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Revista Observaciones Filosóficas


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Hacia una Estética de la Cibercultura

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art of articleart of articleCibercultura y  Psicosociogénesis de la Técnica

Dr. Carlos Soldevilla - Universidad Complutense de Madrid
Resumen
El objetivo de este trabajo es presentar una hipótesis sobre la psicosociogenésis de la técnica, que posibilitará posteriormente establecer una crítica a su expansión simbólica como Cibercultura. Se parte de una perspectiva psicoanalítica para argumentar la psicogénesis del primer artefacto tecnológico (protoobjeto técnico), comprensiva de los motivos psicodinámicos a que obedeció su constitución. Después, siguiendo el dispositivo ternario de la teoría foucaultiana, se analizan las funciones que cumple la técnica como saber en sus relaciones con el poder y sus necesidades biopolíticas (conformación de subjetividades y estilos de vida ciberculturales más significativos: ciborgs, cibiontes y ciberpunks). Finalmente, se plantea una disyuntiva, abierta y comprensiva, de los fundamentales posicionamientos ontológicos y epistemológicos que se dan en actualidad.

Palabras clave
Tecnología , psicogénesis, cibercultura, razón técnica, Freud, narcisismo, fetichismo, poder político, Foucault, Heidegger.

 
Extraño todo: el designio, la fábrica y el modo. [Luis de Góngora]

Nadie sabe todavía quién habitará en el futuro esta envoltura vacía, nadie sabe si al cabo de este prodigioso desarrollo surgirán nuevos profetas o renacerán con fuerza antiguos ideales y creencias, o si, más bien, no se perpetuará la petrificación mecanizada, orlada de una especie de agarrotada petulancia. En este caso los "últimos hombres" de esta cultura harán verdad aquella frase: "especialistas sin espíritu, hedonistas sin corazón, estas nulidades se imaginan haber alcanzado un estadio de la humanidad superior a todos los anteriores. [Max Weber]

Con el cambio de milenio en el horizonte, mientras las certezas que mantienen (con dificultad creciente) la legitimidad discursiva de la modernidad son puestas en cuestión una tras otra, parece oportuno revisar sin prejuicios y con nuevo rigor, un capítulo sustancial de nuestra época que básicamente permanece incuestionado. Me estoy refiriendo al metarrelato de la sobretecnologizada tardomodernidad, el discurso de las nuevas tecnologías informáticas, electrónicas y digitales que, una vez peraltado al máximo rango de la superestructura cultural, aparece bajo el rótulo de "Cibercultura". Aunque la cibercultura ha sido en gran medida analizada desde la perspectiva de los estudios culturales (Benedikt. 1991; Featherstone y Burrows. 1995), sus temáticas y funciones pueden ser también tratadas críticamente dentro del ámbito de la psicología social (Burman, Gordo-López, Macauley, Parker.1995; Gordo-López y Parker. 1999).

El propósito de este estudio es presentar una hipótesis (quizá demasiado espectacular) sobre la psicosociogénesis de la técnica y su expansión simbólica como cibercultura. Parto de una hermenéutica psicoanalítica para dar razón de la psicogénesis del primer artefacto técnico (proto-objeto); también me apoyo en los intentos genealógicos y deconstructivos para resistir y desafiar las tendencias positivistas en la ciencia social moderna (Alvarez-Uría. 1988. 1991; Ibáñez Gracia.1995; Crespo. 1995; Varela y Alvarez-Uría. 1997).

Por último y, frente a las corrientes hipermodernas de las ciencias sociales (realismo más o menos crítico, constructivismo, conexionismo), que proponen el modelamiento de la subjetividad a través de la hipertrofia del discurso del método y la subsunción de aquélla a mero dato, la sección final explora las posibilidades de una ciencia social no nihilista, que enfatice los posicionamientos ontoteológicos que concurren en mis lecturas de aquellos autores que no olvidan incorporar las cuestiones sustantivas en su quehacer científico social (Giddens. 1992; Gárate y Marinas. 1996; Ferry. 1996; Moya. 1992.1993.1997; Trías. 1995. 1997; Panikkar. 1998).

