Buscar//InicioNúmero ActualArtículosDocumentosAgendaPostgradoQuienes SomosContactoLinks//
--------------------------
Revista Observaciones Filosóficas


Revista Observaciones Filosóficas

Categorías
Psicología y Antropología | Filosofía Contemporánea | Lógica y Filosofía de la Ciencia | Estética y Teoría del Arte
Literatura y Lingüística Aplicada | Ética y Filosofía Política

Artículos Relacionados
De los dispositivos de la crítica a la producción de subjetividad; Deleuze, James y Foucault

enviar Imprimir

art of articleart of articleLa Fábrica del Homo “debitor”; Notas sobre la condición neoliberal

Dr. Maurizio Lazzarato - Investigador Universidad París I (CNRS)
Resumen
Se examina bajo el concepto del "Hombre endeudado" la condición neoliberal”, a partir de allí se propone una genealogía y exploración profunda de la fabricación o construcción del individuo contemporáneo como Homo “debitor”. La indagación se interna en las máximas de Marx y Nietzsche sobre la deuda en el sentido antropológico de la culpa, la que se extrapola y se enquista en el sistema crediticio y la maquinaria del endeudamiento. La deuda obliga a comprometer por adelantado su futuro (venderle el alma al diablo por un goce inmediato) y supuestamente “bien calculado”. Parece ya no haber derecho a la vivienda, sino un crédito o préstamo inmobiliario para pagar la hipoteca bancaria. Tampoco existe el derecho a la educación, sino créditos y préstamos con intereses que lindan en la usura. Y como el neoliberalismo a través de sus representantes rechazan reivindicar estos derechos socio-económicos, en la más pura tradición liberal quieren, sin decirlo así, dejárselos a las “leyes” del mercado.

The factory Homo "debitor"; Notes neoliberal condition.

Abstract
It examines the concept of "debt Man" neoliberal condition ", from there a genealogy and deep exploration of manufacture or construction of the contemporary individual as Homo “debitor” proposes. The investigation goes into the maximum of Marx and Nietzsche on debt in the anthropological sense of guilt, which is extrapolated and encysts in the credit system and the machinery of indebtedness. Debt forced to commit his future advance (sell his soul to the devil for an immediate exercise) and supposedly "well calculated". It seems already to have no right to housing, but housing credit or bank loan to pay the mortgage. Nor is the right to education, but loans and loans with interest bordering on usury. And neoliberalism through their representatives reject claim these socio-economic rights, the purest liberal tradition want, without saying so, leave them to the "laws" of the market.

Palabras clave
Economía, neoliberalismo, culpa, deuda, capital, crédito, endeudamiento, mercado.

Keywords
Economy, neoliberalism, guilt, debt, equity, credit, debt market.

Revista Observaciones Filosóficas - Nº 20 / 2015


En Europa, como en otras regiones del mundo, la lucha de clases se despliega y se concentra hoy en torno a la deuda. La crisis de la deuda alcanza en la actualidad a los Estados Unidos y al mundo anglosajón, que no sólo son los países desde donde ha nacido la última debacle financiera sino también -y sobre todo- el sitio donde el propio neoliberalismo fue concebido.

La crisis capitalista global y sus remecidas financieras, los cierres de industrias en Europa y los despidos de trabajadores han hecho emerger de manera violenta el endeudamiento que estaba presente en la trama social, pero que ahora ocupa el conjunto del espacio público. El impacto de esta realidad da cuenta por sí sola de la importancia y efectos de la economía capitalista de mercado en nuestras vidas y en las formas políticas de Gobierno presentes en las sociedades del capitalismo tardío.

