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Revista Observaciones Filosóficas


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art of articleart of articleFrancisco Varela: Neurofenomenología, enfoque enactivo de la cognición, mentes sin yo y el elusivo fenómeno de la conciencia

Dr. Adolfo Vásquez Rocca - P. Universidad Católica de Valparaíso - Universidad Complutense de Madrid

Resumen
El presente artículo se propone dar cuenta del elusivo fenómeno de la conciencia desde la original perspectiva de la neurofenomenología de Francisco Varela, quien a partir de nociones tales como neuroplasticidad, enacción y emergencia, explica, cómo ocurren los procesos cerebrales que fundan la conciencia y la “unidad” de la vivencia. Describiendo como la conciencia aparece en el vivir encarnado: en la regulación con el cuerpo entero; en sus relaciones sensorio-motoras con el mundo y en una red ínter-subjetiva de acciones y de lenguaje.

Francisco Varela: neurophenomenology, enactive approach to cognition, minds without me and the elusive phenomenon of consciousness.

Abstract
This article aims to account for the elusive phenomenon of consciousness from the original perspective neurophenomenology Francisco Varela, who from concepts such as neuroplasticity, emergency enaction and explains how the brain processes occur that founded consciousness and "unity" of the experience. Describing as consciousness on the living flesh: in regulation with the whole body; in their sensorimotor relationships with the world and a network of inter-subjective actions and language.


Palabras clave:
Neurociencias, ciencias cognitivas, ética, yo, cuerpo, neuroplasticidad, enacción, acciones corporeizadas, biología cultural, saber-cómo.


Keywords:
Neuroscience, cognitive science, ethics, self, body, neuroplasticity, enaction, actions embodied experiences, cultural biology, know-how.



Francisco Varela: Neurofenomenología, enfoque enactivo de la cognición, mentes sin yo y el elusivo fenómeno de la conciencia.1
1.- Neuroplasticidad, constructivismo y el elusivo fenómeno de la conciencia.2

El presente artículo se propone dar cuenta del elusivo fenómeno de la conciencia desde la original perspectiva de la neurofenomenología de Francisco Varela, quien a partir de nociones tales como neuroplasticidad, enacción y emergencia, explica como ocurren los procesos cerebrales que fundan la conciencia y la “unidad” de la vivencia. Describiendo como la conciencia aparece en el vivir encarnado: en la regulación con el cuerpo entero; en sus relaciones sensorio-motoras con el mundo y en una red ínter-subjetiva de acciones y de lenguaje.

Varela propicia y establece novedosos diálogos entre la neurolingüística, los fenómenos recursivos, las lógicas paraconsistentes y las teorías del caos con las tradiciones milenarias de Oriente, tales como el Budismo, que explora la mente a través de sus técnicas de meditación e introspección; prácticas que experimentan hoy una gran difusión en Occidente, particularmente a través del del Budismo y el Zen que conducen el alma a nuevos estados mentales de iluminación, perplejidad y creatividad.

Uno de los más importantes avances en ciencia en los últimos años es la convicción de que no podemos tener nada que se asemeje a una mente o a una capacidad mental sin que esté totalmente encarnada o inscrita corporalmente, envuelta en el mundo. Surge como una evidencia inmediata, inextricablemente ligada a un cuerpo que es activo, que se mueve y que interactúa con el mundo. Para explicar el fenómeno de la cognición Varela acuñará la palabra “enacción” para conceptualizar dos ideas relacionadas. Primero, describir la característica autónoma de un organismo, esto es, la capacidad intrínseca de generar y mantener su propia identidad somática y, por tanto, definir sus propios dominios cognitivos. Y, segundo, especificar que dichas estructuras cognitivas emergen del acoplamiento recurrente entre el cuerpo, el sistema nervioso y el ambiente del organismo. En este sentido, la aproximación enactiva se enmarca más naturalmente dentro de las aproximaciones dinámicas de la cognición, las cuales no asumen a priori una relación predeterminada y única entre los componentes de entrada del sistema y los que componen su dinámica interna. Esto diferencia radicalmente a la enacción de otras aproximaciones al estudio de la conciencia tales como la computacionalista o la conexionista. En síntesis, la aproximación enactiva enfatiza que el organismo define su propio “punto de vista” del mundo en la dinámica encarnada de su operación, y no a través de reglas estáticas que definan tales operaciones (conexionismo), ni a la capacidad de extraer y procesar información simbólica abstracta del ambiente.

Es así como Varela se inserta en una particular tradición (irracionalista – vitalista) según la cual la razón no es el núcleo último o la más profunda esencia humana, sino más bien, un accidente del querer (emoción) que demanda para sí aquel punto, de donde se sigue que emoción es ya intrínsecamente cognitiva. Una vez modificada la perspectiva, y se deje de considerar que la razón es el principio central de la mente, entonces se podrá apreciar la emergencia de la mente a medida que ocurre. Como señala Sloterdijk respecto del fenómeno de la conciencia y el conocimiento, así como de la capacidad funcional y operativa de la mente humana:

Los cerebros son medios de lo que otros cerebros hacen y han hecho. Un cerebro es en actividad con otras inteligencias, de modo que no es sujeto, sino medio y círculo de resonancias. A diferencia de la inteligencia alfabética, capaz de distancia, la inteligencia prealfabética está remitida a un denso clima de participación; inmersa en comunicaciones de proximidad, necesita para su despliegue la experiencia de una mutualidad y comunión actual de cerebros y nervios”.3

2.- La inmediatez del mundo: Acciones corporeizadas, micro-mundos y microidentidades.

Remitiéndose a las ciencias cognitivas Varela da cuenta de una cierta inmediatez que tenemos con el mundo, y cómo desarrollamos una serie de habilidades para relacionarnos con él. No es posible separar los procesos sensoriales y motores, la percepción y la acción, de la cognición –enfoque enactivo de la cognición-. La percepción no es una simple recuperación de un mundo predefinido, sino que es la acción guiada perceptualmente en un mundo que es inseparable de nuestras capacidades sensomotoras, así la cognición “no está constituida por representaciones, sino por acciones corporeizadas” –micromundos y microidentidades-. La confrontación inmediata con el mundo se convierte en el trabajo más complicado, pues es el aspecto que ha tardado mucho más tiempo en desarrollarse. No se trata de negar la importancia de la deliberación y el análisis, sino de relevar la importancia de esos dos modos cognitivos, y tener en cuenta que la mayor parte de nuestra vida activa pertenece a la confrontación inmediata que es estable, transparente y basada en nuestra historia personal.

