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Revista Observaciones Filosóficas


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art of articleart of articleLa irremediable desigualdad, una pedagogía de la pobreza

Dra. Angelina Uzín Olleros - Universidad Autónoma de Entre Ríos  (FHAyCS – UADER)
Resumen
R.W. Connell explica que la justicia escolar es una parte inextricable de cualquier sistema educativo, y que las sociedades democráticas deberían dar prioridad a las necesidades educativas de los desheredados, dado que los sistemas escolares dan un trato injusto a sus estudiantes desventajados degradando la calidad de educación para todos. Él describe de qué manera el contenido curricular, la presentación, y el medio de evaluación del estudiante pueden perpetuar la injusticia social. Analiza el trazado de las fuentes elitistas de varios planes de estudios, nos instruye sobre los impulsos de justicia social que generan nuevos  programas desde el punto de vista del desheredado y ofrece ejemplos de esfuerzos acertados para lograrlo.

The irremediable inequality, a pedagogy of the poverty.

Abstract
R.W. Connell makes clear that the school justice is an inextricable part of any educational system, and democratic societies should give priority to the educational needs of the disadvantaged, that school systems dealing unjustly with their disadvantaged students degrade the quality of education for all. He describes how curricular content, presentation, and means of student assessment can perpetuate social injustice. Tracing the elitist sources of various curricula, Schools and Social Justice urges reconceptualizing the curriculum from the point of view of the disadvantaged and offers examples of successful efforts to do this.

Palabras Clave
Educación - Justicia curricular - Educación compensatoria -  Justicia social – Escuelas para desventajados.

Keywords
Education - Curricular Justice - Compensatory Education - Social Justice - Disadvantaged Schools.

Revista Observaciones Filosóficas - Nº 22 / 2016
La irremediable desigualdad, una pedagogía de la pobreza.1

El enfoque de Robert W. Connell es un buen ejemplo para considerar la influencia filosófica en un texto de pedagogía y de análisis del sistema educativo, dedica su libro Escuelas y justicia social, al problema de la justicia en la escuela, tomando como eje principal la Teoría de la justicia del filósofo John Rawls. La terminología que forma parte de su teoría incorpora conceptos que en otras orientaciones pertenecientes a corrientes filosóficas distintas, tiene un significado muy diferente, como por ejemplo el uso de la categoría “hegemónico” y “contra-hegemónico”.

El eje que vertebra la tesis de Connell es rawlsiano pero se distancia de algunos enfoques, el cimiento neocontractualista de la propuesta de Connell tiene como objetivo principal elaborar una teoría de la “justicia escolar” con respaldo teórico filosófico, pero no podemos definirlo como un texto de filosofía de la educación, sino más bien una teoría de la educación orientada a la problemática del curriculum y su incidencia en las desigualdades sociales.

La justicia como imparcialidad.

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John Rawls se propone elaborar una concepción de la justicia que supere las deficiencias del utilitarismo, fiel a Kant defiende una ética deontológica que entiende a la justicia como algo que no puede derivarse de las apreciaciones empíricas del bienestar o de la utilidad. Con base en la doctrina del contrato social, particularmente en las versiones de Locke, Rousseau y Kant, Rawls va a ensayar lo que denomina la idea principal de la Teoría de la Justicia. Se limita a expresar que los principios de la justicia serían aquellos que, las personas libres y racionales, promoverían en una posición inicial de igualdad. Esta igualdad de origen entre los hombres corresponde a la teoría tradicional del Contrato Social. Lo anterior permite al autor hablar de la justicia como imparcialidad, lo que constituye básicamente su tesis. Rawls por lo que se refiere al contrato social y al antecedente del estado de naturaleza, o lo que él denomina la "posición originaria", no lo considera como algo históricamente real, sino como una hipótesis que conduce a una concepción de justicia.

Plantea una concepción pública de la justicia, esto es, aceptable por todos y guía de las instituciones básicas de la sociedad democrática, en sus sucesivas etapas: constitucional, legislativa y judicial. Para llegar a ella supone una situación originaria que a modo del hipotético estado de naturaleza de las teorías clásicas del contrato social, permita deducir los criterios fundamentales de una teoría de la justicia. El resultado acordado por las partes que integran tal situación imaginaria lo constituyen los tres principios fundamentales: libertades básicas iguales, igualdad de oportunidades y el principio de diferencia.