La relación acreedor/deudor pasa a ser, por lo tanto, el foco de nuestra observación. En torno a ella se intensifican los mecanismos de explotación y dominio de manera transversal, sin que pueda hacerse diferencia entre trabajadores y desocupados, consumidores y productores, activos e inactivos, jubilados y beneficiarios de la renta mínima. Todos son deudores culpables y responsables frente al Capital, que se manifiesta como el gran Dios acreedor universal. Uno de los mayores mecanismos políticos del neoliberalismo, tal como lo devela sin ambigüedad la “crisis” actual, es la propiedad, en el sentido de que la relación acreedor/deudor devela una relación de fuerzas entre propietarios (del capital) y los no propietarios (del capital). La deuda pública tiene a toda la sociedad endeudada, lo cual exacerba las “desigualdades”, o lo que ha llegado el momento de llamar “diferencias de clase”.1

La relación acreedor-deudor es una relación organizada en torno a la propiedad, es una relación entre quien dispone o no de dinero. La propiedad, más que referirse a los medios de producción como decía Marx, gira en torno a los títulos de propiedad del capital, por tanto hay una relación de poder que está modificada respecto a la tradición marxiana, esta desterritorializada por decirlo con Deleuze y Guattari –está a un nivel de abstracción superior, pero de todos modos está organizada en torno a una propiedad: entre quien tiene o no acceso al dinero.

Es una relación de poder que en vez de partir de la igualdad del intercambio, parte de la desigualdad de la relación acreedor-deudor, que es inmediatamente social: la economía de la deuda no hace distinciones entre asalariados y no asalariados, entre ocupados y desocupados, entre trabajo material e inmaterial: todos estamos endeudados. Al mismo tiempo es una dimensión inmediatamente mundial, que actúa y comanda transversalmente sobre las divisiones entre países ricos y pobres, consolidados o emergentes. El crédito/débito ha sido el arma fundamental de la estrategia capitalista después de los años 70, desplazando completamente el terreno de la lucha de clases a nivel social y mundial, con el que todavía tenemos actualmente dificultad para enfrentarnos.2

Las ilusiones económicas y políticas de estos últimos cuarenta años caen una tras otra. La new economy, la sociedad de la información, la sociedad del conocimiento, se diluyen en la economía de la deuda. En estas democracias que han triunfado sobre el comunismo, muy poca gente (algunos funcionarios del FMI, de Europa y de la Banca Central Europea, así como algunos políticos) deciden por todos, según los intereses de una minoría. La inmensa mayoría de los europeos se encuentra triplemente despojada por la economía de la deuda: despojada del poder político (a todas luces débil); despojada de buena parte de la riqueza que las luchas pasadas habían arrancado a la acumulación capitalista; y despojada sobre todo del porvenir, es decir del tiempo, como decisión, como elección, como posible.

Los discursos y prácticas "incentivadas" por el Estado neoliberal, el bombardeo publicitario en los medios, el poder económico-financiero y el poder político real que detentan, (sin olvidar los bajos salarios, la aún débil organización sindical y los altos niveles de explotación) nos conducen a explorar la condición existencial de este producto del capitalismo que es un hombre endeudado, pero, al mismo tiempo, supuestamente responsable y culpable de su propia situación cuando consume, pide prestado y se endeuda. En otros términos cuando el individuo-consumidor cae en manos del sistema financiero y los bancos; condición propia de las capas medias asalariadas.

art of article

La sucesión de crisis financieras ha hecho emerger violentamente una figura subjetiva que estuvo presente con anterioridad pero que se extiende ahora al conjunto del espacio público: la figura del “Hombre Endeudado”. Aquellos logros individuales que el neoliberalismo había prometido (“todos accionistas, todos propietarios, todos emprendedores”) nos precipitan hacia la condición existencial de este hombre endeudado, responsable y culpable de su propia suerte.

Tras la crisis financiera que estalló con la burbuja de internet, el capitalismo abandonó los relatos épicos que tenían como protagonistas a “personajes conceptuales” como el emprendedor, los creativos, el trabajador independiente “orgulloso de ser su propio patrón”, quienes mientras perseguían sus intereses personales estaban trabajando por el bien de todos. La implicación, la movilización subjetiva, y el trabajo sobre sí mismo, preconizados por el management desde los años ochenta, se reconvirtieron en una suerte de ley que transfiere a estos mismos actores los costos y los riesgos de la catástrofe económica y financiera. La población debe encargarse de todo aquello que las empresas y el Estado de bienestar “externalizan” hacia la sociedad, empezando por la deuda.3

