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Revista Observaciones Filosóficas


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Hacia una Estética de la Cibercultura

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art of articleart of articleCibercultura y  Psicosociogénesis de la Técnica

Dr. Carlos Soldevilla - Universidad Complutense de Madrid
Resumen
El objetivo de este trabajo es presentar una hipótesis sobre la psicosociogenésis de la técnica, que posibilitará posteriormente establecer una crítica a su expansión simbólica como Cibercultura. Se parte de una perspectiva psicoanalítica para argumentar la psicogénesis del primer artefacto tecnológico (protoobjeto técnico), comprensiva de los motivos psicodinámicos a que obedeció su constitución. Después, siguiendo el dispositivo ternario de la teoría foucaultiana, se analizan las funciones que cumple la técnica como saber en sus relaciones con el poder y sus necesidades biopolíticas (conformación de subjetividades y estilos de vida ciberculturales más significativos: ciborgs, cibiontes y ciberpunks). Finalmente, se plantea una disyuntiva, abierta y comprensiva, de los fundamentales posicionamientos ontológicos y epistemológicos que se dan en actualidad.

Palabras clave
Tecnología , psicogénesis, cibercultura, razón técnica, Freud, narcisismo, fetichismo, poder político, Foucault, Heidegger.

 
Extraño todo: el designio, la fábrica y el modo. [Luis de Góngora]

Nadie sabe todavía quién habitará en el futuro esta envoltura vacía, nadie sabe si al cabo de este prodigioso desarrollo surgirán nuevos profetas o renacerán con fuerza antiguos ideales y creencias, o si, más bien, no se perpetuará la petrificación mecanizada, orlada de una especie de agarrotada petulancia. En este caso los "últimos hombres" de esta cultura harán verdad aquella frase: "especialistas sin espíritu, hedonistas sin corazón, estas nulidades se imaginan haber alcanzado un estadio de la humanidad superior a todos los anteriores. [Max Weber]

Con el cambio de milenio en el horizonte, mientras las certezas que mantienen (con dificultad creciente) la legitimidad discursiva de la modernidad son puestas en cuestión una tras otra, parece oportuno revisar sin prejuicios y con nuevo rigor, un capítulo sustancial de nuestra época que básicamente permanece incuestionado. Me estoy refiriendo al metarrelato de la sobretecnologizada tardomodernidad, el discurso de las nuevas tecnologías informáticas, electrónicas y digitales que, una vez peraltado al máximo rango de la superestructura cultural, aparece bajo el rótulo de "Cibercultura". Aunque la cibercultura ha sido en gran medida analizada desde la perspectiva de los estudios culturales (Benedikt. 1991; Featherstone y Burrows. 1995), sus temáticas y funciones pueden ser también tratadas críticamente dentro del ámbito de la psicología social (Burman, Gordo-López, Macauley, Parker.1995; Gordo-López y Parker. 1999).

El propósito de este estudio es presentar una hipótesis (quizá demasiado espectacular) sobre la psicosociogénesis de la técnica y su expansión simbólica como cibercultura. Parto de una hermenéutica psicoanalítica para dar razón de la psicogénesis del primer artefacto técnico (proto-objeto); también me apoyo en los intentos genealógicos y deconstructivos para resistir y desafiar las tendencias positivistas en la ciencia social moderna (Alvarez-Uría. 1988. 1991; Ibáñez Gracia.1995; Crespo. 1995; Varela y Alvarez-Uría. 1997).

Por último y, frente a las corrientes hipermodernas de las ciencias sociales (realismo más o menos crítico, constructivismo, conexionismo), que proponen el modelamiento de la subjetividad a través de la hipertrofia del discurso del método y la subsunción de aquélla a mero dato, la sección final explora las posibilidades de una ciencia social no nihilista, que enfatice los posicionamientos ontoteológicos que concurren en mis lecturas de aquellos autores que no olvidan incorporar las cuestiones sustantivas en su quehacer científico social (Giddens. 1992; Gárate y Marinas. 1996; Ferry. 1996; Moya. 1992.1993.1997; Trías. 1995. 1997; Panikkar. 1998).

ASUNCIONES PRELIMINARES PARA EL ESTUDIO PSICOGENÉTICO DE LA TÉCNICA

Basándome en los estudios de Freud sobre la génesis del yo, comenzaré por mostrar la psicogénesis del primer objeto técnico, para ulteriormente señalar las conexiones entre dicha psicogénesis con las diferentes tecnologías ciberculturales de saber-poder. Pero, antes de comenzar deseo hacer dos observaciones. Primero, que las reflexiones ofrecidas aquí, contrariamente a los talantes categórico y asertivo propios de la argumentación mainstream, son postuladas al estilo rortyano, es decir, desde un punto de vista irónico y distante. Otra salvedad es que, aunque la teoría psicoanalítica nutre mi análisis de la psicogénesis de la técnica, no pretendo explicar los desarrollos tecnológicos postulando su origen exclusivo en una pulsión como causa suficiente y final.

Entrando en harinas, la definición de G. Basalla de artefacto técnico como: "unidad fundamental para el estudio de la tecnología" (1988 : 16), nos ayuda a relacionar y utilizar una comprensión psicoanalítica de la técnica, si entendemos a ésta en su constitución psicogenética, a través de la hipótesis de q el protoobjeto (o protoartefacto técnico), emerge a instancia de la irreprimible demandan de deseo de omnipotencia humano y, por tanto, responde a un destino pulsional propio del narcisismo perverso (Freud, 1915b, 1927; N. Brown, 1959).