"Podría decirse que la posición original es el statu quo inicial apropiado y que, en consecuencia, los acuerdos fundamentales logrados en ella son justos. Esto explica lo apropiado del nombre justicia como imparcialidad: transmite la idea de que los principios de la justicia se acuerdan en una situación inicial que es justa"2. En la posición originaria se produce una igualdad de justicia por acuerdo de los hombres. Sin embargo, esto será desmentido por la realidad histórica. El punto de partida del autor es la situación hipotética, de que en algún momento los hombres, como seres racionales, acuerdan asociarse para realizar diversos fines, satisfacer múltiples necesidades y alcanzar la justicia. Tal situación, que él llama "posición original", se caracteriza por una mayor igualdad.

Son dos los principios que rigen en la posición original: "El primero exige igualdad en la repartición de derechos y deberes básicos, mientras que el segundo mantiene que las desigualdades sociales y económicas, por ejemplo las desigualdades de riqueza y autoridad, sólo son justas si producen beneficios compensadores para todos y, en particular, para los miembros menos aventajados de la sociedad”3. Rawls entiende que en la "posición original" de máxima igualdad son inevitables desigualdades sociales y económicas. Sin embargo, estima que el bienestar de la mayoría depende de un esquema de cooperación de todos, tanto los mayormente dotados como los menos dotados. Ambos principios operan también bajo condiciones razonables. "Los dos principios mencionados parecen ser una base equitativa sobre la cual los mejor dotados o más afortunados en su posición social, sin que se pueda decir de ninguno que lo merecía, pueden esperar cooperación voluntaria de los otros en el caso en que algún esquema practicable sea condición necesaria para el bienestar de todos"4.

Frente a la igualdad de la libertad se producen las desigualdades sociales y económicas entre los hombres. La justicia no puede anular ni los dones naturales ni las contingencias o desigualdades sociales que van a incidir en la estructura política, económica y en general en todas las dimensiones de la vida. Para Rawls, la justicia como imparcialidad, se apoya en la teoría contractualista y en la teoría de la elección racional.

Esta "posición original" que él no trata de probar, es el medio para elaborar una teoría ideal de la justicia que denomina "justicia como imparcialidad", es decir, que a través de esa hipótesis y mediante los principios que serán objeto de análisis posterior, se puede deliberar y juzgar de ciertos actos para saber si son justos o no.

Para entender la Justicia es necesario referirse a sus contenidos éticos; Rawls analiza los supuestos morales que subyacen en la teoría sobre la justicia, en especial las doctrinas del utilitarismo clásico y del intuicionismo. En el caso del utilitarismo sus antecedentes se encuentran en la ilustración inglesa y en lo que se llama moral naturalista cuyo principio se enuncia así: "La máxima felicidad para el máximo número de hombres". El intuicionismo se refiere a actitudes filosóficas o científicas que apelan a la intuición, es decir, a una evidencia para la inteligencia o los sentidos, a un principio que no se demuestra, que permite comprender rápidamente un conjunto de fenómenos.

Con respecto al utilitarismo, Rawls escribe: "La idea principal es que cuando las instituciones más importantes de la sociedad están dispuestas de tal modo que obtienen el mayor equilibrio neto de satisfacción distribuido entre todos los individuos pertenecientes a ella, entonces la sociedad está correctamente ordenada y es, por tanto, justa"5. El mayor equilibrio entre las instituciones de la sociedad, garantiza el orden y la justicia gracias al principio de utilidad, entendido como el máximo de felicidad para el mayor número de personas. El valor de lo justo y el valor de lo bueno sostienen íntima vinculación y mediante ambos se califica la actitud jurídica y moral de una persona digna.

Rawls rechaza las teorías teleológicas con respecto al bien puesto que lo exaltan en detrimento de lo justo; “lo justo” quedaría subordinado al mayor logro de bienes entendidos como perfecciones. Las nociones de naturaleza y perfección al autor le parecen insuficientes para explicar la justicia, no obstante, el utilitarismo con su principio de elección racional, facilita al individuo el alcanzar sus deseos permitiendo a otros lograr los suyos. Para él esta concepción utilitaria desconoce las desigualdades entre personas, y de manera imaginaria pretende el equilibrio, la cooperación y la justicia entre los individuos: "Este concepto de la cooperación social es consecuencia de extender a la sociedad el principio de elección por un individuo y, entonces, hacer funcionar esta extensión fundiendo a todas las personas en una por medio de hechos imaginativos del espectador imparcial. El utilitarismo no considera seriamente la distinción entre personas"6.