Para las patronales, los medios, los hombres políticos y los expertos, las causas de la situación no deben buscarse en las políticas monetarias y fiscales adoptadas, que ocultan el déficit operando una transferencia masiva de riqueza hacia los más ricos y las corporaciones, ni en la sucesión de crisis financieras que habían virtualmente desaparecido en los Gloriosos Treinta (N de T: se refiere a los 30 años de crecimiento ininterrumpido en Europa occidental tras el Plan Marshall), y que se replican despojando ferozmente de grandes sumas de dinero a la población para evitar lo que ellos llaman una crisis “sistémica”. Para estos amnésicos, las verdaderas causas de las crisis a repetición residen en las exigencias excesivas de los gobernados (especialmente los del sur de Europa), que quieren vivir como la cigarra, y en la corrupción de las elites (que en realidad siempre han jugado este rol en la división internacional del trabajo y del dominio).

El bloque de poder neoliberal no puede ni quiere “regular los excesos” de las finanzas, porque su proyecto político optó siempre por el mismo tipo de decisiones que derivaron en la última crisis financiera. Chantajeando con el fantasma de la caída de las deudas soberanas, busca llevar al límite aquel programa suyo que data de los años setenta: reducir al mínimo nivel los salarios, cortar los servicios sociales, que el Estado Benefactor se ocupe de los nuevos “necesitados” (las empresas y los ricos) y privatizar absolutamente todo.

Pasemos ahora a observar cómo los signos, las imágenes y los enunciados son utilizados por las empresas en el capitalismo contemporáneo.

La empresa no crea el objeto (la mercancía), sino el mundo en que el objeto existe. Tampoco crea el sujeto (trabajador y consumidor), sino el mundo en que el sujeto existe.

En el capitalismo contemporáneo se debe sobre todo distinguir la empresa de la fábrica. Hace dos años, una gran multinacional francesa anunció que se iba a separar de sus once fábricas. Esta separación de la empresa y la fábrica es un caso límite, pero es cada vez más frecuente en el capitalismo contemporáneo. En la gran mayoría de los casos, estas dos funciones están integradas una en la otra, pero consideramos su separación como emblemática de una profunda transformación en la producción capitalista. ¿Qué es aquello con lo que se queda esta multinacional, qué entiende por empresa? Se queda con todas las funciones, todos los servicios y todos los empleados que le permitan crear un mundo: servicio de marketing, de concepción, de comunicación, etc.

La empresa produce un servicio o un producto. En esa lógica del servicio o del producto, el consumidor o productor lo son para su mundo, y este mundo ha de estar incluido en las almas y los cuerpos de los trabajadores y los consumidores. En el capitalismo contemporáneo la empresa no existe fuera del productor y del consumidor que la expresan. Su mundo, su objetividad, su realidad se confunden con las relaciones que la empresa, los trabajadores y los consumidores mantienen entre sí.

La comunicación / consumo. Se parte del consumo, porque la relación entre oferta y demanda se ha invertido: los clientes son el pivote de la estrategia empresarial. En realidad esta definición, tomada de la economía política, no identifica el problema: el ascenso, el papel estratégico que juega la máquina de expresión (por la opinión, la comunicación y el marketing, y por tanto los signos, imágenes y enunciados) en el capitalismo contemporáneo.

Consumir no se reduce a adquirir y gastar un servicio o un producto, como enseña la economía política y su crítica, sino que sobre todo se trata de pertenecer a un mundo, adherirse a un universo. ¿De qué mundo se trata? Basta con encender la televisión o la radio, pasearse por una ciudad, adquirir una revista o un diario, para saber que este mundo está constituido por agenciamientos de enunciación, por regímenes de signos en los que la expresión se llama publicidad y lo expresado (el sentido) es un reclamo o una orden; que son, en sí mismas, una evaluación, un juicio, una creencia; que se ejercen sobre el mundo, sobre uno mismo y sobre los demás. Lo expresado (el sentido) no es una evaluación ideológica, sino una incitación (hace señas), un llamamiento a abrazar una forma de vida, es decir, a abrazar una manera de vestir, una manera de tener un cuerpo, una manera de comer, una manera de comunicar, una manera de habitar, una manera de moverse, una manera de tener un género, una manera de hablar, etc. La televisión es un flujo de publicidad regularmente interrumpido por películas, programas de entretenimiento y noticiarios. La revista de prensa, de acuerdo con el experimento de Jean-Luc Godard, se reduce, si uno quita todas las páginas que contienen publicidad, al editorial del jefe de redacción. Y la radio es un flujo ininterrumpido de publicidades y de emisiones en las que resulta cada vez más difícil saber dónde comienzan unas y acaban otras. Desgraciadamente, hay que reconocer que Deleuze tenía razón al afirmar que la empresa tiene alma, que el marketing se ha convertido en su centro estratégico y que los publicitarios son "creativos".

