 2016

Quiero iniciar mi intervención reconociendo la enorme alegría que me embarga al estar hoy ante ustedes presentando este primer libro, publicado por la UNAM a través del Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe, este primer tomo de las obras completas, que seguro serán muy abundantes, de mi querido amigo de hace ya algunos lustros, y compañero de inquietudes filosóficas, José Antonio Mateos Castro, mejor conocido como Toño Mateos entre los amigos. En segundo lugar les comparto el gusto, pero también el temor, de compartir la mesa con el Dr. Mario Magallón Anaya, quien es toda una autoridad en el ámbito filosófico de nuestro país y del continente, pero especialmente porque es uno de mis maestros a través de sus libros y de las charlas que afortunadamente hemos tenido en los congresos en los que nos encontramos, aunque no tan continuamente como quisiera. Temor que, confieso, no es tanto porque sé que estamos entre colegas, pero especialmente entre amigos en esta mesa. Prueba de ello es que el prólogo del libro que ahora comentamos lo escribió precisamente Mario Magallón, aquí presente.

Antes de entrar a comentar propiamente el libro que nos ocupa, me voy a permitir hacer una referencia biográfica al pasado. Nada íntimo ni bochornoso, por supuesto. Privilegios del conocimiento personal del autor. He de decir que de alguna manera encuentro cierta continuidad entre su tesis de maestría, terminada y defendida por ahí de 2004, cuyo título fue Posmodernidad en América Latina: una lectura de los signos de la posmodernidad en la periferia, la cual vale la pena recordar que fue merecedora del premio Norman Sdverlin 2004 a mejor tesis de maestría en la UNAM, y el libro que comentamos hoy, especialmente en su capítulo segundo.

Sin duda el autor ha profundizado la reflexión sobre algunas categorías centrales de sus preocupaciones de entonces como modernidad, capitalismo, posmodernidad, América Latina, pero también ha incorporado algunas como fin de la historia, progreso, entre otras. Todo esto a partir de un diálogo informado, profundo, juicioso diría yo, tanto con filósofos tan importantes de la tradición europea como Kant y Hegel, por mencionar sólo dos clásicos modernos, o con Vattimo, Habermas y especialmente Benjamin, por mencionar tres filósofos actuales, como con muchos de los pilares de la filosofía latinoamericana actual como Bolívar Echeverría, Enrique Dussel, Leopoldo Zea, Horacio Cerruti, Luis Villoro o el mismo Mario Magallón Anaya.

Sin duda este es un primer, y a mi juicio, el aspecto más valioso del libro de Toño: logra filosofar, repensar, problematizar, desnaturalizar muchos de los supuestos que asumimos cuando pensamos el tema de la filosofía de la historia y América Latina. Esto lo hace a partir de articular críticamente las ideas, los planteamientos, las preguntas fundamentales tanto de filósofos europeos y latinoamericanos en un diálogo enriquecedor que recrea el pensamiento empujándolo a nuevos horizontes de comprensión. Por ello es un texto exigente con nosotros sus lectores pero, al mismo tiempo, presenta un plexo de ideas concatenadas que nos persuaden de la fuerza de sus argumentos y nos obliga a entrar en diálogo con el autor.

Por supuesto mi intención ahora no es ahorrarles el esfuerzo tan humanizante de la lectura. A continuación sólo les mencionaré algunas de las tesis más interesantes que encontré en cada uno de los tres capítulos que componen el libro. Con la esperanza, espero que no ingenua, de que les provoque el interés por leerlo y discutirlo. ¡Pero recuerden que antes hay que comprarlo!

El primer capítulo, titulado “Filosofía de la historia: un acercamiento”, inicia haciendo la distinción entre dos maneras de entender la filosofía de la historia, como reflexión sobre la construcción del conocimiento histórico y como especulación sobre el plan que organiza las acciones humanas. Dos maneras que, como bien apunta el autor, no están tan separadas como se piensa. Posteriormente pasa revista a las principales concepciones especulativas de la historia en el pensamiento occidental hasta llegar a las concepciones modernas, ilustradas con el pensamiento de Kant y Hegel. El autor se dedica al análisis de las características de la filosofía de la historia de estos grandes filósofos modernos, pues en su concepción se sintetizan las tesis hegemónicas sobre la manera de pensar la historia desde la modernidad y, tal vez, hasta la actualidad.

En las dos últimas secciones del primer capítulo Mateos se dedica a desmenuzar las conexiones que encuentra entre el capitalismo y la modernidad o, en otras palabras, se dedica a reflexionar los supuestos de la única modernidad que históricamente se ha desplegado, la cual es precisamente la modernidad capitalista. Sin duda el autor nos propone una lectura provocadora del devenir de las sociedades modernas hasta la actualidad. Nos propone un diagnóstico bastante preocupante. Como muestra me permito traer a colación un pequeño párrafo:

El problema de fondo de fondo de la modernidad en su rostro capitalista es que se centra en la concentración y acumulación de capital, explotando dos cosas fundamentales: la naturaleza y el trabajo humano, dejando de lado la preocupación fundamental: la vida humana y el mundo que se habita. (p. 54)

A la luz de los problemas y retos que enfrentamos actualmente parece que Toño no anda tan descaminado en su interpretación de la situación actual.

Posteriormente el autor nos reconstruye una interpretación bastante convincente del modo en que esta concepción de la modernidad occidental informo la manera en que se comprendió a lo que ahora llamamos América Latina desde el mal llamado “descubrimiento” de América. Lo cual condeno a nuestro continente a una relación de dominación y explotación que ha sido tema de reflexión para muchos de nuestros filósofos.

