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Revista Observaciones Filosóficas


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Autores: Peter Sloterdijk

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art of articleart of articleHacia una Estética de la colaboración en Sloterdjk y Benjamín; Architextura al otro lado del muro

Mag. Rolando Garrido Quiroz - Pontificia Universidad Católica de Valparaíso
Resumen
La sociedad de la información ha heredado y adaptado sistemas de pensamiento, lenguaje y convivencia, propios de la sociedad industrial en lo que se refiere a lógicas competitivas y guerreras de primacía y sobre vivencia, ya sea en la definición de políticas de habitabilidad, o bien como ejercicio del poder en el espacio de lo humano. Al mismo tiempo, han pervivido experiencias sustentadas en una concepción dinámica de la colaboración como estrategia espacial de construcción de mundo y paz activa. La tensión entre ambas posibilidades del desarrollo humano nos permite comprender desde Sloterdijk y Benjamín lo cercano como textura cerrada y quebrantable y la otredad como 'architextura' abierta y flexible.


Abstract
The society of the information has inherited and adapted systems of thought, language and coexistence, own of the industrial society concerning competitive logics and single-breasted uniform jackets of priority and on experience, either in the definition of policies of habitability, or like exercise of the power in the space of the human. At the same time, experiences sustained in a dynamic conception of the collaboration like space strategy of construction of world and active peace have survived. The tension between both possibilities of the human development allows us to include/understand from Sloterdijk and near Benjamín like closed texture and breakable and the otredad like open and 'architextura' flexibility.



Palabras Claves
arquitectura, guerra, espacio, paz activa, colaboración, arca, mundos.

Keywords
Arquitecture, war, space, active peace, collaboration, coffer, worlds.

La arquitectura de nuestra sociedad contemporánea y su despliegue espacial demuestra ser heredera de espacios divididos, ya sea para sustentar una especial concepción de paz o sistema de convivencia, desde el lugar que se separa y pretende tomar distancia amenazante del otro, o bien para cerciorarse que está pasando con el otro- y en tanto capacidad, invado, vulnero, someto. De tal manera que blindo mis espacios para desplegarme en mi espacialidad, llámese, país, esfera territorial, ciudad, conjunto habitacional o propiedad privada.

En el actual escenario globalizado de post-guerra fría, incluso cambiando el eje de seguridad por el eje de mercado (guerras por petróleo, drogas y otros tipos de consumo) ha cambiado también la identidad de las víctimas (contingentes militares por civiles, desplazados, refugiados, migraciones desbordantes) propiciando una archi textura de ciudadanos, consumidores e indocumentados que conviven en un espacio guerratizado, en donde lo militar es una cuestión de forma y menor.

Los antiguos muros que dividían los espacios de convivencia humana hoy son paredes cada vez más vulnerables e insostenibles en la lógica de la guerratización del espacio. El espesor de la pared tecnotrónica puede ser hackeada hoy desde adentro o desde afuera, indistintamente donde se perciba la amenaza. Ya vivió esa experiencia el Worldtrade Center, las FARC o los condominios lujosos y bunkerizados de la periferia capitalina de Santiago de Chile.

Benjamín, en su reseña de la colección de ensayos “Guerra y Guerreros” editada por Jünger, nos advertía del tipo de guerras que vendrían, considerando que la particularidad estratégica más distintiva será la radical y cruda guerra de agresión, comprendiendo con claridad el escenario que se prefiguraba, tanto para la guerra por venir, como para el periodo de lo que posteriormente se conoció como la Guerra Fría. En lo esencial Benjamín planteaba que la Guerra de Gases, atmoterrorismo para Sloterdijk varias décadas después, se basaría en récords de exterminio, sin ajustarse al derecho internacional público, indicando además que la última guerra (la primera guerra mundial para la historia) ha mostrado cómo la desorganización instaurada por la guerra imperialista amenaza con hacerla inconclusa, interminable.