ASUNCIONES PRELIMINARES PARA EL ESTUDIO PSICOGENÉTICO DE LA TÉCNICA

Basándome en los estudios de Freud sobre la génesis del yo, comenzaré por mostrar la psicogénesis del primer objeto técnico, para ulteriormente señalar las conexiones entre dicha psicogénesis con las diferentes tecnologías ciberculturales de saber-poder. Pero, antes de comenzar deseo hacer dos observaciones. Primero, que las reflexiones ofrecidas aquí, contrariamente a los talantes categórico y asertivo propios de la argumentación mainstream, son postuladas al estilo rortyano, es decir, desde un punto de vista irónico y distante. Otra salvedad es que, aunque la teoría psicoanalítica nutre mi análisis de la psicogénesis de la técnica, no pretendo explicar los desarrollos tecnológicos postulando su origen exclusivo en una pulsión como causa suficiente y final.

Entrando en harinas, la definición de G. Basalla de artefacto técnico como: "unidad fundamental para el estudio de la tecnología" (1988 : 16), nos ayuda a relacionar y utilizar una comprensión psicoanalítica de la técnica, si entendemos a ésta en su constitución psicogenética, a través de la hipótesis de q el protoobjeto (o protoartefacto técnico), emerge a instancia de la irreprimible demandan de deseo de omnipotencia humano y, por tanto, responde a un destino pulsional propio del narcisismo perverso (Freud, 1915b, 1927; N. Brown, 1959).

Por lo tanto, esta interpretación de la psicogénesis de la técnica va a pivotar sobre la teoría freudiana, en la que, en mi opinión, se encuentra incoada una interpretación etiopsicológica de la tecnología (entendida como constitución psicodinámica del objeto-técnico), derivada de la teorización de Freud del conflicto psíquico en su segunda teoría pulsional (1919-20), cuando éste sitúa la tensión central del psiquismo entre pulsiones sexuales contradictorias: Eros v/s Tánatos, estableciendo la subordinación de la primera a la segunda.

Por extensión, de acuerdo con el lúcido y también pesimista diagnóstico de N. Brown (1959), la resolución de este conflicto pulsional, sobre todo a lo largo de la modernidad, configura una dinámica histórica en la que se patentiza el predominio de Tánatos sobre Eros, ora en la esfera macro de los ominosos espacios del horror (Auschwitz, Hiroshima); bien en la esfera micro, donde se desarrolla la acción intrapsíquica, caracterizando una resolución narcisista perversa del avatar preedípico y edípico.

Sin pretender situarse a la altura de las ambiciones y logros del opus freudiano, este estudio, siguiendo el itinerario abierto por Freud, tiene tan sólo la modesta pretensión de continuar la tarea metapsicológica, intentando dar razón etiopsicológica de la emergencia del protoobjeto técnico. Para ello, propongo asistir a la infancia del acontecimiento técnico (constitución del protoobjeto técnico), inseparable, en nuestro caso, de los acontecimientos de la infancia (determinada elección de objeto pulsional).

Psicogénesis: la omnipotencia narcisista en la génesis del protoobjeto técnico

Freud desveló las fuerzas psíquicas elementales, los implacables resortes del deseo, ese acicate robusto y turbulento que anima desde siempre la acción, trastornando sus presuntas legitimaciones, bien como argumento/elección racional o como conciencia moral. Y al hacerlo identifica, desde su primera teoría de la libido, dos tipos de pulsiones que dominan nuestras actividades, las pulsiones del yo (dirigidas hacia sí mismo y destinadas a satisfacer las necesidades de autoconservación: hambre, sueño, etc.) y las pulsiones sexuales (dirigidas hacia el semejante y destinadas al disfrute placentero y a la reproducción de la especie).

Sin embargo, y tras varias experiencias clínicas, Freud va observando q el conflicto psíquico se desarrolla tanto entre autoconservación (Ananké) y sexualidad (Eros), sino entre deseos sexuales inconscientes y contradictorios. Así, tras la exploración sobre el narcisismo (1914a), los estudios sobre la sexualidad perversa (1915b) y sus consideraciones sobre guerra y muerte (1915a), conducen a Freud a una segunda configuración de su teoría libidinal, que culmina en su obras Más allá del principio del placer (1919-1920) y El yo y el Ello (1923, donde a primera dualidad pulsional (auconservación vs sexualidad) queda subsumida en la existente entre pulsión de vida (Eros, destinada a satisfacer la vida) y pulsión de muerte (Tánatos, destinada a satisfacer el plus de deseo, propio de la omnipotencia narcisista, descubierta anteriormente (1910-1911, 1914a).