3.- Ética, acción y sabiduría: Del saber-qué al saber-cómo o la naturaleza del saber–hacer ético.

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Para clarificar la cuestión: "¿Cuál es el mejor modo de comprender el saber–hacer ético?", Varela parte de una determinada concepción de ética como objeto de reflexión, la de que "la ética está más próxima a la sabiduría que a la razón". Argumenta que "es en la percepción inmediata donde está la clave para una comprensión más amplia del comportamiento ético y no en la percepción mediada, aquella derivada de la reflexión o de los varios razonamientos lógicos", y concluye que la mayor parte del saber–hacer ético emerge del confrontación directa con la realidad, por lo tanto, a lo largo de la reflexión que produce mediación. Si esa no es la opinión de la mayoría de las personas, se debe al carácter abstracto dominante en el conocimiento occidental que condicionaría la comprensión de ellas.

Con dicho referente, Varela nos introduce en la problemática ética, “¿Cómo se puede aplicar al estudio de la ética y a la noción de habilidad ética la distinción entre comportamientos espontáneos y enjuiciamientos abstractos, entre las filosofías morales del hacer y las del ser?”. Varela encuentra que en el pensamiento oriental no hay un olvido de la confrontación ética inmediata como eje central, es posible entender que adquirimos un comportamiento ético de la misma manera que cualquier otro tipo de comportamiento.

El comportamiento ético es examinado -comúnmente- desde un punto de vista pragmático. Se considera que existen unas capacidades basales, las que fomentadas sin obstáculos generan las cualidades que se persiguen. El comportamiento ético no surge de hábitos, o la obediencia a reglas establecidas, los hombres sabios (individuos expertos en bien hacer) actúan a partir de inclinaciones extendidas, lo que trasciende las limitaciones del repertorio de respuestas cotidianas.

Existen múltiples tendencias en la ética contemporánea. Varela postula que la ética es una habilidad, y con esto quiere decir que se trata de una conducta espontánea, no regida por reglas: una persona sabe cuál es la acción adecuada en circunstancias determinadas y actúa en consonancia.

Según la teoría de la enacción, el conocimiento es conocimiento de lo concreto, de la manera en que funciona el sentido común, que es el trasfondo cognitivo de donde emergen nuestras acciones en la resolución de problemas cotidianos. El conocimiento es acción, más precisamente, es la emergencia de acciones adecua-das en contextos concretos y específicos.

Debemos buscar los fundamentos de la ética no en las concepciones morales reduccionistas, voluntaristas, ni en una racionalidad de fuente iluminista. No se trata solo de argumentar teóricamente sino de resituar a la ética como práctica, como práctica del bien.

Varela desarrolló estas vinculaciones en varios lugares pero especialmente en el texto que recoge una serie de conferencias dictadas en la universidad de Bolonia en 1991 bajo el título Ética y acción.4

El planteo inicial de esta obra es que la ética se aproxima más a la sabiduría que a la razón. Sabiduría es comprendida aquí en el sentido en que la utilizan las tradiciones de Sabiduría oriental (Hinduismo, Taoísmo, Confucianismo y Budismo) y no como se le entiende habitualmente.

Si bien existen múltiples diferencias entre estas Tradiciones, una de sus convergencias es la que el autor aprovecha y que puede ser presentada de la siguiente manera: la consideración de la ética como práctica y no solo como asunto de clarificación conceptual sobre las prácticas De este modo, la ética se aproxima más al conocimiento de lo que es ser bueno que a un juicio concreto en una situación dada.

En occidente, el foco de atención de la ética contemporánea se ha desplazado desde los temas metaéticos a un debate mucho más concreto entre los que exigen una moral crítica independiente (Habermas y Rawls entre otros) y los que quieren fundar la ética en compromisos activos desde una percepción que identifica lo bueno.

Al contrario de lo que sucede en el mundo anglosajón, en las Tradiciones de sabiduría, la persona sabia (o virtuosa) es aquella que sabe lo que es bueno y que espontáneamente lo realiza. La moral es vivida y no solo pensada, es decir, suscita reflexiones sobre cómo actuar.

Todos tenemos respuestas inmediatas ante acontecimientos que nos atañen y nos conmueven (Reacciones ante un accidente en la calle, ante el malhumor de la secretaria en la oficina, en la cola del supermercado o en una charla). Son respuestas incorporadas del comportamiento y no resultado de reflexiones o procesos mediatos

De acuerdo con la fundamentación biológica del núcleo de la solidaridad, el carácter emocional de las disposiciones dinámicas corporales de los primitivos, especifican el dominio de acciones en el que los organismos se mueven en el plano de la solidaridad primaria. Las emociones se confunden en este plano tanto con las acciones como con las categorizaciones. Es la emoción la que define cuándo un gesto dado es una agresión o una caricia. De ahí la importancia subrayada de las aportaciones de acuerdo a Maturana y Varela, para quien los organismos humanos se hallan siempre en una dinámica emocional, en un fluir de un dominio de acciones a otro en la historia de sus interacciones recurrentes.

Teniendo estos datos presentes, digamos que existe actualmente un doble camino para la investigación ética y el que se dedique a hacerlo, deberá decidirse por una u otra de las siguientes posturas:

a) Una postura comienza investigando el contenido intencional y se centra en la racionalidad de los juicios morales. Es la tendencia ética mayoritaria.

b) Otra postura –en la que se incluye Varela– investiga la inmediatez de las reacciones. Esa inmediatez supone también, concomitantemente, el saber qué es bueno. No un saber que procura la reflexión sobre la bondad de los actos sino un saber que descansa en la sabiduría. Es esta posición la que formula la siguiente pregunta a la especulación ética:

¿Porqué centrar el problema en la vinculación “comportamiento ético-juicio”?