Benjamín, en Teorías del Fascismo Alemán se refiere a “guerra eterna” y la noción de culto que el concepto encierra como la más elevada expresión de la nación alemana, poco o nada distinta a la concepción de “guerra infinita” que declaró la administración Bush, posterior al terrorismo por aire que se conoció en suelo estadounidense en septiembre del 2001. Ambas concepciones ponen de manifiesto una particular forma de habitar el espacio y su dominio. La guerratización del espacio implica un uso del lenguaje y una arquitectura de arca, que fragmenta al mundo en “o estas con nosotros o estas contra nosotros” edificando un muro que nace del arrepentimiento ipso facto de haberlo derribado en nombre de la libertad.

Así, la incipiente post-guerra fría pretende globalizar de manera unilateral los nuevos muros que se levantan, sin embargo, una década después, desde otra esfera, que comparte la formula de guerratizar el espacio, se pone fin a una era de agresión extraterritorial, bajo la misma lógica competitiva, pero con distinta textura de red, la misma que usan los administradores de las “niñas arañas” (1)1 cuando penetran condominios atiborrados de seguridad.

El espacio y su oferta de cobijo cada vez se pone más en entredicho dada su característica de textura cerrada y quebrantable, dicotomía perversa que vive para si misma. En ello, radica el temor a la helada cósmica, sus propios sistemas de seguridad y confort no aseguran lo que está en la génesis de su modo de habitar. El espacio cerrado -el arca- como ideal de vida hace aguas con asomos de diluvio.

Al otro lado del muro, virtual o real, están los espacios abiertos –el auca- el hombre libre, al decir de los pueblos originarios de Chile. En ellos, no hay contención, sino liberación, son pacíficos en tanto dichos espacios son activos, y en su cosmovisión comparten horizontes. En cambio, los espacios cerrados son violentos en tanto son pasivos, sedentarios.

El sedentarismo incuba violencia. Las sociedades globalizadas no anuncian necesariamente el fin del sedentarismo como plantea Sloterdijk para referirse a la movilidad que estas adquieren, sino más bien lo acrecientan, el nómada, en su propio transito, desplazamiento, no vivencia liberación, sino contención y encierro, nuevos gethos con el potencial de confrontar distintos tipos de violencias. No son las paredes gruesas del Estado nacional, pero son paredes que al fin y al cabo conllevan retención. En algún minuto, a las afueras de París, se queman autos, para que el calor de las llamas albergue a los que sienten que están al otro lado del gran cobijo.

En “Patria y Globalización” Sloterdijk sostiene que el reto psicopolítico de la era global consiste en no ver el debilitamiento de la inmunidad tradicional y ética del contenedor como pérdida de forma y decadencia (ayuda para la autodestrucción). De tal manera, Sloterdijk advierte que para los postmodernos lo que está realmente en juego son diseños exitosos y condiciones de inmunidad dignas de ser vividas, aunque, como siempre no para todos. Para este filósofo del espacio, las formas de vida individualistas, portadoras de propiedades inmunológicas se desprenden de sus cuerpos sociales. Así las cosas, hoy en día la mayoría de los individuos cree poder desolidarizarse del destino de su comunidad política, asumiendo que el óptimo inmunológico del individuo, no se encuentra en el colectivo nacional, sino en el terreno religioso, dietético, gimnástico o de las compañías de seguro.

Los individuos centrados en si mismos proclaman que nadie hará por ellos, lo que ellos no hagan por si mismos. La vieja máxima de Adam Smith en donde el beneficio individual es primordial para que este se exprese en el beneficio de los demás, aunque infundada y acientífica como lo demostrara 150 años más tarde John Nash en su tesis doctoral, es cortada a la mitad por el individuo tecnotrónico que edifica su bunker mirándose al espejo. En ello, radica el destino inconducente de los adictos al arca-bunker. Tal como en el dilema del prisionero, confunden objetivo con estrategia, sumiéndose a la deriva o a un juego suma cero. Así se manifiesta esta textura monológica del individualismo, textura dura y por lo mismo espacio quebrantable.