Omnipotente cupiditas narcisista que al quedar siempre insaciable e insatisfecha, tiende fácilmente a recorrer un doble camino. Por un lado, hacia la regresión (deriva masoquista a la repetición, cuyo objeto fin es el logro del grado cero tensional o Nirvana); mientras q, por otro, tenderá a desarrollar sus tendencias agresivo destructivas (deriva sádica hacia la cosificación, la agresión y la dominación del semejante, cuyo objeto final será aquel q mejor haga de diana a sus necesidades sado-maso, a la cual denominará Tánatos).

Itinerarios narcisistas de la omnipotencia

Pero abordar el tema del narcisismo entraña abordar una de las discrepancias teóricas más importante entre las diferentes escuelas psicoanalíticas, expresa en la polémica en torno a la génesis del yo. Sin entrar en ella, para centrarme en Freud, cabe decir que lo que le lleva a introducir en su teoría el concepto de narcisismo es la necesidad de un supuesto originario que operase como conjetura conceptual para comprender los complejos comienzos de la vida psíquica, en la que el yo, de forma incipiente y precaria (arqueo-yo), comienza a ser el vector estructurante de la personalidad.

Freud comienza sus estudios sobre el narcisismo inicialmente en las observaciones clínicas del autoerotismo, la perversión y la megalomanía. Así, en Tres ensayos para una teoría sexual (1905-1915), arguye que el instinto sexual en la niñez no está unificado. Inicialmente carece de objeto, y esta carencia lo define como autoerótico. En su estudio sobre El caso Schreber (1910-1) el narcisismo aparece como una etapa libidinal indispensable en la que el individuo toma a su propio cuerpo como objeto amoroso, antes de pasar a la elección de objeto.

En un segundo momento, en su obra Tótem y tabú (1912-3), Freud descubre y describe el "narcisismo originario" del niño, y establece la equivalencia analógica entre el omnipotente narcisismo infantil (ontogénesis libidinal), y el pensamiento omnipotente que se observa en los pueblos primitivos (filogénesis libidinal) (Freud. 1912-3 : 1801). Posteriormente, Freud introduce los rasgos individuales más leves de las actitudes narcisistas extremas, observables también en la clínica (Freud. 1919-1920).

Para Freud, en todos estos casos, el arqueo-yo, en la medida que se instaura como defensa contra la angustia depresiva ante la insatisfactoria realidad, tiende a prescindir del semejante como objeto erótico-afectivo, en favor del narcisismo primario, el cual tiene una triple trayectoria:

a.- la orientada hacia un "narcisismo progresivo", que va desplazándose paulatinamente desde el autoerotismo a la libido objetal;

b.- la deriva hacia un "narcisismo regresivo", cuyo horizonte pulsional tiende hacia el logro del grado cero tensional en el cual hay insistencia y repetición hacia el retorno a lo inanimado (Freud. 1919-20. p. 2528);

c.- la tendencia hacia un "narcisismo perverso fetichista" que, movido por la instintualidad agresivo destructiva, apresa al arque-yo en la ávida búsqueda de total colmamiento omnipotente. Incoando así su estrategia de negación de la castración, y su traducción en el investimiento fálico del fetiche que cumple la función de apoyo, en la realidad, al delirio de omnipotencia (Freud. 1905-1915. 1915b. 1927).

Esta última deriva narcisista, a su vez, recorre una secuencia que adelantamos, a efectos de conseguir una mayor inteligibilidad expositiva: musculación y pulsión de apoderamiento, objeto transicional y posterior constitución del objeto técnico (artefacto para la agresión y dominio).