Por lo tanto, esta interpretación de la psicogénesis de la técnica va a pivotar sobre la teoría freudiana, en la que, en mi opinión, se encuentra incoada una interpretación etiopsicológica de la tecnología (entendida como constitución psicodinámica del objeto-técnico), derivada de la teorización de Freud del conflicto psíquico en su segunda teoría pulsional (1919-20), cuando éste sitúa la tensión central del psiquismo entre pulsiones sexuales contradictorias: Eros v/s Tánatos, estableciendo la subordinación de la primera a la segunda.

Por extensión, de acuerdo con el lúcido y también pesimista diagnóstico de N. Brown (1959), la resolución de este conflicto pulsional, sobre todo a lo largo de la modernidad, configura una dinámica histórica en la que se patentiza el predominio de Tánatos sobre Eros, ora en la esfera macro de los ominosos espacios del horror (Auschwitz, Hiroshima); bien en la esfera micro, donde se desarrolla la acción intrapsíquica, caracterizando una resolución narcisista perversa del avatar preedípico y edípico.

Sin pretender situarse a la altura de las ambiciones y logros del opus freudiano, este estudio, siguiendo el itinerario abierto por Freud, tiene tan sólo la modesta pretensión de continuar la tarea metapsicológica, intentando dar razón etiopsicológica de la emergencia del protoobjeto técnico. Para ello, propongo asistir a la infancia del acontecimiento técnico (constitución del protoobjeto técnico), inseparable, en nuestro caso, de los acontecimientos de la infancia (determinada elección de objeto pulsional).

Psicogénesis: la omnipotencia narcisista en la génesis del protoobjeto técnico

Freud desveló las fuerzas psíquicas elementales, los implacables resortes del deseo, ese acicate robusto y turbulento que anima desde siempre la acción, trastornando sus presuntas legitimaciones, bien como argumento/elección racional o como conciencia moral. Y al hacerlo identifica, desde su primera teoría de la libido, dos tipos de pulsiones que dominan nuestras actividades, las pulsiones del yo (dirigidas hacia sí mismo y destinadas a satisfacer las necesidades de autoconservación: hambre, sueño, etc.) y las pulsiones sexuales (dirigidas hacia el semejante y destinadas al disfrute placentero y a la reproducción de la especie).

Sin embargo, y tras varias experiencias clínicas, Freud va observando q el conflicto psíquico se desarrolla tanto entre autoconservación (Ananké) y sexualidad (Eros), sino entre deseos sexuales inconscientes y contradictorios. Así, tras la exploración sobre el narcisismo (1914a), los estudios sobre la sexualidad perversa (1915b) y sus consideraciones sobre guerra y muerte (1915a), conducen a Freud a una segunda configuración de su teoría libidinal, que culmina en su obras Más allá del principio del placer (1919-1920) y El yo y el Ello (1923, donde a primera dualidad pulsional (auconservación vs sexualidad) queda subsumida en la existente entre pulsión de vida (Eros, destinada a satisfacer la vida) y pulsión de muerte (Tánatos, destinada a satisfacer el plus de deseo, propio de la omnipotencia narcisista, descubierta anteriormente (1910-1911, 1914a).

Omnipotente cupiditas narcisista que al quedar siempre insaciable e insatisfecha, tiende fácilmente a recorrer un doble camino. Por un lado, hacia la regresión (deriva masoquista a la repetición, cuyo objeto fin es el logro del grado cero tensional o Nirvana); mientras q, por otro, tenderá a desarrollar sus tendencias agresivo destructivas (deriva sádica hacia la cosificación, la agresión y la dominación del semejante, cuyo objeto final será aquel q mejor haga de diana a sus necesidades sado-maso, a la cual denominará Tánatos).

Itinerarios narcisistas de la omnipotencia

Pero abordar el tema del narcisismo entraña abordar una de las discrepancias teóricas más importante entre las diferentes escuelas psicoanalíticas, expresa en la polémica en torno a la génesis del yo. Sin entrar en ella, para centrarme en Freud, cabe decir que lo que le lleva a introducir en su teoría el concepto de narcisismo es la necesidad de un supuesto originario que operase como conjetura conceptual para comprender los complejos comienzos de la vida psíquica, en la que el yo, de forma incipiente y precaria (arqueo-yo), comienza a ser el vector estructurante de la personalidad.

Freud comienza sus estudios sobre el narcisismo inicialmente en las observaciones clínicas del autoerotismo, la perversión y la megalomanía. Así, en Tres ensayos para una teoría sexual (1905-1915), arguye que el instinto sexual en la niñez no está unificado. Inicialmente carece de objeto, y esta carencia lo define como autoerótico. En su estudio sobre El caso Schreber (1910-1) el narcisismo aparece como una etapa libidinal indispensable en la que el individuo toma a su propio cuerpo como objeto amoroso, antes de pasar a la elección de objeto.

En un segundo momento, en su obra Tótem y tabú (1912-3), Freud descubre y describe el "narcisismo originario" del niño, y establece la equivalencia analógica entre el omnipotente narcisismo infantil (ontogénesis libidinal), y el pensamiento omnipotente que se observa en los pueblos primitivos (filogénesis libidinal) (Freud. 1912-3 : 1801). Posteriormente, Freud introduce los rasgos individuales más leves de las actitudes narcisistas extremas, observables también en la clínica (Freud. 1919-1920).