Las lógicas unilaterales o individualistas, nos permiten comprender la esencia históricamente negada a la paz como concepto social, es decir, paz como no agresión, ausencia de violencia, no guerra. Este rasgo de negatividad, políticamente ha permitido construir este orden y autoridad (pax romana) sobre la base de lógicas guerreras. De tal manera, se nos anima a comprender que la guerra actual será la paz del futuro, por tanto, y volviendo a Benjamín en su ensayo Para una Crítica de la Violencia, la guerra eterna del fascismo de antaño o la guerra infinita de hoy se funda en el ser y su destino manifiesto.

Desde otra textura o architexturas, una paz para que sea tal, tiene que ser activa, por necesidad es espacialmente abierta, referida ésta a su dinamismo para su ocurrencia. Teje redes, construye cooperación, se apropia del sentido de vecindad. La paz activa nos advierte que es imposible la No Vecindad, como la proclama el orden inmunológico individualista. La ilusión de no vecindad desde el bunker, idiotiza, esclerotiza, anula la posibilidad de que la energía fluya, se libere.

Una filosofía de la paz se sustenta en una estrategia de la colaboración, ella permite enfrentar la helada cósmica de manera equipada, es el auca, enfrentado a la deriva, el que hace posible pasar corriente o fuente de energía al viaje que se emprende, no desde el arca impermeable, sino desde un cuerpo flexible, resiliente.

El cuerpo órgano que se adapta a la helada cósmica, que adopta sus regularidades e incertidumbres, enfrenta con ojos abiertos lo desconocido, aquello tan temido por los constructores del miedo.

En tal sentido, es distinto digitar un botón pequeño, golpe seco, contenido, violencia dirigida o teledigitada, que acariciar el rostro con nombre de nuestro próximo otro, que se hace conocido y reconocido en la naturaleza del encuentro. Lo primero, asegura el trayecto de la casa-bunker en Colorado al arca- establecimiento escolar en Columbine para hacer propicia la energía contenida en violencia, escenario de guerra para el despliegue del crimen organizado, antes digitado desde los simuladores computacionales en una estructura sedentaria que permite la contención y pulsión al ataque. Lo segundo, los rostros reconocibles, descifran la densidad, poniendo en órbita la posibilidad del encuentro-descubrimiento de nuevos y conocidos rostros situando una vecindad que se afianza y sustenta en la colaboración expresada en contextos de diversidad.

En nuestra sociedad actual, aparentemente descentrada surgen rizomáticamente mundos vitales en el paisaje cuyo material resiliente es la comunidad abierta al aprendizaje, sustentada en redes de efectiva conectividad y, al mismo tiempo, o espacialmente en la vereda de en frente, o en cualquier punto cardinal, emergen, se erigen mundos virtuales, aunque sólidos y duros, que en situaciones de destemple pueden llegar a romperse, asegurando su realidad perecible y su destino atávico a una guerra desgastante, al tener que por necesidad someter la vista en distintos visores simultáneamente, esperando que se explicite su vulnerabilidad.

Los mundos vitales son parte de una realidad, y existen en la medida en que sus habitantes se apropian de ciertos principios, si se quiere filosóficos, algunos hasta matemáticos, como el que desarrolla John Nash con su propuesta demostrada de equilibrio en la teoría de juegos -equilibrio Nash- 2 en donde la colaboración representa una ventaja competitiva, es decir, aquellos que entienden el entramado de la interdependencia y optan por colaborar, obtienen más beneficios que aquellos que se concentran en competir el uno con el otro. Por tanto, desde este principio o de otros tan antiguos, existe la posibilidad cierta y sustentable de generar espacios vitales en donde la adversidad es pan de cada día, pero se enfrenta estratégicamente desde un sentido común, desde una capacidad de encuentro y valoración vinculante de los recursos propios y compartidos.

Sabido es que el equilibrio de Nash como conjunto de acciones compatibles entre sí que derivan en una situación de equilibrio se ha utilizado en diversos contextos, ya sea aplicaciones en economía o en temas relacionados con el desarme durante la Guerra Fría, incluso para el diseño de subastas públicas y licitaciones gubernamentales. Sus aplicaciones al campo de la negociación han sido específicas como el concepto "solución de negociación de Nash" frente a una oferta y una demanda y fijación de valores en modelos de mercado de trabajo para llegar a acuerdos salariales, así como aplicaciones de mayor alcance, para entender el fenómeno de la post-negociación (sustentabilidad de acuerdos negociados, en términos del tipo de sociedad y relaciones sociales que queremos o podemos construir desde una architextura inclusiva.