Aunque Rawls volverá a referirse al utilitarismo al final de la primera parte de La teoría de la justicia, los argumentos para rechazar esa doctrina son contundentes. En primer término por considerar que la elección racional de los individuos para lograr sus deseos puede ser la misma en todos: ¿cómo y de qué manera se frenan los deseos de muchos que no admitirán que sus pretensiones son excesivas e incluso irracionales? Ellos buscarían un placer dañando a otros, lo que es inadmisible; la enunciación del principio del utilitarismo es construir por la imaginación una persona abstracta sin considerar las individualidades.

En segundo lugar es sólida la argumentación de Rawls al señalar que el utilitarismo no distingue a las personas, no percibe las diferencias y desiguales condiciones de vida, por lo que resulta difícil la aplicación del principio utilitario para lograr la justicia. Por último ¿quién o cómo califica la racionalidad de los deseos?, el utilitarismo no da respuesta satisfactoria.

Con relación a la teoría moral intuicionista, Rawls la entiende así: "Consideraré al intuicionismo de un modo más general del habitual, esto es como la doctrina que mantiene que existe una familia irreductible de primeros principios que tienen que ser sopesados unos con otros preguntándonos qué equilibrio es el más justo según nuestro juicio"7.

Lo bueno en moral o lo justo en derecho son resultado de una evidencia intelectual o emotiva sin que puedan demostrarse esos principios en la satisfacción; las teorías intuicionistas en moral y por ende con relación a la justicia conllevan pluralidad de principios que pueden estar en conflicto y proponer soluciones contradictorias en casos particulares. No otorgan reglas de prioridad para aplicar esos principios, se valoran o aprecian intuitivamente, es decir, por el grado de vivencia de su verdad para quien tenga que formular un juicio más correcto. En todo esto deberá tomarse en cuenta la estructura básica: la Constitución y los sistemas económico y social para lograr ese equilibrio, algo muy difícil para el intuicionista.

Se insiste en la necesidad de reflexionar y aplicar principios diversos de la forma más correcta para resolver con justicia situaciones concretas; sin apelar a criterios constructivistas, es decir, sin pretender que un sistema ético sea construido a base de simples conceptos y se convierta en una limitación para el que juzga, o algo que se reconoce como moral, o se intente igualmente aplicarlo sin discernimiento o juicio a una situación concreta, lo que finalmente es una limitación del intuicionismo.

Lo anterior no significa que Rawls se adscriba a la moral del intuicionismo para formular su teoría, puesto que al lado del elemento moral para lograr la justicia es importante la asignación de valores; la regla es una convención constructiva que genera en una promesa obligaciones, en cambio el principio de fidelidad es más un principio moral o consecuencia del principio de imparcialidad, mediante promesas los miembros de una sociedad tratan de establecer y equilibrar esquemas de cooperación y de transacción. A través de las promesas se pretende que las intenciones sean públicamente conocidas, obligando a que esa promesa sea respetada y la obligación cumplida; esto sucede en una sociedad bien ordenada, con régimen de derecho y una formación ética. Por eso Rawls escribe: "Así, junto con la mayoría de las teorías éticas, la justicia como imparcialidad sostiene que los deberes y las obligaciones naturales sólo se producen en virtud de los principios éticos".

El autor reconoce el nexo que se establece entre la justicia como fin del derecho y los principios morales como su complemento, en última instancia su fundamento radica en no confundir ambas esferas de la conducta humana, el derecho y la moral, pero sin separarlas como es la tendencia contemporánea. En todo esto juega un papel importante la razón de las personas que viven en sociedad; por eso las promesas para la colaboración entre los individuos son tan importantes en una sociedad sana y dinámica, suponen la buena fe, es decir, la fidelidad, y esta es una norma ética.