Por nuestra parte, nosotros carecemos de instrumentos teóricos, de conceptos y enunciados para analizar no sólo las finanzas sino también la economía de la deuda, que las comprende y las desborda, así como a su política de sometimiento. En este libro intentaremos desplegar la relación acreedor/deudor a la luz de El anti-Edipo4 de Deleuze y Guattari. Publicado en 1972, aquel libro anticipó teóricamente los desplazamientos que el capital operaría más adelante. Y hoy nos permite, a través de una lectura de La genealogía de la moral de Nietzsche y de la teoría marxiana de la moneda, reactivar dos hipótesis.

En primer lugar, la idea de que lo social no se constituye por el intercambio (económico y/o simbólico), sino por el crédito. En la base de la relación social no existe una paridad (de intercambio), sino que hay más bien una asimetría deuda/crédito, que precede histórica y teóricamente a la dinámica de la producción y al trabajo asalariado.

En segundo lugar, la hipótesis según la cual la deuda es una relación económica inseparable de la producción del sujeto deudor y de su moralidad. La economía de la deuda duplica al trabajo en el sentido clásico del término, impone un “trabajo sobre sí”, de modo tal que la economía y la ética funcionan conjuntamente. El concepto contemporáneo de “economía” encierra al mismo tiempo la producción económica y la producción de subjetividad. Las categorías clásicas de la secuencia revolucionaria de los siglos XIX y XX –el trabajo, lo social y lo político- resultan así atravesadas por la deuda, y ampliamente redefinidas por ella.

Es por lo tanto necesario aventurarse en territorio enemigo y analizar la economía de la deuda y de la producción del hombre endeudado, para intentar construir armas que nos sirvan para llevar adelante los combates que se anuncian. Ya que la crisis lejos de terminar podría expandirse.

Un interesante análisis político–económico surge de la lectura antenta de Carl Schmitt: Todo orden político-económico está construido y organizado a partir de tres principios basados en los significados diversos de la palabra "nomos". Estos tres principios están en la base de la economía del credito/débito. En primer lugar "nomos" significa "tomar/conquistar" y por tanto apropiación. Toda nueva sociedad (y toda nueva secuencia del dominio capitalista, por ejemplo el post-fordismo) comienza con la conquista, la rapiña, con una especie de apropiación/expropiación original. Hasta el capitalismo esta fase consistía en la apropiación/expropiación de la tierra como presupuesto de toda economía y derecho ulterior. En el capitalismo contemporáneo esta fase ha sido organizada por las finanzas y por el crédito que han expropiado, a través de la moneda, la sociedad en su conjunto (no solo el trabajo, sino el conjunto de las relaciones sociales, de los saberes, de la riqueza, etc… ). Es decir, las finanzas como máquina de captura predatoria. El segundo significado de "nomos" es "compartir/dividir". La división/distribución "hace las partes" (pero de modo radicalmente diferente a Rancière). Atribuyendo "lo mío y lo tuyo" define la propiedad y el derecho. En el capitalismo contemporáneo la propiedad es distribuida por la moneda y por el crédito/débito, y es, principalmente, posesión o privación de títulos de capital.

El tercer significado de "nomos" es producir, producción. Está claro que en la secuencia abierta a finales de los 70, hay una apropiación/expropiación, una distribución/división (propiedad) que precede lógicamente a la producción. El concepto de producción para no ser economicista debe incluir estos tres principios. En El Anti-Edipo de Deleuze y Guattari la distribución de las funciones, de la propiedad y la apropiación está organizada por la moneda como prerrequisito de la "producción".