Pensar una nueva forma de relacionarnos desde diversas esferas y programáticas individualidades, no tiene que ver con nuevos o reciclados modelos de sociedad en el contexto de la actual globalización espacial, sino con la aplicación de ciertos principios y despliegue de determinadas estrategias que permitan la sustentabilidad de la especie humana, de una manera no dramática ni compleja, sino tan efectiva y estratégica como los que se pueden observar de manera simple en el diseño de nuevos programas infantiles, basados en la construcción apreciativa de las relaciones humanas, en donde incluso las tonalidades de los colores se transforman en aprendizaje de valores, supuestamente fundamentales en otroras sistemas de sociedad, pero que el sentido de revolución, hegemonía del statu quo o cambio social terminó de aplastar en su propia génesis.

Estos nuevos diseños, o esta idea de Sloterdijk de retomar la antigua sabiduría del emigrante: ubi bene ibi patria, es decir, que cada uno tendrá que reinventar de manera permanente la patria, mediante el arte del saber vivir y las alianzas inteligentes, es otro principio que ya sea en Lazy Twon o en Silicon Valley u otros ejemplos de cluster o estrategias participativas o cooperativas, se ofrece como oportunidad posible desde un hábitat de auca, espacios abiertos, bellamente cuidados, sustentados en una ética y estética de la colaboración en donde no es necesario suprimir el conflicto, sino más bien este representa un desafío de aprendizaje para una comunidad dialógica.

Hoy en día, aparece necesario abrirse a nuevos enfoques de gestión de las ciudades. La red, como nueva forma de organización, es considerada un nuevo saber potente sobre las ciudades. La ciudad interdependiente como mundo de espacios vitales no es piramidal, sino un sistema poli-céntrico. De tal manera, parte de estos principios y diseños tiene que ver con la idea de ciudad y sus niveles de conectividad. Los conectores de hoy son distintos a los desarrollados por Benjamín en su estrategia de pensamiento (fragmentos, recortes, citas). Actualmente, en nuestra cultura visual es necesario adiestrar el ojo y los demás sentidos para saber distinguir entre una matrix y sistemas humanos de código abierto. Benjamin se encontraría con pasajes cerrados y asistidos por tele-vigilancia, pero también con aucas capaces de abrir sus códigos en una comunidad dialogante para mejorar las condiciones de bienestar humano.

La ciudad inserta en redes relacionales de interdependencias y fuerzas de atracción comunicativa, inclusivas de la otredad, permite sacar provecho de los potenciales sinérgicos, factor clave de éxito del desarrollo de una ciudad. Éstos se generan a través de la cooperación de organizaciones dentro de una red relacional. Para Pascale, la autoorganización en Silicon Valley se produce de dos maneras: 1) científicos universitarios, emprendedores e inversores se auto organizan continuamente para formar nuevas empresas; y 2) corporaciones, instituciones académicas y firmas de capital riesgo se autorganizan para formar alianzas estratégicas, sociedades colectivas y equipos temporales de proyectos. La emergencia se produce, asimismo, de varias formas características.

En este caso, más que la búsqueda o exposición de un modelo, lo interesante es la utilización de principios fundamentales y estrategias adaptativas de saber brindarse oportunidades de coexistencia y construcción de futuro. La capacidad de sobrevivencia, aumenta con la capacidad de tejer o de coordinar lo organizado. A través del mayor grado de coordinación se logra un mejor aprovechamiento de los recursos, coordinar mejor las actividades y comprender en colores los intereses (afines, diferentes, pero compatibles y antagónicos). Una ciudad con un alto grado de networking está en mejores condiciones de movilizar recursos que una ciudad con un bajo grado. Parte del desafío consiste en el fomento de redes auca y la capacidad de realizar una gestión integrada de redes y en la aplicación de nuevas tecnologías de participación de las personas desde su individualidad y sentido de comunidad.