Rawls considera que en una sociedad con régimen de derecho, el procedimiento de justicia, intenta equilibrar las pretensiones de las mayorías y las minorías a través de la aplicación de los dos principios de justicia, unido a sanas políticas legislativas, sin que se intente la absoluta justicia como imparcialidad. En síntesis, para Rawls, la relación entre mayorías y minorías para alcanzar la justicia, va a depender de la observancia en general de los dos principios y del voto razonado de los legisladores. "Cada legislador racional ha de votar su opinión acerca de cuáles leyes y programas se adaptan mejor a los principios de justicia"8.

De todas maneras los principios de la justicia y las reglas de grupos mayoritarios y minoritarios se vinculan a temas de gran importancia como la desobediencia civil y la objeción o rechazo de conciencia. Las personas pueden tener perturbada la conciencia cuando pretenden imponer conductas contrarias a los principios éticos o de justicia; lo que se debe respetar es a la persona y no tanto sus opiniones, máxime cuando éstas son contrarias a los principios y leyes más generales o universales que vulneran la situación original.

La imparcialidad y la prudencia son elementos del entendimiento y de la sensibilidad, que permiten hacer bien las cosas en una sociedad bien ordenada; cuando las sociedades viven en la incertidumbre o han perdido la fe en sus valores establecidos, Rawls afirma que esos grupos buscan las virtudes de la integridad: "Veracidad y probidad, claridad y responsabilidad o, como algunos dicen, autenticidad". Las sociedades desordenadas viven en el miedo y la incertidumbre al perder la confianza en sus valores, en consecuencia buscan las virtudes de la integración como la veracidad, la probidad, la lealtad y la honradez en una atmósfera de responsabilidad o autenticidad; las virtudes de la integridad figuran entre las excelencias de las personas libres.

En cuanto al concepto de la unión social - entendido como una serie de agrupamientos sociales para distintos fines - se manifiesta en el bien de la comunidad. Rawls distingue entre la sociedad privada o pequeñas comunidades de individuos y la sociedad pública que reúne o integra a todos, en la primera predominan los intereses particulares y en la segunda se busca encontrar los bienes en común, en especial consensos y acuerdos. La naturaleza social de los seres humanos se muestra en esas dos modalidades de vida, las cuales expresan formas diferentes, pero también comunes que de alguna manera son complementarias. Es indispensable reconocer las múltiples diferencias entre las personas que van desde la condición sexuada hasta sus muy íntimas aficiones.

Hay una pluralidad de vida y actividades, y al mismo tiempo una búsqueda por encontrar elementos comunes. Todo esto conforma la vida social y cultural de la humanidad. "Lo esencial es que haya un fin último compartido y unas formas acentuadas de favorecerlo que permitan el público reconocimiento de las conquistas de todos. Cuando este fin se logra, todos encuentran satisfacción exactamente en lo mismo, y este hecho, unido a la complementariedad del bien de los individuos, afirma el vínculo de la comunidad".

En una sociedad sana y democrática tiene que haber lugar para la vida personal, íntima, con sus fines propios y al mismo tiempo elementos en común que compartan todos los miembros de la sociedad. De no darse esta vinculación todos corren el riesgo de perder sus libertades y bienes materiales. Solamente se construye una comunidad integrando los contenidos personales con los sociales.

Los principios de la justicia, en consecuencia, se relacionan con la sociabilidad humana. Una sociedad bien ordenada es una forma de unión que Rawls también designa como unión de uniones sociales. Cada ciudadano desea que todos - incluso él mismo - actúen de conformidad a los principios de una situación inicial de igualdad. Así, se vinculan los elementos de la vida privada y de la pública, los proyectos racionales de vida personal con los públicos. Por eso, la justicia es una forma preeminente para el desarrollo humano.

La división del trabajo tiene que ser tomada en cuenta para alcanzar la justicia. Rawls considera que nadie necesita depender servilmente de otro ni está destinado para elegir entre ocupaciones monótonas que embotan el pensamiento y la sensibilidad. "La división del trabajo es superada, no por cada uno que logra hacerse completo en sí mismo, sino por el trabajo voluntario y significativo, dentro de una justa unión social de uniones sociales, en la que todos pueden participar libremente según sus inclinaciones"9.

Para lograr la justicia distributiva es indispensable una adecuada división del trabajo, en este punto, el autor reconoce la importancia del trabajo, sin pretender sacralizarlo, otorgándole un estatuto más flexible para que sea un vehículo de liberación personal, con un carácter más significativo a los intereses de quien lo desempeña y no tanto como un puro afán mercantil de competencia social.