Ahora bien, la noción de empleabilidad expresa con precisión el cambio de paradigma que se dirige directamente a la subjetividad del individuo, pues el riesgo del paro "ya no puede considerarse como independiente del comportamiento de los individuos" y de los "estilos de vida". Ser empleable significa concordar sus comportamientos y su estilo de vida con el mercado. El riesgo se califica de este modo como una mezcla compleja de "acontecimientos aleatorios y de acontecimientos más o menos previsibles, para los que las características intrínsecas de los individuos y sus comportamientos desempeñan un papel importante".

Según la "refundación social" patronal, vamos a entrar en la era del "monitoring", del "seguimiento individual" de los comportamientos y de los estilos de vida. Se conminará a los beneficiarios a que "se hagan cargo de cambios en su comportamiento" y en su manera de vivir. Ernest-Antoine Seillière [fue presidente de la patronal francesa hasta 2005], entrevistado por François Ewald, resume las nuevas funciones de la política social de la siguiente manera: "la protección social pasa así de la constitución de un derecho uniforme a la gestión de un modo de vida".

El workfare es precisamente la remodelación, la adaptación de una vieja técnica disciplinaria (el control sobre el trabajador) que actúa sobre los movimientos del cuerpo en un espacio cerrado a las exigencias de las nuevas técnicas de seguridad y de control (la monitorización, el "seguimiento individualizado") que actúan sobre la subjetividad, sobre los estilos de vida, fuera de la fábrica o de la empresa. Las políticas de workfare son un buen ejemplo de la manera de integrar y hacer funcionar las técnicas disciplinarias en dispositivos de seguridad pública, de integrar la heterogeneidad de los dispositivos de poder en una nueva modalidad de gobierno".

Lo interesante es que hasta el capitalismo el orden de los eventos en el proceso de constitución de una sociedad se describe como apropiación, división, producción. La economía clásica y el liberalismo han pretendido hacer creer que la "producción", caracterizada por la liberación de las fuerzas productivas y las trabas de la sociedad del Antiguo Régimen, resolvía en su interior el problema de la apropiación y de la división. Y es lo que los neoliberales y sus gobiernos técnicos continúan afirmando. Deviniendo el nivel de vida siempre más alto (crecimiento), la "división resulta más fácil y la apropiación no es solo inmoral, sino también irracional desde el punto de vista económico y por tanto insensata".5 Schmitt cita a Lenin y Marx, como autores que –en parte, dice– no han caído en la tentación de la "producción". El primero considera el imperialismo y la colonización como necesaria la apropiación/expropiación para resolver la "cuestión social", mientras Marx considera la acumulación originaria y su feroz violencia como condiciones imprescindibles del capital. Para cambiar la producción es necesario "expropiar a los expropiadores" y distribuir socialmente la "propiedad". Este es el problema de esta crisis que los liberales y los socialdemócratas no quieren ver –o mejor ven perfectamente, pero no quieren aceptar!

La definición de economía de la deuda es también un potencial instrumento de transversalidad de las luchas: el endeudamiento concierne a todos (garantizados, sin garantías, trabajadores autónomos, desocupados). Por un lado el comando capitalista se ha reorganizado en torno a las finanzas que captura y decodifica los flujos productivos y por otro se asiste a una progresiva incorporación del capital fijo en la fuerza-trabajo.

La medida es otro de los principios introducidos siempre por Carl Schmitt, afirmando que el fruto de la apropiación, lo que es adquirido por medio de "conquista, descubrimiento, expropiación" debe ser "medido/pesado/dividido". Por tanto, no es que no haya ya medida, sino que, como las finanzas y el crédito demuestran, se trata más bien de una medida "subjetiva". Sin duda es una nueva medida y es una medida arbitraria, que depende solo de las lógicas del poder, y esta lógica de la valoración/medida se impone en todos los aspectos de la vida, introduciendo la figura del experto y de la valoración, en la escuela, en la policía, en la universidad, en los hospitales, hasta en el gobierno, etc… Es necesario, fundamental, subvertir esta estructura jerárquica, partiendo de la reapropiación social y el intercambio de los conocimientos, romper esta lógica de la medida, de la valoración, del experto.