Para Freud, en todos estos casos, el arqueo-yo, en la medida que se instaura como defensa contra la angustia depresiva ante la insatisfactoria realidad, tiende a prescindir del semejante como objeto erótico-afectivo, en favor del narcisismo primario, el cual tiene una triple trayectoria:

a.- la orientada hacia un "narcisismo progresivo", que va desplazándose paulatinamente desde el autoerotismo a la libido objetal;

b.- la deriva hacia un "narcisismo regresivo", cuyo horizonte pulsional tiende hacia el logro del grado cero tensional en el cual hay insistencia y repetición hacia el retorno a lo inanimado (Freud. 1919-20. p. 2528);

c.- la tendencia hacia un "narcisismo perverso fetichista" que, movido por la instintualidad agresivo destructiva, apresa al arque-yo en la ávida búsqueda de total colmamiento omnipotente. Incoando así su estrategia de negación de la castración, y su traducción en el investimiento fálico del fetiche que cumple la función de apoyo, en la realidad, al delirio de omnipotencia (Freud. 1905-1915. 1915b. 1927).

Esta última deriva narcisista, a su vez, recorre una secuencia que adelantamos, a efectos de conseguir una mayor inteligibilidad expositiva: musculación y pulsión de apoderamiento, objeto transicional y posterior constitución del objeto técnico (artefacto para la agresión y dominio).

La actividad muscular como pulsión de apoderamiento, primer momento del narcisismo perverso

Ya Freud, en "Los instintos y sus destinos" (1915b), nos pone en la pista de las relaciones entre narcisismo, sadismo y acción subsiguiente que despliega la función orgánica de la musculación. Una vez que cristaliza satisfactoriamente esta experiencia de musculación, se consolida la primera experiencia autoerótica de la pulsión de apoderamiento. La pulsión de dominio o apoderamiento (bemächtigungstrieb), es definida por J. Laplanche y J.B. Pontalis como una pulsión no sexual cuyo objetivo es el dominio (1987 : 328). Según estos autores, Freud no dejó de considerar a lo largo de toda su obra esta idea de un dominio del propio cuerpo, de una tendencia primaria a la dominación de sí mismo, invocando como base de la misma la pulsión de apoderamiento, los esfuerzos que hace el niño por hacerse dueño (herr werden) de sus propios miembros.

En consecuencia, mi línea de trabajo pretende mostrar cómo el narcisismo perverso, tras la primera experiencia de actividad muscular, pone en acto una pulsión de apoderamiento que necesita adueñarse de un objeto (el primero será el propio cuerpo entendido como cuaje muscular), destinada a probar la propia soberanía, entendida como alucinatorio revival de la experiencia de satisfacción primordial que, según Freud (1914b. 1925-6), deja una huella mnémica imborrable que, al ser conseguida sin intercambio simbólico alguno, es en su esencia autoerótica.

De este modo, la actividad muscular se convierte en el primer e interno objeto técnico, que posibilita una cierta experiencia de completud omnipotente, dando paso al segundo momento del narcisismo perverso, el del paso del "objeto interno" (musculación) al externo: toma del "objeto transicional".

El "objeto transicional", segundo momento del narcisismo perverso

Ha sido D. W. Winnicott quien ha definido el concepto de "objeto transicional" como: "la transición del bebé, de un estado en que se encuentra fusionado a la madre a uno de relación con ella como algo exterior y separado" (1971 : 17). El objeto es llamado "transicional" porque es un objeto externo al cual el niño le ha atribuido aspectos y cualidades del objeto primordial, la madre, pero que inicia el primer peldaño en la construcción interna de la personalidad.

Por tanto, el objeto transicional es el sustituto que constituirá las bases para las actividades simbólicas más complejas (como la creatividad técnica, lúdica y artística), permitiendo al infante la consecución de "la capacidad de estar solo" a través de la instauración e internalización de las relaciones de objeto y las competencias simbólicas. El objeto y los fenómenos "transicionales", por el lado positivo, dan soporte al yo y le permiten tolerar la soledad sin mayor angustia y desarrollar sus epifanias exploratorias de autonomía y creatividad. Mientras que, por el negativo, abren el camino hacia las relaciones fetichistas (Winnicott. 1971 : 64)

Por eso, Winnicott considera que el arte, la ciencia y la técnica (en origen objetos y fenómenos transicionales) son resultados de la competencia primaria de jugar, explorar y crear, y están en estrecha relación con la capacidad de sublimación y simbolización. Basándome, en la teorización winnicottiana sobre los objetos transicionales, propongo que la función esencial de las pulsiones en general, y en nuestro caso la pulsión de apoderamiento, es asegurar una "función objetalizante", término postulado por A. Green (1983. 1986). Para el investimiento propio del narcisismo perverso esta objetalización será la fetichista.

La constitución del "protoobjeto técnico", tercer momento del narcisismo perverso

Desde el primer desciframiento del proceso perverso expreso en "Tres ensayos para una teoría sexual" (1905-1915), que se revela muy pronto insuficiente, Freud se ve necesitado de definir conceptualmente las nociones metapsicológicas claves presentes en la perversión, agresiva y fetichista y que son: la negación de la realidad (Verleugnung), la negación de la castración (Verneinung) y la escisión del yo, para dar cuenta cabal de su papel sustantivo en el proceso perverso.

Estas nociones de la perversión, esencialmente emergentes a partir del análisis del fetichismo, son tanto más decisivas cuanto que conectan, según J. Dor (1987 : 78 y ss.), muy de cerca con las patologías del yo (trastornos narcisistas de personalidad, personalidad fronteriza y psicosis). Esto es, permiten señalar la estrecha vinculación estructural presente en el eje que venimos manteniendo desde el inicio de esta investigación: narcisismo y perversión sado-fetichista.