La persona anhela ante todo conocer el bien y fortalecer su sentido de la justicia. Sin embargo, Rawls no admite que los bienes se puedan imponer exclusivamente por tener un contenido, sino como resultado de un acuerdo en la posición original, cuyo punto de orientación es la racionalidad y el afán de justicia. Tanto los principios éticos como los principios jurídicos se eligen en el contrato social, por cuanto la humanidad tiene una naturaleza moral.

En síntesis, la teoría de la justicia para Rawls pretende unir la vida privada con la vida pública, el bien de la ética con el bien de la justicia, vinculándolas sin confundirlas para reconocer el valor de la persona libre en la sociedad tratando de formular acuerdos en sus múltiples diferencias. "La perspectiva de la eternidad no es una perspectiva desde un cierto lugar más allá del mundo, ni el punto de vista de un ser trascendente, más bien, es una forma de pensamiento y de sentimiento que las personas racionales pueden adoptar en el mundo"10.

La justicia escolar.

En el primer capítulo de su libro Connell distingue diferentes usos del concepto de justicia, "justicia distributiva" que se refiere a quiénes reciben determinado bien social y cuánto reciben de él. Por otra parte hace hincapié en el concepto de justicia que se refiere a la obtención de aquello que uno merece, "justicia penal" o "justicia salarial" son ejemplos de esto. Señala Connell que, para Rawls, la justicia es un problema de honestidad en la distribución de los bienes, cuyo criterio normal es la igualdad; afirma que para el caso de la justicia social en educación, ambos usos del término convergen. Es decir, tanto la posibilidad de obtención de un bien como la distribución equitativa del mismo, son cuestiones que hacen a la “justicia escolar”.

Sin embargo, a pesar de inspirarse en la filosofía rawlsiana, encuentra cierta dificultad a la hora de aplicar ese concepto de justicia: “Lo que uno 'se merece' puede variar significativamente entre unos individuos y otros, como suponen las leyes penales. Pero es difícil imaginar cómo todo un grupo social puede merecer más o menos educación que otro; así, pues, este concepto también apunta hacia la igualdad"11

Dos cuestiones son importantes en el tratamiento de la justicia escolar: una es el planteamiento del acceso a la escolarización y los títulos formales; otra, a la igualdad de oportunidades de acceso a los niveles superiores y selectivos de la educación formal. Connell advierte que en la base de la justicia distributiva existe un error de planteamiento, ya que no es posible ofrecer el mismo tipo de educación, en términos curriculares, a individuos que pertenecen a diferentes clases sociales. Su propuesta pasa por acuñar un término que resuelva este problema, ese concepto lo entiende como “justicia curricular”.

Para desarrollar su tesis, comienza por distinguir diferentes tipos de pobreza, porque entiende que el principal factor de desigualdad es la pobreza en la población en general y en la población particular que es destinataria de los distintos niveles de la educación formal. Existen tres tipos de pobreza, siguiendo el planteo de Connell: el tipo 1 que es la pobreza más extendida, "(...) es la relativa a las comunidades rurales del tercer mundo, incorporadas a la economía capitalista mundial pero privadas de la mayor parte de sus beneficios, que viven en una cierta combinación de agricultura de subsistencia, cosechas de consumo inmediato y trabajo asalariado irregular"12

Las cuestiones educativas en este nivel se centran en la alfabetización de adultos y la escuela elemental como forma social. El tipo 2 tiene que ver con las poblaciones urbanas con economías de salarios bajos, como las de México y Calcuta, en las que las cuestiones educativas se centran en la migración desde el campo empobrecido al mercado urbano no regulado y a la explosión de crecimiento urbano en general. Por último, el tipo 3, que es la pobreza que resulta de la desigualdad en las economías de salarios elevados, Canadá, Estados Unidos, Australia. Aquí los pobres se definen trazando una línea de pobreza a lo largo de la distribución de ingresos que se fijan en el cálculo sobre las necesidades alimenticias mínimas de los grupos familiares. Este autor advierte sobre las dificultades que traen aparejadas las tendencias de aplicar enfoques pedagógicos que surgen del análisis de poblaciones propias del tipo 1 de pobreza, como por ejemplo, los realizados por Paulo Freire en América Latina, o los estudios desarrollados en un contexto de tipo 2 por el antropólogo Oscar Lewis, estos análisis resultan peligrosos y acríticos cuando se dirigen al tipo 3.