No es el caso, señalan desde la postura b) porque lo que existe como respuesta, en la generalidad de las situaciones, es una respuesta inmediata (o acción inmediata).

Solo decimos que hicimos lo que hicimos porque la situación nos movió a hacerlo.

No obstante, en la postura a) a las acciones las contrastamos con la situación (que llamamos “más humana”, “más racional”) en que se tiene la experiencia de un “yo” agente deliberante que procesa una acción nacida de la voluntad. Solo así (se dice) sentimos que los actos son “nuestros”..

Ese “yo” agente, de origen moderno5 (Descartes) es criticado actualmente como centro de decisión, dado que se cuestiona su existencia como sustancia independiente y separada y como sujeto que establece un lugar privilegiado de observación y constitución del mundo, ubicado en un plano trascendental.

Esa diferencia en el posicionamiento ético, que procura comprender en profundidad los comportamientos humanos, se puede expresar con equivalencia de éste modo:

Saber-qué (know what) intencional, basado en el juicio racional.

Saber-cómo (know how) de acción espontánea.

El saber-qué corresponde a la importante tradición de la ética de corte racionalista que ha marcado buena parte de la modernidad en filosofía. Es más, subrayando su impronta, las tendencias y corrientes contractualistas actuales la suscriben y hasta la subrayan, procurando encontrar sólidos argumentos en el juicio moral, para lo que es fundamental el discurso racional basado en cadenas de argumentaciones.

El saber-cómo, en cambio, refiere al movernos en el mundo y al comprender, que no es distinto de nuestra actividad sensorio-motriz. Asimismo tiene en cuenta el mundo, que se integra a una con el sujeto de la acción: El mundo no es algo que nos haya sido entregado; es algo que emerge a partir de cómo nos movemos, tocamos, respiramos y comemos. Está plenamente comprometido con lo que somos. Emerge en un círculo autopoiético con nosotros. De manera que no sucede que el yo y el mundo se encuentren separados. Emergen en una dependencia mutua, en una co-dependencia.

4.- Saber–hacer o saber–hacer ético espontáneo. Lecciones italianas.

En el desarrollo de su argumentación, Varela critica la idea de que son imprescindibles conceptos y categorías para la aprehensión de lo real, está en contra de la noción de conocimiento como representación, aunque aproximada, de la realidad, de la propia noción de la realidad dada al exterior del sujeto, y del sujeto como una entidad cognitiva dotada de intencionalidad, cuya misión es representar la realidad para sí. En los términos de esa reflexión, la filosofía occidental es casi totalmente replicada. En consecuencia, no sería exagerado decir que esa misma filosofía es desafiada a reconstruirse, empezando por debruzarse, una vez más, sobre aquella que tal vez sea la cuestión nunca resuelta y de cuya respuesta dependen todas las demás: ¿Qué es la realidad?

Más que soluciones, ¿qué caminos apunta Varela para la avalancha de cuestiones que su reflexión presenta para la filosofía? El autor recorre caminos originales. En el recorrido quedan configurados un nuevo paradigma de conocimiento y su respuesta a la segunda cuestión que aparece en el inicio de las "Lecciones Italianas": “¿Cómo ese saber–hacer (o saber–hacer ético espontáneo, no mediado) se desarrolla y progresa en los seres humanos?".

Varela planteaba que además de los métodos tradicionales para estudiar la experiencia de manera externa, en tercera persona (como las máquinas cerebrales MEG o los electroencefalogramas), era necesario incorporar el punto de vista en primera persona para dar verdadera cuenta de la experiencia vivida. En ese esfuerzo, tradiciones milenarias como el budismo podían aportar su know how [saber hacer] en el estudio de la mente, a través de técnicas de meditación e introspección que se han desarrollado durante siglos, además de un amplia batería de conceptos para describir un sin fin de emociones y estados mentales.

5.- Mundo y sujeto: percepción/comprensión/intervención.

En acción: otra lógica de la cognición: Tomando para sí el desafío que colocó para la filosofía en general, Varela empieza por delinear una nueva concepción del mundo o de la realidad. "El mundo no es algo que nos es dado, sino alguna cosa en la que tenemos parte gracias al modo como nos movemos, tocamos, respiramos y comemos"6. En otras palabras, el mundo o la realidad no es un hecho, es algo donde sujeto y objeto, observador y observado se implican, se delinean, se condensan y se diluyen permanentemente.

Esa visión del mundo es incompatible con nuestra manera de concebir el sujeto u observador como alguien previamente definido y estable, dotado de un aparato cognitivo estructurado por medio de reglas fijas de tipo lógico, apto a representar el mundo de modo duradero a través de conceptos y fórmulas abstractas y consistentes. Un sujeto así es la expresión de un mundo estable y sería ahora obsoleto, una vez que el mundo concebido por Varela (1995) tiene en la inestabilidad su nota caracterizadora. Por ello, se hace necesario formular una concepción de sujeto o de observador y una concepción de cognición compatibles con la visión del mundo como algo inestable, en permanente proceso de delineación, de re-estructuración. Sobre esos dos puntos, la tesis fundamental de Varela, conforme es señalada por Morão (1995):

Se basa en la concepción del observador como sistema, autopiético (esto es, auto–organizador), en lo complejo de las interacciones con el medio, e integrado en un contexto histórico y social, lo cual, se mira como respuesta a la presión del devenir biológico de la especie, en su larguísimo esfuerzo de adaptación a las variaciones del ambiente. El observador es, pues, como sistema vivo, como realidad cerebral y neuronal, una unidad de interacciones con el contexto en que se encuentra; o que implica una circularidad inextricable con lo percibido”.7

Ahora, si el mundo y la realidad no son algo dado, sino un proceso, si el observador no es un sujeto cognitivo definido, sino alguien que se va definiendo en la interacción que responde la presión del devenir biológico de la especie, si ambos implican una circularidad, ¿cómo aprehender esa circularidad? ¿cómo tornarla accesible y comprenderla?