El último paso, pues, dado por la pulsión de apoderamiento, tras las experiencias de musculación y toma de objeto transicional, será la de escoger otro objeto fetiche que posibilite una vivencia de completud más evolucionada. Este es el momento en que la pulsión de dominio queda fijada a un fetiche (fálico) cuyo culmen será el objeto técnico, que como artefacto fálico posibilitará una experiencia de completud colmadora, a través del potencial de dominio y agresión sobre el semejante.

Posicionamiento narcisista perverso del prototecnólogo, que siempre diseña su objeto de poder (fetiche fálico) con la pretensión de lograr dos propósitos muy en línea con el narcisismo perverso: diseñar un objeto de poder frente a un semejante que se percibe alucinatoriamente como enemigo; mientras que simultáneamente constituye un vínculo de especial complicidad con el futuro usuario y admirador de sus creaciones, que incrementan la potencia y el dominio.

Por esa razón el narcisismo perverso no se contenta con la invención de una determinada técnica militar, ni con su posterior rentabilización política y económica, sino que tiene que innovarla y publicitarla permanentemente, para así estimular la avidez de nuevos objetos de completud, mientras hace girar las miradas y los deseos de todos en torno a sus conquistas, primero bélicas y más tarde generalizadas para el consumo civil (productivas, informativas y comunicativas). Esto es, necesita no sólo divulgar sus inventos, sino que además es fundamental que los exhiba en clave de espectáculo. No creo decir algo novedoso, pues desde la revolución neolítica, que marca el inicio del uso instrumental de la tecnología para la agresión y el control, hasta hoy día el ser humano se ha caracterizado por ser el gran depredador de su entorno físico y humano.

Lejos de la ingenua interpretación de que la innovación tecnológica es en si misma positiva y que sus efectos sólo dependen del uso que se haga de élla, quizá ahora procede replantear las siguientes cuestiones. ¿Cuál es la función básica del objeto técnico, mejorar el confort y la habitabilidad de la condición humana, o esta interpretación simple y funcional oculta otra, cuyo trasfondo es psicológico, motivacional e inconsciente?. ¿Qué es el objeto-técnico, en su origen, sino un fetiche de poder?. Siguiendo la estela de la teorización freudiana, la hipótesis genética que aquí se plantea para entender y dar respuesta a estos interrogantes, es que existe un supuesto onto-psicológico, denominado pulsión narcisista perversa, que es la base motivacional para el desarrollo del (proto)objeto-técnico, entendido como sublimado instrumento para el control, la lucha y la depredación.

Depredación, en principio imperiosa, en orden a mantener la pirámide de la cadena alimentaria y el ecosistema, contribuyendo a garantizar el equilibrio biofísico indispensable. Hasta aquí, nada que objetar. Ahora bien, el ser humano que irrumpe en la cadena evolutiva es un ser prematuro biológica y psíquicamente, a la par que físicamente indefenso durante el extenso periodo de tiempo de su infancia y parte de su adolescencia. Carece de la fuerza de otros mamíferos, no corre, ni salta, ni posee dotes para el camuflaje, pero sin embargo tiene capacidad para pensar, para distanciarse y, por tanto, para crear instrumentos de agresión y poder atacar a distancia.

Esta capacidad de mediación violenta, destinada en un principio a la lucha por la supervivencia, es quizá el inicial factor que incentivó la constitución del protoobjeto técnico. Capacidad de mediación agresiva que, según J. Bergeret (1984.1995), se nutre de una motivación que este autor denomina "violencia fundamental", génesis, marco y evolución de la violencia innata, común a todos los seres humanos y germen motivacional de lo que va a ser más tarde, una vez sublimada, el objeto técnico.

Tal ensamblaje entre violencia y tecnología depredativa, lleva a C. París a afirmar que: "La relación entre tecnología y violencia sigue marcando el cauce de un inhumano desarrollo. En el cual, desde la búsqueda del incremento destructivo en una primera etapa, se transita hacia la conquista de la precisión como meta. Pero sería erróneo, hipervalorar la importancia de los más recientes desarrollos de la tecnología bélica y olvidar la importancia de estrategias políticas, psicosociológicas, que han actuado cual factores claves" (1991 : XVII-XVIII).

Por tanto, cabe conjeturar que la génesis del objeto-técnico no es tanto el resultado de una serie de experiencias conscientes dirigidas selectivamente por una cierta estrategia cognitiva, sino más bien la "afinidad electiva" hacia un determinado objeto, cuya emergencia responde a las exigencias afectivo eróticas (de investimiento libidinal) de una dinámica pulsional narcisista perversa, cuya función última es cumplimentar el anhelo de completud a través del control y la agresión del objeto; y que, en el plano sociocultural, especialmente desde la modernidad, se ha convertido en el gran implícito del funcionamiento de los poderes dominantes (económicos, políticos y militares). Funcionamiento siempre subalterno a los dispositivos tecnológicos.

En consecuencia, esta peculiar naturaleza de lo técnico entraña significativos riesgos. La técnica está vinculada a la aventura secular y antropomórfica que, al radicalizarse en la modernidad, despliega un titanismo tecnológico que fomenta y desarrolla la agresividad interna e intersubjetiva de la condición humana. Este titanismo tecnológico, en mi opinión, queda expreso y peraltado en la subjetividad y en los estilos de vida propios de la Cibercultura.