En el segundo capítulo, intitulado “Modernidad, posmodernidad y fin de la historia”, nos vamos a encontrar, en primer lugar, una muy bien informada reconstrucción del debate modernidad-posmodernidad, en base a la recuperación de planteamientos de filósofos como Nietzstche, Benjamin, Lyotard, Habermas, Magallón entre otros. En segundo lugar, Mateos sintetiza algunas de las más importantes posturas posmodernas sobre el fin de la historia y sus principales supuestos. Aquí encontramos un diálogo con autores como Gehlen, Fukuyama, Foucault, Vattimo, Castro Gómez, entre otros. En el último apartado de este segundo capítulo el autor articula las tesis posmodernas sobre el fin de la historia con su recepción por filósofos latinoamericanos. Aquí se reconstruyen los planteamientos de filósofos como Mario Magallón, Gilberto Valdés, Arturo Andrés Roig, Adolfo Sánchez Vázquez, Horacio Cerutti, Roberto Follari, por mencionar algunos. Al mismo tiempo establece un diálogo con ellos sobre la manera de entender la posmodernidad y el fin de la historia en América Latina. No es un diálogo terso, sino crítico. Como muestra valgan estas líneas: “Consideramos que en cierta medida los filósofos posmodernos latinoamericanos tienden a ser demasiado complacientes con el discurso posmoderno” (p. 122). Para el autor no se trata de caer en la simple descalificación o negación del discurso posmoderno. Pues hay algo valioso en él:

Con un cierto rasgo positivo, la posmodernidad pondría en tela de juicio la estabilidad de las categorías filosóficas y políticas de la modernidad. La indagación posmoderna cuestiona las suposiciones fundamentales sobre las que se han erigido identidades occidentales estables: el sujeto, el ser, el progreso, la autonomía de la razón y la objetividad de las ciencias. (p. 123)

Justo Toño plantea rescatar este aporte de la posmodernidad para repensar nuestra situación latinoamericana, para repensar nuestra historia. El planteamiento de su propuesta lo vamos a encontrar en el tercer capítulo de su libro.

Éste se llama, muy significativamente, “América Latina, una filosofía de la historia ‘desde abajo’”. En el primer apartado del capítulo el autor empieza destacando cómo la filosofía latinoamericana desde hace bastante tiempo ha reflexionado sobre la realidad de nuestro continente, sobre nuestra historia y nuestra relación con occidente. En palabras del autor

la filosofía latinoamericana tiene un interés peculiar por el aspecto histórico, por la historia y, tal vez, sea nuestra tradición filosófica más representativa y profunda, consideramos que esta tradición nos lleva a preguntarnos ¿Quiénes somos?, es decir, por nuestra identidad y el lugar que ocupamos en la historia. (p. 130)

En este primer apartado el autor reconstruye los planteamientos que diversos filósofos latinoamericanos (como Zea, Gaos, entre otros) han hecho sobre nuestra identidad, sobre nuestro lugar en la historia.

En el segundo apartado del tercer capítulo Mateos sintetiza la crisis de la filosofía de la historia occidental moderna e incluso se plantea si ya es una disciplina fenecida. Pone especial énfasis en la dimensión de dominación política e ideológica que implica y la manera en que ha sido cuestionada por los filósofos latinoamericanos. Así leemos casi al final de este apartado:

Pensar entonces en el fin de la filosofía de la historia, es pensar en el fin del hacer eminentemente humano que trata de revertir el proceso de negación de nuestra esencialidad, de nuestra dignidad que pone en crisis, al mismo tiempo, la dominación y, afirma nuestra manera de estar en el mundo, interrumpiendo los tiempos que corren. (p. 152)

En efecto, Mateos nos propone interrumpir estos tiempo de exclusión, de marginación, de olvido, para hacer, pensar y escribir una historia moralmente justa, muy en la línea kantiana me parece, que es la que necesitamos en América Latina.

Ya que nuestro presente requiere un pasado para cobrar sentido, ser pleno, activarse políticamente, para ello es necesario pensar, hacer y escribir una historia a contrapelo que conciba un presente justo y digno. En otras palabras, aquel que promueva el sentido comunitario o colectivo de los sujetos en la diversidad y, que al mismo tiempo, rompa con un pasado que nos inmoviliza e inmoviliza el presente y a las energías sociales, permitiendo construir la memoria de la dignidad de los sujetos colectivos de nuestroamérica.

Y esta historia a contrapelo o filosofía de la historia desde abajo es la que nos propone Toño en el último apartado del tercer capítulo. Sin duda una propuesta provocadora y digna de discutirse, reflexionarse y ejecutarse. Pero, ¿qué es esta historia desde abajo? El autor nos precisa que se trata de

recuperar (…) las experiencias excluidas de la memoria histórica y de su devenir, una relación distinta entre pasado y presente, siendo por ello la práctica política una determinante importante de esta nueva relación. En ese sentido, hablar de una historia desde abajo, es darle nombre a las víctimas permanentes de los sistemas de dominación: esclavos, siervos, campesinos, proletarios, minorías étnicas, sociales, culturales o religiosas, etc. Oprimidos que han resistido, que han luchado, que siguen luchando y que han levantado la voz contra la dominación, pero que desafortunadamente, las más de las veces, han sido derrotados y callados.

No me queda más que invitar a quienes amablemente me escuchan a leer este texto que ahora presentamos pues, como bien afirma el autor en la introducción: la filosofía de la historia no terminará mientras exista la demanda de sentido social, mientras nos preguntemos por nuestro lugar en la historia. Y yo agregaría que no dejaremos de preguntarnos por nuestro lugar en la historia, en el mundo o el universo, mientras seamos seres humanos, seres en busca del sentido de nuestra existencia.



Mtro. René Vázquez García

Universidad Autónoma de Tlaxcala, México.



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