Este mundo que nos abre la posibilidad de embarcarnos en arcas o de coordinarnos en aucas, nos plantea una condición ineludible de la globalización como es su dinamismo y complejidad, o al decir de Baecker, la capacidad o potencial de resistir altos grados de dynaxity (dinámica y complejidad) y desplegar resiliencia permitiendo a la ciudad evitar la peligrosa brecha que amenaza su futuro desarrollo, consistente en que la dynaxity aumenta más rápido que su aprendizaje y desarrollo.

La teoría de la complejidad acepta que el mundo es tan interdependiente que nada es totalmente predecible. Las ciudades red con estructuras complejas y flexibles estarán mejor preparadas para abordar de modo efectivo las tareas que demanda la enorme complejidad del entorno.

Sin embargo, Al-Qaeda, como híbrido del modelo arca, también sabe que la red, como forma de organización, es un saber potente de dirección organizacional, al no tener centro, ni burocracia, son fluctuantes, variados, invisibles y actúan de incógnito, pero su sobrevivencia está entre paréntesis, ya que no basta con comprender la estrategia de red, si es que su accionar tiene como destino manifiesto la construcción de su propia arca. La violencia como estrategia de guerratizar el espacio, también se puede sustentar en una estrategia de red, pero al fin y al cabo termina por enredarse en las cuerdas que anclan su arca-mundo.

Una red auca se caracteriza por su colaboración interna y sinergia de múltiples identidades. La confianza, solidaridad y el sentido de pertenencia son decisivos para procesos exitosos de generación de redes auca. Las tecnologías blandas (negociación, resolución de conflictos, gestión de crisis), orientadas hacia cooperación, la competencia social de relacionarse con otras personas y la construcción de confianza, son los aspectos claves en la formación de redes vivas, espacios aucas para liberar o hacer fluir la energía y creatividad a través del diálogo apreciativo en todas direcciones, incluyendo por cierto la helada cósmica a la que se refiere Sloterdijk y los escenarios de guerra eterna que nos anuncia Benjamín.

Hannah Arendt, señaló que la polis surge de las personas que actúan y hablan juntas en un compartir actos y palabras. De igual manera, Peay nos advierte que más que el paisaje físico o el diseño arquitectónico es la gente de una ciudad, individual y colectivamente, la que constituye la verdadera fuerza que da vida y poder a un lugar. El auca como mundo vital, implica un situarse en la adversidad y aprender de ella en la exposición, helada, tibia o caliente y, desde ahí, encontrarse con la condición humana que logró sobrevivir en la cuna de nuestra civilización, llámese Gladysvale que cobijo el primer noventa y nueve por ciento de evolución de la historia humana en la actual Sudáfrica o nuestro propio hogar abierto para entrar y salir como aprendizaje continuo.

El arca y el auca son dos de varias posibilidades espaciales de construir mundos en nuestra sociedad. La posibilidad espacial del arca requiere de materiales para la construcción de su virtualidad, en cambio, en la posibilidad espacial del auca la materia prima es el hombre mismo y su capacidad de encontrarse, no desde la amenaza, sino desde la aventura de la exploración.

Podemos constatar que la historia de las arcas en el siglo XX, nos demuestra que éstas, en vez de sucumbir en las aguas, se queman y consumen hasta desplomarse, desapareciendo con las llamas, un orden y una autoridad. Así ocurrió con el Palacio de Cristal, devorado por un incendio en el Londres de la pre-guerra, poniendo fin, según Churchill, a la era victoriana y anunciando la guerratización del espacio por parte del Nazismo en Europa.