La actividad muscular como pulsión de apoderamiento, primer momento del narcisismo perverso

Ya Freud, en "Los instintos y sus destinos" (1915b), nos pone en la pista de las relaciones entre narcisismo, sadismo y acción subsiguiente que despliega la función orgánica de la musculación. Una vez que cristaliza satisfactoriamente esta experiencia de musculación, se consolida la primera experiencia autoerótica de la pulsión de apoderamiento. La pulsión de dominio o apoderamiento (bemächtigungstrieb), es definida por J. Laplanche y J.B. Pontalis como una pulsión no sexual cuyo objetivo es el dominio (1987 : 328). Según estos autores, Freud no dejó de considerar a lo largo de toda su obra esta idea de un dominio del propio cuerpo, de una tendencia primaria a la dominación de sí mismo, invocando como base de la misma la pulsión de apoderamiento, los esfuerzos que hace el niño por hacerse dueño (herr werden) de sus propios miembros.

En consecuencia, mi línea de trabajo pretende mostrar cómo el narcisismo perverso, tras la primera experiencia de actividad muscular, pone en acto una pulsión de apoderamiento que necesita adueñarse de un objeto (el primero será el propio cuerpo entendido como cuaje muscular), destinada a probar la propia soberanía, entendida como alucinatorio revival de la experiencia de satisfacción primordial que, según Freud (1914b. 1925-6), deja una huella mnémica imborrable que, al ser conseguida sin intercambio simbólico alguno, es en su esencia autoerótica.

De este modo, la actividad muscular se convierte en el primer e interno objeto técnico, que posibilita una cierta experiencia de completud omnipotente, dando paso al segundo momento del narcisismo perverso, el del paso del "objeto interno" (musculación) al externo: toma del "objeto transicional".

El "objeto transicional", segundo momento del narcisismo perverso

Ha sido D. W. Winnicott quien ha definido el concepto de "objeto transicional" como: "la transición del bebé, de un estado en que se encuentra fusionado a la madre a uno de relación con ella como algo exterior y separado" (1971 : 17). El objeto es llamado "transicional" porque es un objeto externo al cual el niño le ha atribuido aspectos y cualidades del objeto primordial, la madre, pero que inicia el primer peldaño en la construcción interna de la personalidad.

Por tanto, el objeto transicional es el sustituto que constituirá las bases para las actividades simbólicas más complejas (como la creatividad técnica, lúdica y artística), permitiendo al infante la consecución de "la capacidad de estar solo" a través de la instauración e internalización de las relaciones de objeto y las competencias simbólicas. El objeto y los fenómenos "transicionales", por el lado positivo, dan soporte al yo y le permiten tolerar la soledad sin mayor angustia y desarrollar sus epifanias exploratorias de autonomía y creatividad. Mientras que, por el negativo, abren el camino hacia las relaciones fetichistas (Winnicott. 1971 : 64)

Por eso, Winnicott considera que el arte, la ciencia y la técnica (en origen objetos y fenómenos transicionales) son resultados de la competencia primaria de jugar, explorar y crear, y están en estrecha relación con la capacidad de sublimación y simbolización. Basándome, en la teorización winnicottiana sobre los objetos transicionales, propongo que la función esencial de las pulsiones en general, y en nuestro caso la pulsión de apoderamiento, es asegurar una "función objetalizante", término postulado por A. Green (1983. 1986). Para el investimiento propio del narcisismo perverso esta objetalización será la fetichista.

La constitución del "protoobjeto técnico", tercer momento del narcisismo perverso

Desde el primer desciframiento del proceso perverso expreso en "Tres ensayos para una teoría sexual" (1905-1915), que se revela muy pronto insuficiente, Freud se ve necesitado de definir conceptualmente las nociones metapsicológicas claves presentes en la perversión, agresiva y fetichista y que son: la negación de la realidad (Verleugnung), la negación de la castración (Verneinung) y la escisión del yo, para dar cuenta cabal de su papel sustantivo en el proceso perverso.

Estas nociones de la perversión, esencialmente emergentes a partir del análisis del fetichismo, son tanto más decisivas cuanto que conectan, según J. Dor (1987 : 78 y ss.), muy de cerca con las patologías del yo (trastornos narcisistas de personalidad, personalidad fronteriza y psicosis). Esto es, permiten señalar la estrecha vinculación estructural presente en el eje que venimos manteniendo desde el inicio de esta investigación: narcisismo y perversión sado-fetichista.