Las situaciones de desventaja originadas por aspectos socio-económicos desiguales, han sido atendidas en países desarrollados por programas de la denominada educación compensatoria. Estos programas tienen diferencias de aplicación en los países que se llevan a cabo, pero todos tienen en común un objetivo fijo que es el de considerar como destinatarios a los niños que se encuentran en la línea de pobreza. "Estos programas se iniciaron cuando se hizo evidente que la gran expansión de los sistemas educativos a lo largo del siglo XX no había sido capaz de garantizar la justicia social. Merece la pena recordar que a principios de este siglo la mayor parte de los sistemas educativos estaban deliberadamente estratificados. Se segregaba según la raza, el sexo y la clase social, se orientaba hacia instituciones académicas o técnicas, y se dividía entre lo público y lo privado, protestante o católico"13

Los economistas del bienestar propusieron el desarrollo de programas educativos para la población que se encontraba en situaciones de desventaja, sin embargo el impacto de dichos programas tuvo resultados más beneficiosos para los adultos que para los niños. Para los analistas económicos los niveles más bajos de educación se encontraban en los sectores de la población con mayor tasa de desempleo y menores salarios, por ese motivo la educación compensatoria se propuso como una posible salida para evitar la herencia inexorable de la pobreza. Connell sostiene que se ha dado un planteamiento falso del problema de la pobreza desde las ciencias sociales y las propuestas políticas que se han realizado para estos programas de educación compensatoria. Un error se basa en la creencia en que las desigualdades educativas son un problema de minorías desfavorecidas, en este punto las cifras que ofrece el autor corresponden a estudios realizados en países como Estados Unidos y Canadá, lo que nos interesa es seguir su planteo teórico en vez de comentar los ejemplos de situaciones concretas. Otro error se sostiene en la creencia que los pobres son culturalmente diferentes de la mayoría. La tesis de la "cultura de la pobreza" investiga - con escaso éxito - rasgos psicológicos o actitudinales que sean distintivos de los niños pobres. Otro falso supuesto es la creencia de entender las reformas educativas como problemas técnicos, que requieren la aplicación de conocimientos basados en la investigación científica. Destaca el movimiento de "escuelas eficaces" que intentaron dar una solución instrumental a los problemas de desigualdad.

Para el autor estas creencias son propias de las políticas neoconservadoras que solamente continúan con los prejuicios de principios de siglo XX acerca de los grupos menos favorecidos; para los conservadores, los pobres eran responsables en gran medida de su infelicidad. Connell destaca la necesidad de un cambio de curriculum, de enfoques pedagógicos y métodos de enseñanza en estos programas de educación compensatoria o en los programas para los desfavorecidos, como es el caso del Disadvantaged Schools Program de Australia. Los aspectos que deberíamos tener en cuenta son: la forma institucional del sistema educativo, haciendo el análisis de los criterios de "selectividad" para acceder a los niveles superiores. Otro es el relativo a los matices económicos de la educación como un aspecto de la justicia social, es necesario analizar las diferencias en el gasto destinado a la educación en general y a cada uno de sus niveles o ciclos. Otro aspecto es el de considerar a la escuela como un lugar de trabajo, como una institución que en sus prácticas habituales pueden favorecer la exclusión. Por último, debemos tener en cuenta la historia social del curriculum, aquí Connell pone el énfasis en lo que denomina “curriculum hegemónico” que es socialmente dominante.

Sobre esto último afirma: "Históricamente, este curriculum nació de las prácticas educativas de los hombres europeos de clase alta. No es extraño que encarne su particular visión del mundo. Se convirtió en dominante en los sistemas educativos de cobertura universal durante los últimos 150 años, con el éxito que los representantes políticos de los poderosos obtuvieron en la marginación de otras experiencias y de otras formas de organizar el conocimiento"14