En el Chile de 1973 las llamas abrazaron, luego del ataque aéreo, el Palacio de La Moneda, poniendo fin a la institucionalidad democrática e instalando en otro Palacio de Cristal al gobierno militar. Posteriormente una década después del término de la guerra fría, colapsaron las Torres Gemelas en Nueva York, poniendo entre paréntesis una era de imperialismo e invasión extra-territorial por parte de EE.UU. Y en este retorno de círculo en llamas, en Chile, el trans-identitario Edificio Diego Portales, otrora Edificio Gabriela Mistral o edificio sede internacional de la ONU, vio desplomarse una de las alas del centro de convenciones que albergó a la democracia pactada hasta el 2005.

Hoy en día, el antiguo Palacio de La Moneda optó por transformar su frontis en un museo, en donde cabe hasta la antipoesía de Parra, sin que por ello se llevara a efecto ningún parricidio. El nuevo museo tipo bunker tal vez, disponga en esta oportunidad de algún tipo de salida para las quebrantables democracias hechas de voto popular en el mercado del consumo electoral.

Ya hace mucho tiempo que la historiografía introdujo el concepto de “Pacificación de la Araucanía”, referido al proceso de exterminio o en el mejor de los casos de dominación de los pueblos originarios del sur de Chile, tanto así que la guerratización de ese espacio, aún grita su silencio en las concepciones de paz y convivencia que solemos manejar, desprovistos de una necesaria crítica que nos haga comprender el sentido del auca en nuestras vidas.

Al contrario, hoy en día se siguen construyendo en nuestras ciudades más arcas bunker de baja conectividad, sin hacerse cargo del dinamismo y complejidad (dinaxty-dinaxtibility) subyacente en este fenómeno social de construcción de mundos virtuales. Sin embargo, y a pesar de esta arquitectura errática e quebrantable, es posible, vivenciar en las más múltiples direcciones a niños que al encontrarse con otros niños ya han aprendido a corta edad las ventajas competitivas de la colaboración.

El canto utópico de Redolés en donde “las balas que desgarrarán los tiernos pezones de los desaparecidos, aún son plomo, en lejanas minas de un continente, aún no descubierto” nos remitía a una imposibilidad descarnada. Nuevos diseños y milenarios principios de habitabilidad nos permite asumir esa preexistencia como coexistencia posible o practopía, (sueño posible para Toffler), sustentada en una concepción dinámica de la colaboración como estrategia espacial de construcción de mundos vitales y paz activa.

Este Artículo fue desarrollado en el Seminario de Postgrado “Peter Sloterdijk - W. Benjamín; Filosofía, Estética y Arquitectura” dictado por el Prof. Dr. Adolfo Vásquez Rocca durante el 1º Semestre académico 2008.
http://www.observacionesfilosoficas.net/seminariosloterdijkbenjamin.htm


Bibliografía:

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Sloterdijk, Peter: “Esferas II”. Capítulo 3. Arcas, Murallas de Ciudad, Fronteras del Mundo, Sistemas de Inmunidad. Para una Ontología del Espacio Cercado. Editorial Siruela, Barcelona, 2003.

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Rolando Garrido Quiroz

Director Ejecutivo NECSO Consultores Internacionales. Gerente de Proyectos de Fundación ASCIENDE. Doctorado en Literatura (a) P. Universidad Católica de Valparaíso. Magíster (c) en Estudios Internacionales, Universidad de Chile. Profesor y Licenciado en Literatura, Universidad Católica de Valparaíso. Diplomado Internacional en Abordaje de Conflictos. Pontificia Universidad Javeriana, Colombia.


Fecha de Recepción: 4 de julio de 2008

Fecha de Aceptación: 5 de septiembre 2008


1 Práctica delictual en Santiago de Chile para asaltar condominios exclusivos, utilizando a adolescentes menores de edad, denominadas por la prensa como niñas arañas, para trepar por las paredes de los edificios y vulnerar la seguridad de los departamentos para realizar robos por parte de bandas de delincuentes.

2 Equilibrio Nash. En juego de estrategias implica que a ninguno de los participantes le conviene cambiar de estrategia en forma unilateral. En otras palabras, en un equilibrio Nash cada participante deberá reaccionar de la mejor manera posible ante la estrategia del otro participante. De esta forma, se descubre un camino real para mejorar los resultados.
Revista Observaciones Filosóficas - Nº 7 / 2008



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