A esta luz no deben extrañarnos, por tanto, las siniestras caracterizaciones de nuestro tiempo, que M. Heidegger postula en La pregunta por la técnica (1954-1962). Según Heidegger, el carácter vertiginoso y siniestro de la técnica representa un triple peligro: instrumentar la naturaleza (transformada en materia inerte, cuantificable como mero reservorio de abastos o suministro de energía), desocultar el magnetismo de lo natural (implementando el nihilismo, como paso previo a su instrumentalización total), así como desvelar el misterio que siempre salvaguarda lo sagrado (rompiendo el vínculo que en todas las tradiciones existe entre enclaves naturales y vida espiritual).

Sociogénesis: las relaciones entre el saber técnico y el poder político

Ahora paso a mostrar sucintamente la conexión de lo estrictamente onto-psicológico (que acabamos de ver) con el socius. Esto es, el estrecho y crucial vínculo entre la personalidad narcisista perversa, con el poder, que vamos a analizar recurriendo al análisis propuesto por J. Varela (1996, 1997), de articular el modelo foucaultiano con el de N. Elias. Con ello se pretende resaltar la conexión genético-estructural que existe entre el psicotipo en el que se encarna la creación técnica (el narcisismo perverso, propio de los expertos que, a lo largo de la historia, producen un saber cualitativo en la producción tecnológica), los grupos o clases dominantes o en vías a serlo (poder) y los modos de subjetivación y de formas de vida que dicho vínculo de saber-poder imponen a lo largo del tiempo (biopolítica).

De forma sintética, desarrollo este vínculo entre saber tecnológico, poder político y constitución social de la subjetividad, en tres momentos. En el primero, la pulsión narcisista-perversa es la que motiva, en ciertas subjetividades, la producción del protoobjeto técnico, destinado a la agresión y el dominio (primer artefacto bélico). En un segundo momento, la fáctica eficacia del arma en las relaciones de poder, crea un estrecho vínculo de contacto y colaboración entre el tecnólogo y los grupos de poder.

Constituido el vínculo entre saber-tecnológico y poder-político, posteriormente emerge una progresiva creación y extensión de nuevas tecnologías bélicas (de agresión y dominación), que también tienen su correlato en el incremento y sofisticación de las tecnologías políticas de propaganda (de información y comunicación). Por último, a partir de los anteriores momentos, se instituye una permanente dinámica de cambio social, expresa en el triple eje de la metamorfosis política (tipos de gobierno), sociocultural (mítico-simbólica) y psicosociológica (diferentes tipos de subjetivación y de estilos de vida, necesarios para la producción y reproducción social).

Tenemos así que, desde el invento del primer objeto bélico, la relevancia de la razón técnica ha ido en aumento, hasta tal punto, que puede considerarse una significativa causa de la dinámica social, dado que las distintas técnicas (destrucción, producción, información y comunicación), utilizadas por las clases dominantes a lo largo de la historia, han conformado los cimientos básicos de cada formación histórica.

Mientras que, por otro lado, el discurso de los verdaderos contrapoderes, lo han sido, y aún lo son, discursos de la crítica antitecnológica. En definitiva, la historia de Occidente, puede explicarse como la progresiva hegemonía mítico-ideológica de la razón tecnológica, sobre los supuestos mítico-religiosos previos, no instrumentales.

La tecnología como imperialismo cultural, la Cibercultura como cultura de referencia

Por otro lado, los tecnólogos, de forma independiente a su producción tecnológica, generan un superego cultural (ideología tecnocrática) y con él la agenda axiológica y normativa que constituye el actualísimo marco simbólico de la acción. Así, la informática en tanto aparato de codificación y transmisión de la memoria culta y popular en consignas tecnológicas, ha pasado a convertirse en nuestros días en cultura de referencia, la "Cibercultura". Superyo cultural cuya función social es hacer de referente legitimativo a las clases dominantes a las cuales sirven, a la par que proveen y multiplican las fantasías de omnipotencia, por medio de la propaganda y el consumo, y cuyos dictados son interiorizados masivamente por la subjetividad epocal, ávida de omnipotencia imaginaria para compensar su impotencia real.

Fantasías/fantasmas omnipotentes que se encarnan y simbolizan en las figuras de los nuevos Frankensteins contemporáneos, la caterva ingente de los andróginos ciber: nexus replicantes, robocops y therminators. Por eso no son de extrañar las conclusiones de la novela de D. Coupland, Microsiervos (1996), o los estudios de S. Deneuve y Ch. Reeve (1996) y de G. Paul y P. Noller (1997 : 45), en la que los "jóvenes fans del ordenador" (computerkids) quedan fascinados por la potencia maquínica y la respuesta mágica del ordenador, por la cual éste es antropormorfizado convirtiéndose así en una especie de sustituto del semejante, en un segundo yo subrogado de la natural experiencia de interacción social.

Abuso de la socialización tecnológica, cuyo implícito es privar a los pueblos de sus recursos culturales tradicionales (incluyendo lengua, tradiciones y mitología) para entregarlos a las despiadadas manos del mercado mundial, impuesto por la hegemónica cosmovisión moderno occidental que, al no comprender la inconmensurabilidad de tales culturas, los abandona a situaciones de total indefensión objetiva. Agenda socializadora cibercultural, cuya función social es hacer de referente de ilusiones que luego serán internalizadas por los sujetos (alienación en términos psicodinámicos), y exteriorizadas en su personalidad (identidad) y comportamientos derivados (estilos de vida sobretecnologizados: tecno-tribalismo, ciberpunk, computerkids, etc.).