Para visualizar la circularidad del observador con lo percibido, Varela (1995) propone el término enacción. "Enacción significa hacer emerger mediante la manipulación concreta". La palabra viene del Inglés enaccion, del verbo enact, que significa figurar, representar, poner en acto, promulgar. Enacción se refiere a la relación estrecha que, según Varela, existe entre acción y agente en el proceso cognitivo, éste, a su vez, sería esencialmente performativo.

La preocupación central de la visión enactiva se contrapone al punto de vista normalmente aceptado, de que la percepción es sustancialmente un registro de informaciones ambientales existentes con el fin de reconstruir una parte de la realidad del mundo físico. En el abordaje enactivo, la realidad no es un dato: depende del sujeto que percibe, no en virtud de hacerse por capricho, sino porque lo que cuenta como mundo relevante es inseparable de lo que es la estructura del sujeto envuelto en la percepción.8

6.- "La mente no está en la cabeza" o La cognición está enactivamente encarnada.

Uno de los más importante avances en la ciencia en los últimos años es la convicción de que no podemos tener nada que se asemeje a una mente o a una capacidad mental sin que esté totalmente encarnada o inscrita corporalmente, envuelta en el mundo. Surge como una evidencia inmediata, inextricablemente ligada a un cuerpo que es activo, que se mueve y que interactúa con el mundo.

Es ante la conciencia inmediata donde se genera la sensación de "yo" en cuanto agente de intenciones y volición, y – de allí - la conciencia autobiográfica. En este nivel superficial sólo se confirma que nuestros actos son voluntarios, lo que no quiere decir –ni implica– que lo tales sean libres.

Pensar la conciencia como un producto de un proceso lógico-secuencial es un supuesto difícil de sostener dada la vasta evidencia actual de que el cerebro está en constante actividad, con múltiples áreas que se activan de manera simultanea, y por otra parte en un organismo que siempre se encuentra en movimiento.

Se puede transformar la máxima "La mente no está en la cabeza" en una lógica más estructurada: La cognición está enactivamente encarnada. "Enactiva" es una etiqueta que utilizo aquí en su sentido literal ya que la cognición es algo que producimos por el acto de manipular, por medio de una manipulación activa: es el principio fundacional de lo que es la mente. Como traté de mostrar anteriormente, esto implica una profunda co-implicación, una co-determinación entre lo que parece estar afuera y lo que parece estar adentro. En otras palabras, el mundo ahí afuera y lo que hago para estar en ese mundo son inseparables.

Esta perspectiva de la mente como enactivamente encarnada tiene dos consecuencias ya que, si la mente no está en la cabeza, ¿dónde está? Este es precisamente el punto: es en este lugar de la co-determinación entre lo interno y lo externo, luego no podemos decir que está afuera o adentro. La otra consecuencia que se deriva de esto y que ha sido menos enfatizada, es que la mente es inseparable del organismo como un todo. Tendemos a creer que la mente está en el cerebro, en la cabeza, pero el hecho es que el ambiente también incluye al resto del organismo: incluye el hecho de que el cerebro está íntimamente conectado con todos los músculos, con el esqueleto, los intestinos y el sistema inmunitario, los flujos hormonales y así sucesivamente. Hace de todo el conjunto una unidad sumamente apretada.

En otras palabras, el organismo como una red de elementos totalmente co-determinados determina que nuestra mente sea, literalmente, inseparable, no sólo del ambiente externo, sino también de aquello que Claude Bernard denominó el milieu intérieur, el hecho de que no sólo estamos dotados de un cerebro sino de todo un cuerpo.9

El cerebro transforma información en estados funcionales bioquímicos y celulares. Allí toman parte las propiedades del agua, las propiedades de los canales, etc. Es decir, no hay simplemente “información que pasa”. Esa información cambia el sistema profundamente, lo cambia hasta su estructura molecular: construye nuevas proteínas. El sistema nervioso no es simplemente un sistema de comunicación. El cerebro establece estados funcionales internos que ya tiene cuando nació. En otras palabras, nosotros no aprendemos a ver el rojo y el verde, nosotros sabemos qué es el rojo y el verde porque los sentimos. Los computadores no sienten. No podrán comer, no podrán repararse a sí mismos, no van a tener la posibilidad de cambiar las moléculas de su estructura.

Varela sostiene, como se vio, de manera muy convincente, que “la mente no está en la cabeza”, es decir, la mente se enraíza en un cuerpo pero también en el medio ambiente. Es un proceso que trasciende nuestros cerebros. No está ni adentro ni afuera, se encuentra más allá de esas divisiones aparentes…

El hecho de que cualquier aspecto de la vida –el amor, la moral, la creatividad, etc.– pueda presentarse como un estado funcional del cerebro, no significa que el cerebro sea la causa de dichos estados. Esto sería como decir que el radio es la causa de la música que se escucha en el radio. La causa de la música está en otro lugar.

Pero ¿estudiar la conciencia partiendo de las neuronas no sería como estudiar la música desde los instrumentos musicales? Los instrumentos, desde luego, no son la música, como tampoco lo son las relaciones entre los instrumentos.

Mi mente no existe sin vuestra mente, es decir, “yo” no es posible, el origen, la generación, la aparición de algo que uno pudiera llamar individuo, curiosamente descentrado sin que esté ya en una especie de reflejo no especular, sino que francamente engarzado con el otro, estas observaciones van mas allá de lo obvio, que los niños necesiten cuidados y que por lo tanto el mundo interpersonal, es ya un mundo interpersonal, por lo tanto las primeras experiencias ya están en el reflejo, en este entrelazamiento permanente con el mundo social, que es prelingüístico en gran medida, a pesar de que prelingüístico dentro de un mundo lingüístico, pero desde el punto de vista del bebé eso es todavía como una especie de flujo sonoro y va mas allá de eso. Esa idea de que la mente está en la cabeza10 va mucho más allá, no sólo porque está el cuerpo y no sólo porque está en la danza con el mundo, sino que está realmente distribuida en la sociedad como fenómeno social.