Vivimos en un estado de excepción permanente que hoy se ha convertido en la regla, ¡y al que es inútil continuar llamando de excepción! Si el soberano es aquel que decide en estas condiciones, el soberano es hoy el Capital. Esto implica, evidentemente, un cambio radical del concepto de soberanía, realmente su fin, (este es el límite de Schmitt y de todas las teorías basadas en él, Agamben, etc... ), porque el capital no es una "persona" (condición schimittiana de la decisión) y ni siquiera un grupo de personas, sino una "maquina" (o mejor, un conjunto de máquinas) con sus subjetivaciones o personificaciones, y, segunda observación, no hay un territorio, ni la posibilidad de expresar "valores" capaces de constituir una comunidad, una sociedad, como dirían los ultraliberales alemanes. El mercado, la empresa y la competencia se rigen por principios disolventes, más que unificadores, destruyendo sistemáticamente lo que mantiene unida una sociedad. El capital siempre se ha visto obligado a utilizar los territorios anexados para colmar sus lagunas de integración política, la más importante, el Estado-Nación, que ha socavado sistemáticamente a partir de los años 70. Todas las mediaciones representativas e institucionales han fracasado o se han debilitado enormemente. En Italia este proceso salta a la vista: la "Padania" es la farsa del territorio y de los "valores", comunitarios, del que carece el capital "terciario" representado por Berlusconi6 y los neo-fascistas, la otra cara de la farsa, que tiene en cambio garantizado un sucedáneo de valores estatales y nacionales. Una vez más la exhibición de la fuerza del Capital, es más bien signo de su debilidad, siempre y cuando emerja una subjetividad que lo combata a su mismo nivel, revelando, en la lucha, sus debilidades.

"La concepción del individuo como "empresario de sí mismo" supone la culminación del capital como máquina de dominación. Para Gilles Deleuze y Félix Guattari, el capital actúa como un formidable "punto de subjetivación que constituye a todas las personas como sujetos, pero mientras unos, los capitalistas, son sujetos de enunciación, los otros, los proletarios, son sujetos de enunciado sometidos a las máquinas técnicas". Con el "capital humano", podemos hablar de una realización del doble proceso de sujeción y de explotación. Por un lado, el "capital humano" lleva la individualización a su paroxismo, pues el sujeto compromete en todas sus actividades los recursos "inmateriales", afectivos y cognitivos de sí mismo. Por otro lado, las técnicas del "capital humano" conducen a la identificación de la individualización y de la explotación, pues el "empresario de sí mismo" es al mismo tiempo patrón de sí mismo y esclavo de sí mismo, capitalista y proletario. Como destaca Michel Foucault, con el neoliberalismo las prácticas de gobierno pasan del lado del individuo, de su subjetividad, de sus comportamientos y de sus estilos de vida. Así, si el análisis económico clásico se resume en el estudio de los mecanismos de la producción, de los mecanismos del intercambio y del consumo, y deja escapar así las elecciones y decisiones del mismo trabajador, los neoliberales quieren por el contrario estudiar el trabajo como conducta económica, pero como conducta económica practicada, realizada, racionalizada, calculada por quien trabaja.

Las técnicas de seguridad son de este modo procedimientos que integran sin parar nuevos elementos (los comportamientos, las reacciones, las opiniones) y nuevos saberes de expertos (médicos, psicólogos, economistas, sociólogos, asistentes sociales) que dependen del diagnóstico y, eventualmente, la enmienda de los individuos.

El seguimiento de los parados que introduce la "refundación social" de la Medef [patronal francesa, equivalente a la CEOE española] puede entenderse como una técnica de seguridad que trabaja por la transformación del individuo "excluido", del parado, del que cobra el salario mínimo, del precario desafiliado, en "capital humano", es decir, como una técnica que moviliza al individuo, sus competencias, su subjetividad, para adaptarlo a la oferta de empleo. Nos encontramos lejos de la representación ("motivadora") que las políticas de empleo dan de sí mismas porque es el instrumento disciplinar del castigo, de la obediencia, de la obligación, de la subordinación, de la culpabilidad el que se moviliza con más frecuencia, el que se reactualiza y se redespliega en las políticas de workfare (obligación de trabajar). A medida que el paro se incrusta en la realidad socioeconómica como una "enfermedad endémica", el gobierno de las conductas se apoya ampliamente en la dimensión disciplinaria, en la construcción de una lógica disciplinaria adaptada a la seguridad. El paro aparece entonces como la culpa de los parados, como una enfermedad "moral" del individuo. La sujeción pasa por la responsabilidad, o más bien, por la culpabilidad.