En definitiva, la faz narcisista y perversa de las nuevas tecnologías ha permitido un poder cada vez más fuerte y centralizado del ‘gran hermano’ (prisión panóptica), que mientras por un lado acentúa los procesos de masificación y homogeneización, por otro lado, aísla, vigila y despoja a la subjetividad de sus atributos más íntimos, llevando a cabo el proceso anticipado por R. Musil en el "hombre sin atributos" (1930), y que culmina en el diagnóstico foucaultiano del doble y simultáneo proceso de individualización y totalización (Foucault. 1990 : 305-6).

"Individualización" como conjunto de prácticas por las cuales los individuos son identificados, controlados y vigilados por marcas, números, signos y códigos. "Totalización" como imposición de los intereses exclusivos del poder-saber, sin reconocimiento alguno de la individualidad, masificando primero en la concentración y hacinamiento en las grandes urbes industriales, más tarde en la movilización total guerrera y ahora en la reconversión profesional permanente, dada la obsolescencia en el corto plazo de las tecnologías productivas.

Simultáneamente, la Cibercultura se convierte en el referente del bienestar permanente, dando paso a lo que J. Baudrillard (1987) ha denominado las "utopías realizadas", donde todo está optimizado respecto al mundo real: Disneyland como utopía social, McDonald como utopía gastronómica, Las Vegas como utopía lúdica y hedonista. Destellos de la "transparencia del mal", en una fase fractal en la que, según Baudrillard (1991), los valores no se corresponden con ningún referente, pues el valor es monótono ritornelo en la dispersión, metástasis, repetición y vuelta a lo mismo.

La constitución cibercultural de la subjetividad light

Mientras que la hegemonía del conductismo (como dispositivo de saber-poder) en las ciencias sociales en general, y en la psicología en particular, obedeció a las necesidades de un momento industrial en el que lo que se trataba era de constituir una identidad, disciplinando al obrero-mecánico en una cadena de producción propia del taylorismo, el constructivismo es ahora el paradigma psicosociológico que responde mejor a las exigencias de constitución de la identidad social productora, primero del fordismo, y actualmente del toyotismo (J. Rifkin. 1996).

Lo hace proponiendo un prototipo de subjetividad cuyo soporte sea la subjetividad anónima, impersonal, vacía y light, disponible para la acción en múltiples códigos funcionales, sin apego a ninguno ; y, por tanto, acrítica para los constantes procesos de discontinuidad temporal, movilidad geográfica y polivalencia funcional exigidos por la producción en clave globalizadora.

Son necesarias también identidades despojadas, vacías según P. Cushman (1990), sin memoria histórica, sin arraigo, sin comunidad, sin identidad propia, para así optimizar su proceso de adaptación al frenético ritmo de producción-consumo que interesa a los nuevos dispositivos de la alta oferta tecnológica: cirugía orgánica y estética, biotecnología, cibernética, etc. Esta novísima extensión de las nuevas tecnologías ha dado lugar a la precarización del sujeto, la adopción de una "identidad adaptativa y acrítica", en exceso vicaria ante las exigencias de la socialización sobretecnológica, que ha implementado y extendido el "desanclaje espacio-temporal" de la subjetividad, ha incrementado su "inseguridad ontológica", socavando las posibilidades de una "autoidentidad" entendida como un permanente proyecto reflexivo e interactivo con su "sector de estilo de vida" (A. Giddens. 1991. 1992).

El correlato de esta subjetividad creada por la auto-fascinación omnipotente se convierte en un delirio tecnomaniaco de rivalidad y competencia, pues, como bien ha mostrado R. Girad con su teoría del "deseo mimético" (1983), la técnica pone en acto la fascinación narcisista por el doble como significante de completud (suprema réplica narcisista del amor propio). Doble mimético destinado a satisfacer los omnipotentes anhelos de completud a costa de prescindir de Eros. Amputación que crea un doble siniestro, del que viene dando cuenta la literatura más lúcida que se abre con la modernidad, pero en contraposición con élla.

Doble mimético posibilitado por la tecnología, que viene a compensar el enorme sentimiento de inferioridad en el que está inmersa la actual personalidad, modelada y socializada por los dispositivos de adaptación, verdadero paradigma del actual prototipo de personalidad contemporánea: la personalidad vacía, proteica, impersonal, la cual queda epitomizada en el concepto de personalidad light. Condición de ser cualquiera, que se distingue precisamente por su vacío, indeterminación y enquistamiento personal, características de la novedosa personalidad de la pequeña burguesía ciberplanetaria, que niega toda identidad de linaje y pertenencia, salvo el de estar en la red.

Así, nos acercamos al diagnóstico de que estamos en la época del "nihilismo consumado", de las mónadas ególatras a la búsqueda rapaz de la maximización del lucro personal inmediato. Época en la que se cumplen cabalmente los más tenebrosos diagnósticos de M. Weber sobre la automaticidad mecánica de una razón instrumental, devenida en megamáquina de la "petrificación mecanizada", regida por la nueva casta de los burócratas expertos. Desmesura omnipotente de la tecnociencia, que conduce al desorden, a la hybris, al rendir culto en exclusiva al tecnólogo, capaz de transformar/crear la naturaleza, es decir, aspirar a ser como dioses. Exceso propio del titanismo tecnológico en el que la avidez del goce fálico es revelado en toda su fuerza , y que precipita la emergencia de la oscura revuelta de lo reprimido dando lugar a la "sociedad del riesgo" (U. Beck. 1986).