Como se ha señalado, la mente no está en la cabeza, tampoco el saber, lo que nos aparece (comparece) es el mundo, con sus tonalidades y matices, las preferencias y los rechazos prerracionales, es lo constitutivamente dado desde ese flujo pulsional y neuroquímico que yo no escojo, sino que más bien me constituye; lo emocional (el querer), el deseo tras del cual estamos direccionados, y que no es más que el abrazo del organismo, del cuerpo entero, instancia originaria y principal que nos aparece como el mundo.11

Así un enfoque de la mente sin yo cobra forma con la separación cognitivista de conciencia e intencionalidad. La cognición puede ser estudiada, desde esta perspectiva, como un fenómeno emergente en redes autoorganizativas y distribuidas. Se trata de una modalidad mixta, “societaria”, de descripción de los procesos cognitivos y la experiencia humana.

Ahora bien ¿que confusión podría inducir la idea de un agente central o yo? La palabra “yo” es una manera cómoda de aludir a una serie de acontecimientos y formaciones mentales y corporales, que tienen un grado de coherencia causal e integridad en el tiempo. Y el Yo con mayúscula ejemplifica nuestra sensación de que estas formaciones transitorias ocultan una esencia real e inmutable que sería la fuente de nuestra identidad y que deberíamos proteger.12 Pero como hemos visto, esta convicción pareciera infundada y como Minsky señala –con perspicacia– también resultaría dañina, ya que el modelo coherente de hábitos originados en forma dependiente, que reconocemos como una persona, y el yo que una persona puede creer que tiene, y al que constante –pero infructuosamente – procura aferrarse aunque en realidad no exista.

7.- De los micromundos a los minitransiciones de la trama vida.

Para la tradición epistemológica occidental, las unidades de conocimiento son de carácter abstracto y es desde ese nivel que se pretende dilucidar la compleja trama del mismo, entendiendo el ámbito de las vivencias concretas como resultado. Pero sucede que este conocimiento concreto, su historicidad y su contexto, no es un “ruido” que oscurezca la pureza de un esquema esencial, de una configuración abstracta.

En el fenómeno del conocimiento las cosas, pues, han sido planteadas al revés y actualmente ha comenzado un viraje radical. El núcleo de esta nueva visión es la convicción de que las verdaderas unidades de conocimiento son de naturaleza eminentemente concreta, encarnada, incorporada, vivida.13

Asunto decisivo que interviene simultáneamente con lo expresado: la trama de nuestra vida sucede en el presente.

Siempre operamos en la inmediatez de una situación dada, lo que constituye una unidad dinámica, autocomprensible para el conocedor. Es esto, más específicamente, lo que Varela llama micromundo, es decir, una configuración que actúa localmente en el presente y en la que la propia configuración opera como centro cognoscitivo, en proceso autopoiético.

Por lo mismo, tenemos una disposición a la acción propia de cada situación específica que vivimos. Poseemos una microidentidad, que se revela continuamente y en una secuencia de pautas codeterminadas por el conocedor y el mundo.

Pero cada micromundo así constituido es frágil en cuanto a que a cada instante se puede dar un quiebre. Hay, así, transiciones que separan las microsituaciones. A esas minitransiciones es a las que Varela llama quiebres.

Enunciado: ser capaz de una acción efectiva es la forma en que encarnamos un conjunto de transiciones recurrentes entre micromundos.

Otro asunto interconectado con el expresado: la forma como nos presentamos no puede disociarse de la forma en que las cosas y los demás se presentan ante nosotros. Esto significa mucho más que un transito de ida y vuelta.

8.- El conocer como enacción.

Así las cosas, en la concepción actualmente dedicada a la investigación sobre la percepción y el conocer, el punto de partida para comprender la percepción es abstracto: consiste en el problema del procesamiento de información para recuperar propiedades del mundo predeterminadas.

En cambio, para el enfoque enactivo se trata de analizar cómo el que percibe guía sus acciones en situaciones locales. Estas situaciones locales cambian de continuo, como resultado de la actividad del que percibe.

Enacción proviene del ingles, to enact, “hacer emerger” y refiere a la concordancia entre percepción, procesos cognitivos y agente. Tal concordancia significa que el que percibe guía sus percepciones de acuerdo con su configuración orgánica y que el resultado, el conocer, no es captación de propiedades, singularidades o estructuras de un mundo de afuera. Así enacción es la cognición corporizada

La realidad, en esta perspectiva, ya no es lo que era para la concepción moderna, un mundo separado del conocedor que se va internalizando a medida que se conoce. La realidad no es algo dado: es dependiente del que percibe. Lo que cuenta como mundo relevante es inseparable de la estructura del que percibe. La cognición es, así, un continuo de acciones encarnadas, enactuadas.

Se establece, de esta forma, que se está asistiendo a la emergencia de una comprensión más profunda de la percepción, la que no consiste en recuperar un mundo pre-establecido, sino que consiste en una acción perceptualmente guiada, en un mundo que es inseparable de nuestras capacidades sensorio-motrices, y que las estructuras cognitivas “más elevadas” también surgen de pautas recurrentes de acción perceptualmente guiada.

Por lo tanto, la cognición no consiste en representaciones sino en acción encarnada, y esta es una acepción todavía más ajustada de “enacción”.

Podemos decir que el mundo que conocemos cotidianamente no está pre-establecido; más bien, es un mundo enactuado, es decir, que surge simultáneamente con el proceso de cognición y que, –textualmente– emerge.

Los goznes temporales, que son quienes articulan la acción están enraizados en el número de micromundos alternativos que son activados en cada situación. Estas alternativas constituyen, a la vez, la fuente del sentido común y de la creatividad en la cognición.

Dado entonces que el conocer se construye desde pequeños dominios, desde micromundos y microidentidades, que no están constreñidos por una historia unívoca, nos enfrentamos a una novedosa realidad postcartesiana.

Esto supone además, que se comienza a reconocer que el simple hecho de estar ahí se encuentra muy lejos de ser “simple” o cuestión de reflejos.

Y surge, correlativamente, la diferencia entre este «estar-ahí» y los procesos mentales y de acción pautados por la intención.