Una nueva propuesta curricular debe tener presente los cambios en la función social de la educación y del conocimiento organizado en conjunto. "La orientación de los jóvenes hacia diferentes destinos educativos y económicos debe integrarse en los procesos sociales de la creación de 'destinos' desiguales hacia los que orientar". En cuanto a la relación que guarda la escuela con las desigualdades que se presentan en la sociedad, Connell no está de acuerdo con el planteo de Pierre Bourdieu, dice que la escuela no es el espejo de las desigualdades, pero participa en forma decisiva en la producción de las jerarquías sociales. "Seleccionan y excluyen a sus propios clientes; abastecen los mercados de trabajo credencialistas; producen y distribuyen ciertos tipos de conocimientos a determinados usuarios". Para el autor las categorías de "capital cultural" y "reproducción social" resultan estáticas y no dan cuenta suficiente de la complejidad que existe en la escuela como lugar de trabajo y de los docentes como empleados. El eje de la propuesta de Connell se centra en el curriculum. Para él, el curriculum hegemónico: "margina otras formas de organización del conocimiento (...) está integrado en la estructura de poder de las instituciones educativas" y "ocupa todo el espacio cultural, al definir las ideas sobre lo que debe ser el aprendizaje que el sentido común dicta a la mayoría de las personas".

A continuación haremos referencia a la propuesta del autor dentro de la noción de justicia curricular. Para Connell los contenidos de la enseñanza deben estar orientados al tipo específico de pobreza del grupo destinatario de la educación y su propuesta pasa por lo que él denomina curriculum contra-hegemónico. "La justicia requiere un curriculum contra-hegemónico diseñado para materializar los intereses y las perspectivas de los menos favorecidos". Se inspira en una cita de Rawls, en la que el filósofo dice que la educación debe servir específicamente a los intereses de los grupos "menos favorecidos". Presenta, entonces, tres principios para construir un modelo operativo de la justicia curricular: los intereses de los menos favorecidos, participación y escolarización común y la producción histórica de la igualdad.

Para Connell el curriculum hegemónico encarna los intereses de los grupos más favorecidos y no atiende en modo alguno a las características que hacen a la diversidad, programas para mujeres jóvenes, para comunidades aborígenes, alfabetización de adultos, etc. ¿Qué garantiza la justicia social para el autor? En primer término cambiar el punto de partida y reconstruir el curriculum vigente para que represente los intereses de los menos favorecidos. En segundo lugar debemos tener en cuenta los distintos motivos de la desigualdad, los problemas de género, sexo, clase, raza, etnia, regiones y nacionalidades. El curriculum contra-hegemónico debe responder a la variedad, a la diferencia. Con relación al segundo principio, la escuela debe preparar a la participación en una sociedad democrática; en un curriculum común a todos, lo común es considerar a todos como ciudadanos que no deberían recibir las decisiones que otros han tomado. Tener presente la diversidad al momento de diseñar un curriculum contra- hegemónico no debe llevarnos a olvidar que todos deben hacer ejercicio de la ciudadanía.

En el tercer principio, la producción histórica de la igualdad, existe un conflicto entre el criterio de la ciudadanía participativa, que exige un curriculum común, y el criterio que pretende servir a los intereses de los menos favorecidos. Siguiendo a Rawls en su propuesta de un "orden léxico", "(...) se puede decir que la participación tiene prioridad, y que el criterio de los menos favorecidos se aplica después de cumplirse el criterio de la participación"15

Cuando Jean Jacques Rousseau se preguntaba por el origen de las desigualdades, afirmaba que las mismas se generan en el seno de la sociedad ya que no son propias del estado de naturaleza, esto significa que las desigualdades pueden ser evitables modificando el tipo de organización social (pacto). Para Connell la justicia social no está orientada a evitar las desigualdades sino a producir históricamente una situación de igualdad. John Rawls desarrolla en el Capítulo VIII "El sentido de la justicia", de su Teoría de la justicia, bajo el título "La base de la igualdad" su concepción sobre la igualdad.

Rawls distingue tres niveles en la aplicación del concepto de igualdad: "El primero es a la administración de las instituciones como sistemas públicos de normas. En este caso, la igualdad es esencialmente la justicia como regularidad. Implica la aplicación imparcial y la interpretación coherente de las normas de acuerdo con preceptos tales como el de tratar los casos similares de un modo similar (...) La segunda aplicación de la igualdad, mucho más difícil, es la que se establece con la estructura sustantiva de las instituciones. Aquí, el significado de igualdad se especifica mediante los principios de la justicia que requieren que a todas las personas se asignen derechos básicos iguales (...) Tenemos que considerar todavía a qué clase de seres se deben las garantías de la justicia. Esto nos conduce al tercer nivel en el que se plantea la cuestión de la igualdad (...) la igualdad de la justicia se debe a los que tienen la capacidad de tomar parte en la pública comprensión de la situación inicial, y de actuar de acuerdo con ella (...) Vemos, pues, que la capacidad de personalidad moral es condición suficiente para tener derecho a una justicia igual"16