El titanismo tecnológico en las propuestas ciberculturales de omnipotencia: cibiontes, cyborgs y ciberpunks

La propuesta de subjetividad tardomoderna, la del precario, anónimo y vacío sujeto light, se compensa por parte de los actuales programas socializadores dominantes con una oferta de dispositivos identificatorios en torno a un "Otro", cómplice y omnipotente: el ciborg doméstico (knowbot) o el sujeto biónico (cibionte), con sus subsiguientes enclaves de estilos de vida: ciberfeminismo, el ciberpunk, el tecnotribalismo, etc. Así cabe entender el proyecto de identidad híbrida (humano-mecánica), que cierto feminismo de la diferencia propone como fórmula para la superación del dualismo genérico-sexual, por medio de la imagen del organismo cibernético, criatura final de un mundo postgenérico: el ciborg.

Nos estamos refiriendo a la propuesta de D. Haraway expresa en su "Manifiesto para Cyborgs" (1985), que postula un modelo de sujeto cibernético, el ciborg que, bajo el barniz de una propuesta emancipadora, se presta muy bien a las necesidades sistémicas de una subjetividad light, que acepte resignada y acríticamente, en aras a la superación de todo tipo de dualismo, las actuales exigencias del mercado de trabajo, mientras asume la total escisión de su subjetividad (humano/mecánica), para delegar en un "Otro" (el omnisciente tecnólogo) sus anhelos de omnipotencia y completud. Como bien se puede apreciar la cultura de masas tecnológica, unida, en este caso, al ciberfeminismo, siguen y sirven claramente a las necesidades psicosociales de la nueva y secular epifanía ecuménica llamada “globalización”.

Otro tanto cabe afirmar de la propuesta de J. De Rosnay del hombre biónico, el "Cibionte" (1995). Sujeto biónico propuesto como humanismo para el tercer milenio. Humanismo tamizado por las novísimas ciencias de la complejidad y por la teoría del caos. De Rosnay interpreta el proceso de evolución como un salto cualitativo en la hominización gracias a las nuevas tecnologías electrónicas, que crean la posibilidad de proporcionar un evidente desarrollo a los sistemas complejos, las retracciones, los equilibrios, el aumento de la diversidad y la autoorganización.

La evolución humano-cibernética, según este autor, está promoviendo el nacimiento de un macroorganismo que nos supera sobre todo en inteligencia (subrogado de la conciencia colectiva), al que denomina "cibionte", un ser híbrido, entre biológico, mecánico y electrónico, que incluye a los hombres, las máquinas, las redes y las sociedades; y donde los sujetos humanos cumplen el cometido de ser sus células, las máquinas su organización y sus redes son los tejidos, los órganos y los sistemas de comunicación y de regulación. En suma, una tecnologizada recidiva del organicismo spenceriano.

Otro tanto cabe decir del "Ciberpunk", término creado por el escritor de ciencia ficción W. Gibson para describir, en su obra "Neuromancer" (1984), un movimiento social cuyos miembros tenían en común el ethos contra–cultural del punk y el rock and roll y la avidez por las citas y encuentros vía Internet. Ciberpunk desde entonces ha salido de los confines de la ciencia ficción y ha entrado en la cibercultura, aplicándose ahora a la nueva pléyade de identidades ciber postconvencionales: hacker, cracker, freaker, que desarrollan un amplio rango de producciones sociales y culturales, desde realización de arte (perfomance art), films y videos, a la concentración en los lugares de encuentro sociocibernéticos, en los que es posible tener experiencias orgiásticas mediante acceso a la realidad virtual e ingesta de cocktails psicoactivos.

Lo interesante aquí es la forma en la cual el ciberpunk ha sido tomado como una fuente útil de teoría social y cultural para comprender los cambios alegados hacia una nueva época. Así, para F. Jameson, el ciberpunk y, el trabajo de W. Gibson en particular, representan: "la expresión literaria suprema si no de la postmodernidad, sí del capitalismo tardío" (Jameson. 1991b : 9).

En definitiva, propuestas de socialización cibercultural que tienen por objetivo potenciar la aspiración hacia la omnipotencia propia de la hipermodernidad, a través de presentar un yo ideal del XXI: el "ciborg", y una socialidad también ideal (y con efectos especiales): la "realidad virtual". Realidad virtual, diseñada y ordenada de conformidad con los dictados de placer y deseo de una personalidad light, vacía y sin anclaje comunitario alguno. Pues la inmersión cibernauta en las interfaces entraña suspensión, olvido, cancelación de la identidad e inmersión en una realidad (virtual/artificial) que posibilita el creerse omnipotente y omnisciente, en base a imaginar, actuar y vivenciar la cibernavegación como delirio de omnipotencia narcisista (ilimitado espacio potencial del yo) y perverso (sin interdicto alguno para su deseo de desafío, transgresión y dominio del semejante), dentro del nuevo espacio infinito: la realidad virtual.

Por eso no debemos extrañarnos que la añoranza de poder y completud que alienta y caracteriza al narcisismo perverso haya encontrado su mejor acomodo en las experiencias virtuales y ciberculturales que posibilitan las nuevas tecnologías electrónicas, cuyo misterio no es otro que realizar imaginariamente las fantasías de omnipotencia narcisistas y perversas, para así poder compensar las personales experiencias de incompletud y carencia, y las políticas e ideológicas de aceptación resignada y acrítica de las exigencias sistémicas.

Con impecable lucidez K. Robins ha descrito este tipo de ritual compensatorio: "La nueva tecnología promete compensar a su usuario de los constreñimientos y derrotas de la realidad y de los límites de su cuerpo físico. Brinda la oportunidad de volver y explorar lo que podría haber sido, si hubiéramos sido capaces de sostener la experiencia infantil de poder y posibilidad infinita... el mundo virtual, sugiere que recibiremos todas las gratificaciones a las que tenemos derecho, pero de las que hemos sido privados; en este mundo, podemos reclamar la ilusión (infantil) del poder creativo mágico". (K. Robins. 1995. p. 138).