La intención es habitualmente entendida como un proceso mental que pretende obtener un determinado resultado de una determinada acción y que acaba convirtiéndola en un medio para alcanzar un fin. La acción se lleva a cabo, pues, con la intención puesta en sus consecuencias. Yo actúo para alcanzar un determinado resultado.

Pero cuando cada instante se vive de un modo pleno no es preciso buscar sentido alguno para la existencia proyectado en un futuro.

El involucramiento de la mente con diversos tipos de búsqueda, le impide actualizar su naturaleza no aprensible. Efectivamente, en el mismo momento en que lo obtiene (al resultado buscado) quiere otra cosa. En el fondo, lo único que la mente quiere es alcanzarse a sí misma, aunque lo realmente irónico es que eso es lo único que jamás podrá alcanzar, aunque no por ello deje de seguir buscándolo. Muchas investigaciones en el ámbito de las ciencias cognitivas están alcanzando la convicción de que la mente es un proceso y no un ente. Si es un proceso sus secuencias son indefinidas.

Por cierto que intentamos de continuo alcanzar objetivos, lograr resultados en un futuro más o menos cercano, culminar planes y cosas por el estilo. Parece imposible oponerse a esa intencionalidad y tampoco es cosa de hacerlo ya que admitimos que esa tensión hacia delante forma parte de nuestro bagaje existencial.

Por lo demás, es muy notorio el correlato filosófico de esta experiencia dado por la intencionalidad tal como la estudia la fenomenología, como para no admitir como importante esta modalidad de nuestra vida mental y de nuestra experiencia.

No se trata, pues, de oponer la importancia del presente a la intencionalidad. No es un dualismo lo que pretendemos para esta vinculación. Más bien, la vivencia de la intensidad del presente es una actitud (una actitud moral) que se distingue de la otra actitud. en todo caso, es el tono de la intensidad, en una y otra modalidad, lo que constituye la diferencia.

9.- La inmediatez de las habilidades éticas

Lema que es al unísono conclusión: Un experto en ética es aquel que es un participante total en una comunidad. En la lista de aspectos claves de nuestra vida, de nuestro accionar, que se manifiestan como “saber-cómo”, se debe incluir: responder a las necesidades de los demás.

Tanto filósofos como científicos preocupados por la mente y la cognición, han descuidado tremendamente la importancia y el papel central de la inmediatez de las habilidades.

Es necesario tomar conciencia, pues, de cómo aspectos importantísimos de nuestras vidas –trabajar, movernos, hablar, comer– se manifiestan bajo la forma del saber-cómo.

Y, en forma concomitante, lo reducida que es aquella parte de nuestras existencias dedicada al análisis deliberado e intencional, que es sintomático del saber-qué. Sin embargo, en occidente, fijamos nuestra atención en ésta última categoría y de aquí que tanto filósofos como científicos han concentrado su atención en ella descuidando cualquier otra alternativa.

Queda claro que movernos, trabajar, comer, etc., son acciones de nuestra vida cotidiana (no son excepcionales) y que todas estas actividades, además, responden a las necesidades de los demás. Es decir, que las conclusiones a que se arriben se deben aplicar de igual modo al estudio de la acción y de la pericia ética.

En contraste con esta revelación clara, contundente, muchos escritores contemporáneos siguen insistiendo en la importancia del razonamiento para alcanzar la madurez moral.

Por ejemplo, un autor como Macintyre, analizando la “Etica a Nicómaco”, concluye que para Aristóteles, en una vida virtuosa (esto es, signada por aretés consolidados) el agente moral se reduce a ser un actor competente que escoge deliberadamente (es decir, racionalmente) entre máximas:

En el razonar práctico, el poseer un sentido adecuado de la tradición a la que uno pertenece… se hace manifiesto en el tipo de capacidad del agente para admitir juicios y saber cómo elegir entre las máximas relevantes y aplicarlas a una situación particular.”14

Enfrentados a una concepción de este tenor, Varela reivindica el papel central de nuestro comportamiento basado en los hechos de la cotidianidad y pautado por una acepción de «experiencia» que aúna holísticamente espontaneidad y raciocinio, activados en círculos autopoiéticos.

¿Cómo adquirimos nuestro comportamiento ético? Lo adquirimos –dice Varela– de la misma forma en que adquirimos todos los demás tipos de comportamiento: ellos se vuelven transparentes para nosotros a medida que crecemos en sociedad.

Transparentes: se asimilan a nuestro quehacer en el mundo a un grado que pasan desapercibidos para nosotros como agentes. Y el aprendizaje también resulta ser un complejo, denso círculo autopoiético. Es circular, ya que aprendemos lo que se supone que debemos ser para ser aceptados como aprendices.

Bajo este prisma, un experto en ética, es aquel que es (se constituye en) –un participante total en una comunidad. La ética sólo adquiere sentido si se la reflexiona en el seno de una comunidad.

Macintyre es uno de los autores que postula una ética comunitarista pero al modo aristotélico: la pericia se va logrando a través del trabajo racional sobre hábitos y tendencias que no lo son.

Aquí, en cambio, nos situamos en una perspectiva holística: no existen en el agente tendencias que deban ser siempre disciplinadas por la racionalidad. Lo biológico y lo mental, lo espontáneo y lo moral, juegan simultáneamente en la conformación de lo que hacemos, en la elaboración de nuestros actos.

Es más, frente a esta racionalización, que solo toca a unos pocos (según Aristóteles, a los expertos en filosofía, vale decir, los intelectuales) somos todos expertos, todos pertenecemos a una comunidad determinada, ampliamente constituida de forma precedente a nosotros, en la que, imbricados en una narrativa histórica, nos movemos con soltura.

Cuando uno es la acción, no quedan trazas de conciencia de sí mismo para observar la acción desde afuera. El punto clave es, otra vez, la acción intencional versus la acción sin intencionalidad. Desde el punto de vista habitual, parece absurdo renunciar a las intenciones. Pero lo que no advertimos (y sí lo advierte la meditación, como veremos) es que en gran parte de nuestra existencia abundan los actos sin intencionalidad, sin teleología (vestirse, comer, dormir,...). La actividad no intencional no significa actividad al azar o puramente espontánea. Es actividad que a través de la atención adecuada se ha transformado en comportamiento encarnado, comunitario, y que puede adoptar sinnúmero de formas en su itinerario.