El último paso, pues, dado por la pulsión de apoderamiento, tras las experiencias de musculación y toma de objeto transicional, será la de escoger otro objeto fetiche que posibilite una vivencia de completud más evolucionada. Este es el momento en que la pulsión de dominio queda fijada a un fetiche (fálico) cuyo culmen será el objeto técnico, que como artefacto fálico posibilitará una experiencia de completud colmadora, a través del potencial de dominio y agresión sobre el semejante.

Posicionamiento narcisista perverso del prototecnólogo, que siempre diseña su objeto de poder (fetiche fálico) con la pretensión de lograr dos propósitos muy en línea con el narcisismo perverso: diseñar un objeto de poder frente a un semejante que se percibe alucinatoriamente como enemigo; mientras que simultáneamente constituye un vínculo de especial complicidad con el futuro usuario y admirador de sus creaciones, que incrementan la potencia y el dominio.

Por esa razón el narcisismo perverso no se contenta con la invención de una determinada técnica militar, ni con su posterior rentabilización política y económica, sino que tiene que innovarla y publicitarla permanentemente, para así estimular la avidez de nuevos objetos de completud, mientras hace girar las miradas y los deseos de todos en torno a sus conquistas, primero bélicas y más tarde generalizadas para el consumo civil (productivas, informativas y comunicativas). Esto es, necesita no sólo divulgar sus inventos, sino que además es fundamental que los exhiba en clave de espectáculo. No creo decir algo novedoso, pues desde la revolución neolítica, que marca el inicio del uso instrumental de la tecnología para la agresión y el control, hasta hoy día el ser humano se ha caracterizado por ser el gran depredador de su entorno físico y humano.

Lejos de la ingenua interpretación de que la innovación tecnológica es en si misma positiva y que sus efectos sólo dependen del uso que se haga de élla, quizá ahora procede replantear las siguientes cuestiones. ¿Cuál es la función básica del objeto técnico, mejorar el confort y la habitabilidad de la condición humana, o esta interpretación simple y funcional oculta otra, cuyo trasfondo es psicológico, motivacional e inconsciente?. ¿Qué es el objeto-técnico, en su origen, sino un fetiche de poder?. Siguiendo la estela de la teorización freudiana, la hipótesis genética que aquí se plantea para entender y dar respuesta a estos interrogantes, es que existe un supuesto onto-psicológico, denominado pulsión narcisista perversa, que es la base motivacional para el desarrollo del (proto)objeto-técnico, entendido como sublimado instrumento para el control, la lucha y la depredación.

Depredación, en principio imperiosa, en orden a mantener la pirámide de la cadena alimentaria y el ecosistema, contribuyendo a garantizar el equilibrio biofísico indispensable. Hasta aquí, nada que objetar. Ahora bien, el ser humano que irrumpe en la cadena evolutiva es un ser prematuro biológica y psíquicamente, a la par que físicamente indefenso durante el extenso periodo de tiempo de su infancia y parte de su adolescencia. Carece de la fuerza de otros mamíferos, no corre, ni salta, ni posee dotes para el camuflaje, pero sin embargo tiene capacidad para pensar, para distanciarse y, por tanto, para crear instrumentos de agresión y poder atacar a distancia.

Esta capacidad de mediación violenta, destinada en un principio a la lucha por la supervivencia, es quizá el inicial factor que incentivó la constitución del protoobjeto técnico. Capacidad de mediación agresiva que, según J. Bergeret (1984.1995), se nutre de una motivación que este autor denomina "violencia fundamental", génesis, marco y evolución de la violencia innata, común a todos los seres humanos y germen motivacional de lo que va a ser más tarde, una vez sublimada, el objeto técnico.

Tal ensamblaje entre violencia y tecnología depredativa, lleva a C. París a afirmar que: "La relación entre tecnología y violencia sigue marcando el cauce de un inhumano desarrollo. En el cual, desde la búsqueda del incremento destructivo en una primera etapa, se transita hacia la conquista de la precisión como meta. Pero sería erróneo, hipervalorar la importancia de l