Dr. Maurizio Lazzarato
Sociólogo independiente y filósofo. Vive y trabaja en París, donde lleva a cabo sus investigaciones sobre el trabajo inmaterial, las fracturas del sistema salarial, la ontología del trabajo, el capitalismo cognitivo y los movimientos post-socialistas. Investigador Universidad París I (CNRS) -The Centre National de la Recherche Scientifique-.
Escribe asimismo sobre cine, vídeo y las nuevas tecnologías de la producción de imágenes. Elaboró con el Groupe Knobotic Research el proyecto 10_dencies/ travail immatériel para la Bienal de Venecia.


Citar:

LAZZARATO, Maurizio, “La Fábrica del Homo 'debitor'; Notas sobre la condición neoliberal”, en Revista Observaciones Filosóficas Nº 20 – 2015


BIBLIOGRAFÍA
LAZZARATO, Maurizio, Puissances de l'invention. La psychologie économique de Gabriel Tarde contre l'économie politique, Les Empêcheurs de penser en rond, 2002.

LAZZARATO, Maurizio, Les Révolutions du capitalisme, Les Empêcheurs de penser en rond, 2004

LAZZARATO, Maurizio, Le Gouvernement des inégalités. Critique de l'insécurité néolibérale, Éditions Amsterdam, 2008.

LAZZARATO, Maurizio, Expérimentations politiques, Éditions Amsterdam, 2009 (reprend Le Gouvernement des inégalités).

LAZZARATO, Maurizio, La politica dell’evento (Rubbettino 2004),

LAZZARATO, Maurizio, Lavoro immateriale. Forme di vita e produzione di soggettività (ombre corte, 1997) e Videofilosofia (manifestolibri, 1997).

LAZZARATO, Maurizio, La fabrique de l’homme endetté : Essai sur la condition néolibérale, Éditions Amsterdam,‎ 2011, 124 p. (ISBN 978-2354800963)

LAZZARATO, Maurizio, Gouverner par la dette, Les Prairies Ordinaires,‎ 2014, 229 p. (ISBN 978-2350960890)

LAZZARATO, Maurizio, Marcel Duchamp et le refus du travail, Les Prairies ordinaires, 2014.


Fecha de recepción: 12 de junio de 2015

Fecha de aceptación: 2 de julio de 2015



1 LAZZARATO, Maurizio, Introducción a La fabrique de l’homme endetté, essai sur la condition néolibérale, Traducción: Mirta Fabre y Darío Bursztyn.

2 Sovvertire la macchina del debito infinito, Intervista a Maurizio Lazzarato, en Uni-Nomade 2012, Traducción.

3 LAZZARATO, Maurizio, La Fabrique de l'homme endetté. Essai sur la condition néolibérale, Paris, Editions Amsterdam, 125 pages.

4 DELEUZE y GUATTARI, L'Anti-Œdipe, París, (1972), Ed. cast.: El anti-Edipo. Capitalismo y esquizofrenia, Barcelona, Paidós, 1985.

5 SCHMITT, Carl., El concepto de lo político (1932), Editorial Alianza, Madrid, 1991.

6 La extrema derecha de la Lega Nord de Umberto Bossi representados por los xenófobos racistas, los secesionistas fascistas de la Padania. Il histriónico Cavaliere ha sido fuertemente influido por esta banda de ultras que odian a los inmigrantes y a los italianos del sur.


Revista Observaciones Filosóficas - Nº 20 / 2015



| Revista Observaciones Filosóficas © 2005 -    Adolfo Vásquez Rocca [Director) | Daniel Vásquez [Diseño] - Hosting y Dominio: DanoEX |