El elemento clave es que nuestros micromundos y microidentidades no constituyen un yo sólido, centralizado y unitario, inconmovible ante los procesos de cambio sino más bien una serie de patrones cambiantes que se conforman y luego se desarman. Es decir, que el yo no posee naturaleza propia, carece de cualquier sustancialidad.

La actividad del yo desunido se refiere específicamente a lo que llamaremos el: sólo por ahora.

El sunya (vacío) del yo lleva a la experiencia del presente, sin melancolías por el pasado ni ansiedades por el futuro. Es sintomático que en los textos de las Tradiciones de sabiduría oriental no se encuentran pasajes que se dediquen a esos estados emocionales.

El elemento decisivo es que nuestros micromundos y nuestras microidentidades no constituyen un yo sólido, permanente y centralizado sino (podríamos escribir: “todo lo contrario…”) que constituyen una serie discontinua de patrones, dinámicos y cambiantes, que se crean y se disuelven en un proceso histórico, esto es, contextualizado. También es verificable, pues, una sucesión discontinua de microhistorias, ya que la vida del conocer y del percibir no son parte de un flujo continuo.

Esto significa que el yo no tiene una naturaleza propia, no posee sustancialidad. Es el sunya (vacío) del yo.

Hay que indicar de inmediato y a fin de aventar falsas apreciaciones, que ello no significa que el yo no exista. Lo que sucede es que el yo cognitivo es su propia implementación, donde su acción y su historia forman una unidad dinámica.

¿Somos criaturas únicas, provistas de un yo, diferentes del resto de las criaturas? ¿O nuestro sentido fuerte de un yo central es una ilusión?

Es una ilusión: lo que llamamos nuestro yo es un producto de las actividades de que hemos hablado agregando ahora el nivel del lenguaje, esto es, las capacidades lingüísticas recursivas que poseemos, aunado a nuestra formidable capacidad para la autodescripción y la narrativa.

El lenguaje, neurálgico elemento en nuestra constitución, co-habita con nuestra capacidad cognitiva. De modo que nuestro sentido del yo personal puede interpretarse como una continua y dinámica narrativa –siempre alejada del equilibrio.

Tenemos, pues, un yo narrativo. Que, si se constituye por y a través del lenguaje, necesariamente es social (el lenguaje no existe más que socialmente).

Ese yo no es privado ni público, los incluye a ambos. Es lo que sucede también con los valores, es decir, con la moral. Enunciado: la moral es pública y privada.

El saber-cómo es el conocimiento progresivo, de primera mano, de la virtualidad del yo. Tal virtualidad hace de la realidad social del yo una consecuencia de primerísimo orden.

El comportamiento tendrá su prueba de fuego en la espontaneidad con que se experimente la relación con los otros. Que se trata, hay que decirlo de inmediato, de una espontaneidad forjada a lo largo de una experiencia cargada de valores y no de lo que habitualmente se entiende por espontaneidad. Una espontaneidad sabia, donde la sabiduría debe entenderse como el saber inmediato de la acción no-intencional.

10.- Mentes sin yo, agentes divididos.

La mente, la experiencia no esta en la cabeza, la mayor parte esta descentrada es una concurrencia de muchos flujos, de lo emocional, de lo postural, de lo relacional que van cada uno en una especie de… flujos cambiantes constantemente”.

En la noción dualista que proponía Descartes y parte del pensamiento occidental estaba dado en que la mente está separada del cuerpo y es entendida como "una sustancia pensante".

Para la corriente constructivista y en particular para Humberto Maturana y Francisco Varela (biólogos) la mente ya no es considerada una sustancia, sino un proceso, la causa es el conocer. Por eso el pensamiento constructivista hace del hombre pensante el único responsable de su pensamiento, de su conocimiento y hasta de su conducta (conocer no es tener una representación del mundo exterior, sino acción inmediata encarnada, que implica una disposición emocional, lingüística y corporal ).

A su vez, este pensamiento se caracteriza por concebir la autonomía como superadora de la visión mecanicista y determinista anteriormente mencionada. Como explica Morin, “la definición de sujeto supone la autonomía-dependencia del individuo”, en donde aparece una palabra clave como la de “autopoiesis”: de cómo nos producimos a nosotros mismos (la construcción de si mismo). Y es mas, los sistemas autopoiéticos no se caracterizan por su autoconservación estática (como dice García Blanco), sino por la autoproducción: por la capacidad de cada estado del sistema de participar constitutivamente en la producción del estado subsiguiente, que solo se actualiza en virtud de interacciones ambientales siempre condicionadas y reguladas por la autorreferencia del sistema, es decir, que los componentes estructurales cambian todo el tiempo.

Vale destacar que la noción de autonomía esta ligada a la noción de dependencia, y esta a su vez es inseparable de la noción de auto-organización. La experiencia así como los objetos de la experiencia, son en todas las circunstancias el resultado de nuestro modo y forma de experimentar (“No existe otro mundo excepto el que experimentamos por medio de estos procesos” ). Pero no hay que olvidar que para ser autónomo hay que depender del mundo externo, de la naturaleza exterior, entonces es cuando pasamos de la auto-organización a la auto-eco-organización.

- El conocimiento entonces es construido a partir de las experiencias individuales. Todos los tipos de experiencia son esencialmente subjetivos, y gracias a que nuestra cognición y a nuestro sustrato biológico se superponen, forman aquella vivencia que es la más familiar y al mismo tiempo la más indescifrable, la que nos forma a nosotros mismos. Y es así como un organismo cognoscente evalúa sus vivencias, sus experiencias, sus prácticas y porque las evalúa, las ajusta y las calcula, entonces tiende a hacer que se repitan unas y sean evitadas otras. Von Glasesfeld hace una referencia a esto diciendo que: “el saber es construido por el organismo viviente para ordenar lo mas posible el flujo de la experiencia en hechos repetibles y en relaciones relativamente seguras”.