A modo de conclusión: cibercultura versus edad del espíritu

Frente a una modernidad aferrada a la autonomía de la técnica, que pretende despojar a las Ciencias Sociales de su función de conciencia reflexiva sobre los acontecimientos culturales, sociales y políticos, se ha buscado en el presente estudio presentar una "psicogénesis" de la técnica enmarcada y respaldada por su "sociogénesis" en la hipermoderna sociedad contemporánea, pretendiendo mostrar que el origen del objeto técnico se encuentra en la naturaleza conflictiva del psiquismo humano (dualidad Eros vs Tánatos, presente en la pulsionalidad narcisista-perversa).

Tesis que evita demonizar al inmenso apostolado tecnócrata, mientras posibilita la renuncia a la ilusa pretensión de construir y vivir en un orden tecnológico ajeno al conflicto ad intra de la personalidad, y ad extra en los términos bélicos de la confrontación atómica, en los términos ecológicos de la contaminación ambiental y en los términos políticos del larvado autoritarismo tecnócrata de nuestras democracias.

En consecuencia, y abandonando la ignorancia o la ingenuidad, pues desde un plano de inmanencia no hay lugar alguno para una crítica del dispositivo tecnológico y sus usos enajenantes, pienso que el pensamiento científico social postmoderno tiene que girar hacia el horizonte ontoteológico, si quiere confrontarse a una sociedad y cultura basadas en el desmedido poder de la técnica y su axiología correspondiente, la del nihilismo activo, cuya máxima expresión se alcanza en las formas de vida propias del tardocapitalismo.

Postmodernidad crítica que, de acuerdo con E. Jünger (1951 : 128) rescate en su costado ontológico, la única potencia que puede oponerse al mundo del poder de las máquinas, la esencia inmóvil y sobretemporal de la naturaleza humana, expresa en los ideales de autenticidad y autorrealización, llevados a cabo mediante el autoconocimiento; cuyos implícitos correspondientes son el de un pathos atemperado por el conocimiento de la héjira del narcisismo perverso, y un ethos libremente asumido como individual toma de responsabilidad civilizadora, ecológica y solidaria.

Mientras que, por otro lado, al aproximarse a la ética/religión, proporcione no sólo legitimidad teórica, sino también unos ritos de pasaje más compasivos (religativos) que, manteniendo la vigencia del símbolo frente al fetichismo de las mercancías, faciliten realizar los sustantivos tránsitos entre vida individual y vida colectiva; entre presencias y ausencias; entre vida, enfermedad y muerte; entre la memoria de la cultura heredada y su ulterior transmisión; a la vez que una interacción "ecosófica" con la naturaleza (R. Panikkar. 1998 : 30), sin instrumentarla o destrozarla.

Si esto no es así, el desarrollo desmedido de la técnica se convertirá en el corolario propio del destino omnipotente de la pulsión de apoderamiento/dominio, el del "goce fálico", omnipresente en la Cibercultura. Goce fálico que opera a nivel inconsciente como instancia pulsional alentadora del objeto técnico; y, a nivel consciente, en la geopolítica de la dominación (cuyo soporte fáctico y disuasorio es el armamento nuclear) y en el discurso publicitario (sosteniendo la zanahoria de la omnipotencia mediante la permanente añagaza del consumo de nuevos objetos tecnológicos).

Goce fálico al que se contrapone, siguiendo a I. Gárate y J.M. Marinas, el discurso ético/religioso, que opera a nivel supraconsciente, inherente a la mirada y el sentir piadoso y, que según estos autores, puede muy bien articular nuestra propia tradición simbólica con el opus nigrum de la experiencia religiosa, estética o psicoanalítica, sin que esto suponga necesariamente la adscripción a ninguna escolástica institucional.

Discurso ético/religioso, que abierto a lo sagrado, debe ser entendido como experiencia simbólica de encuentro con el testigo portador del espíritu y hacedor de la religazón/cohesión comunitaria. Discurso ético/religioso o piadoso/compasivo, que alienta una verdadera "edad del espíritu", incoada desde el siglo XII por Joaquín de Fiore, mentada por K. Mannheim (1936 : 185-6) como la primera forma de mentalidad utópica, y actualmente reverdecida por E. Trías (1995.1997), L. Ferry (1996), C. Moya (1997) y, de forma incoada, por A. Giddens (1992) y R. Panikkar (1998).

Por eso, a modo de conclusión, sugiero, frente al "nihilismo activo" puesto en obra por el tardocapitalismo, vía el imperativo socializador del mundo como tienda global y la tecnología como Cibercultura, una ética del discurso ético/religioso, en sintonía con la "edad del espíritu". Edad del espíritu que posibilite una más proporcionada y civilizada relación con lo natural, con la satisfacción natural de las cosas de la vida, abandonando la omnipotencia del goce perverso, para, por contra, ir asumiendo la incompletud, la falibilidad, mediante las actuales fórmulas para la cifrar el veterano disegno interno de la ataraxia, sean sus formulaciones, bien la "ética de la escasez" (J.L. Aranguren), la "restricción inteligente" (C. Offe), la "onto-teología débil" (G. Vattimo), la "renovación de la espiritualidad" (A. Giddens), para así poder llegar a comprender que la vida es frágil y terrible, pero también hermosa y prodigiosa. Edad y aventura del espíritu, justificación última de estar en la tierra, posibilidad aún pendiente de recuperar nuestra inocencia original.



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Revista Observaciones Filosóficas - Nº 3 / 2006


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