Por ultimo hay que destacar el rol y la importancia del lenguaje en el pensamiento constructivista, y Von Foerster lo realiza de manera precisa y categórica añadiendo que: si uno inventa algo, entonces es el lenguaje el que crea el mundo; si en cambio uno piensa que ha descubierto algo, el lenguaje no es mas que una imagen, una representación del mundo”. Entonces los conceptos de ética y de ver se conectan, se entreveran y dan cuenta de como construimos nuestras representaciones de mundo, como nos relacionamos con la sociedad, con la familia, con comunidad, con la sociedad, con el ambiente…




Dr. Adolfo Vásquez Rocca
Doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; Postgrado Universidad Complutense de Madrid, Departamento de Filosofía IV, mención Filosofía Contemporánea y Estética. Profesor de Postgrado del Instituto de Filosofía de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; Profesor de Profesor Adjunto Escuela de Psicología Universidad Andrés Bello (UNAB). Miembro de la Sociedad Española de Estética y Teoría de las Artes. Miembro de la Cartera de Árbitros de la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma del Estado de México UAEM - Archivos Universitarios de Investigación Artística. Profesor Asociado al Grupo Theoria – Proyecto europeo de Investigaciones de Postgrado –UCM. Eastern Mediterranean University. Académico Investigador de la Vicerrectoría de Investigación y Postgrado, Universidad Andrés Bello. Consultor Experto del Consejo Nacional de Innovación para la Competitividad (CNIC)–. Profesor de Postgrado, Magíster en Biología-Cultural, Escuela Matríztica de Santiago y Universidad Mayor 2013–2014 –Investigador Asociado y Profesor adjunto de la Escuela Matríztica de Santiago.

Citar:

VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo, “Francisco Varela: Neurofenomenología, enfoque enactivo de la cognición, mentes sin yo y el elusivo fenómeno de la conciencia”, Revista Observaciones Filosóficas Nº 20 - 2015



Recibido: 20 marzo de 2015

Aceptado: 29 de mayo 2015




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1 Dr. Adolfo Vásquez Rocca, Ponencia: “De la Acción encarnada a la Habilidad Ética en Francisco Varela”, en Ex-Congreso Nacional, organizado por la Comisión Desafíos del Futuro, Senado de la República y CNIC, noviembre de 2014. En Actas del Congreso, Ed. Biblioteca Nacional.

2 “Seminario de Neurobiología”, Escuela de Psicología UNAB y Matríztica 2014, Curso - 13110 – PSL 191 – 304 Dr. Adolfo Vásquez Rocca

3 VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo, "Sloterdijk: Secretos bizarros de Freud, discretas obsesiones telecomunicativas y primeras formaciones de psicología profunda europeas", En NÓMADAS, Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas - Universidad Complutense de Madrid, NÓMADAS. 31 -  (I) 31 | Julio-Diciembre 2011, pp. 339-368.
http://www.ucm.es/info/nomadas/31/adolfovasquezrocca_2.pdf

4VARELA, Francisco, (1996) Ética y acción. Dolmen, Santiago.

5 VARELA, F., (2000), “ Nuevas refutaciones al dualismo mecanicista cartesiano”, Manuscrito, Observaciones Fil. Nº 2

6 VARELA, J. F. (1995). Sobre a competência ética [En la competencia ética]. Lisboa, Portugal: Edições 70. p.18

7 MORÃO, A. (1995). Advertência do tradutor. En J. F. Varela. Sobre a competência ética [Sobre la competencia ética]. Lisboa, Portugal: Edições 70.

8 VARELA, F. 1995, p. 23

9 VARELA, Francisco, (2000) El Fenómeno de la Vida, Dolmen Ediciones, Santiago,

10 El neurocirujano italiano Sergio Canavero proyecta hacer un trasplante de cabeza. Ya tiene un voluntario, es el ruso Valeri Spiridónov, de 30 años, que padece atrofia muscular espinal y no puede moverse. El especialista defiende la riesgosa operación: asegura que genera esperanza en casos de parálisis espinal. Canavero en una entrevista realizada por EFE explica en qué consiste la operación que demandará dos días, 150 profesionales y auxiliares, y cerca de 10 millones de dólares. "En la sala se deberán encontrar las dos personas, la que donará el cuerpo y la otra que recibirá el cuerpo. La cabeza que será trasplantada se enfriará a una temperatura de 12 grados, después se procederá a seccionar la cabeza de ambos -vasos sanguíneos, músculos, huesos- y luego comenzará la fase en la que el paciente recibirá su nuevo cuerpo", explica Canavero, que tiene 51 años y trabaja en el hospital "Le Molinette" de Turín..En junio de 2015 presentó su proyecto durante la Conferencia anual de la Academia Americana de Neurólogos y Cirujanos Ortopédicos, en Annapolis, Estados Unidos. ¿Cómo unir la médula espinal y los millones de terminaciones nerviosas que posibilitan que nuestro cuerpo se mueva? Canavero explica, sintéticamente, que para eso usará polietilenglicol, una especie de pegamento plástico que, según asegura, está revolucionando la medicina. Tras la operación el paciente seguiría un mes en coma inducido y más de un año de fisioterapia para poder caminar. (Agencia EFE, reproducido en Clarín Digital,Edición Nº 24969, Buenos Aires , 2015)

11 VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo, “La cuestión del sujeto: neuroplasticidad y transformación. Biopolítica de la subjetividad, hacia un yo neuroquímico”, En Revista NÓMADAS Nº 42 - 2015, IESCO - Universidad Central, Colombia. SCIELO Citation Index (Thomson Reuters) ISI (En Prensa).

12 VARELA, F., THOMPSON, E. Y ROSCH,E. (1992) De Cuerpo presente: Ciencias cognitivas y experiencia humana, Editorial Gedisa, Barcelona, 2005, p.152,

13 LAKOFF, G. Y JOHNSON, M. (2004) Metáforas de la vida cotidiana. Cátedra, Madrid.

14 MACINTYRE,A. (1988) Tras la virtud, Crítica, Barcelona, 140




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