Queremos destacar una noción de igualdad que, básicamente, corresponde a la antropología, ser iguales - en principio - significa considerarnos como humanos, como semejantes, como sujetos de derecho. La igualdad ante la ley, el tratamiento de la norma y la capacidad moral de cada uno de comprender y aceptar lo que las leyes permiten y prohíben, lo que se prescribe en lo normado, tiene dos aspectos: uno que hace a la aptitud como seres racionales y otro a la posibilidad de educarnos en la civilidad. En el contractualismo clásico la igualdad está dada por naturaleza; Rawls reemplaza el estado de naturaleza por la posición original, pero en esa posición original - como situación hipotética - ya están presentes las desigualdades que, por el “velo de la ignorancia”, no son tenidas en cuenta por los participantes.

En definitiva se trata de convencer a los más favorecidos a abogar por los menos favorecidos, por lo tanto la desigualdad es irremediable.

El énfasis puesto en el curriculum contra-hegemónico que, suponemos, debería formar en la conciencia de género y en la conciencia de clase, por ejemplo; puede transformarse en una pedagogía de la pobreza, en un proyecto para pobres. En términos de la propuesta de Connell, este tipo de curriculum construiría históricamente situaciones de igualdad en el futuro. Para el autor, el curriculum injusto niega los intereses de los menos favorecidos; favorece el mayor grado de participación ciudadana por los más favorecidos y no tiene en cuenta la producción histórica de la igualdad. Diferencia tres tipos de lógicas en la formación del curriculum. Una es la lógica de la compensación, que es la utilizada en los programas de educación compensatoria de los años '60 y '70. "Por lógica 'compensatoria' entiendo el principio que se sigue cuando se suministran recursos adicionales a las escuelas que atienden a comunidades en situación de desventaja. La idea es sentar a los desfavorecidos a la misma mesa en las que los privilegiados ya están comiendo"17 Otra es la lógica del curriculum oposicionista, que se opone al curriculum general.

Cada situación en especial debe tener un curriculum propio, se trata de algo separado y dirigido a grupos que se identifican por alguna característica en particular. Esta lógica está representada por los estudios sobre negros, los estudios de mujeres y los estudios de aborígenes que se imparten en universidades. Por último, la lógica del curriculum contra-hegemónico. "Es la que intenta generalizar el punto de vista de los desfavorecidos, antes que separarlo en un enclave diferente. Hay un intento de generalizar una idea igualitaria de la buena sociedad a través del curriculum general. Ésta continúa siendo la base de la reflexión sobre el curriculum cuando se inicia la reforma desde la posición de las personas desfavorecidas para reconstruir todo el sistema"18 Los principales agentes del cambio curricular son los profesores, debido a que ellos conocen las características de cada grupo y de cada institución. Estas lógicas no son excluyentes entre sí, lo ideal, según el autor, es pasar de la primera a la tercera paulatinamente.

Una observación que nos queda por hacer es, que ante una lectura "neoliberal" de la justicia, desembocamos muchas veces a partir de estos análisis en una naturalización de la pobreza y en una pedagogía que tiene como destinatarios a los menos favorecidos - para utilizar el lenguaje de Connell - que deben aprender a administrar la pobreza.

Un estudio de las desigualdades que no tenga en cuenta la acumulación creciente de capital, los modos de producción actuales, las causas del desempleo, entre otros aspectos; puede transformarse en un enfoque teórico ingenuo a la hora de entender la pobreza. Y, aún en la teoría liberal clásica, o en la versión neo-contractualista de Rawls, se ubica en la base del tratamiento de la igualdad, la capacidad que tienen todos los sujetos de conciencia moral, cuando entendemos que esa base o ese punto de partida debería ser la conciencia política.




Dra. Angelina Uzín Olleros

Doctora en Ciencias Sociales (UNER) Master en Filosofía Contemporánea (Paris 8). Magíster Scientiae en Educación (UNER) – Universidad Autónoma de Entre Rios–. Profesora Regular Ordinaria en la cátedra de Ética en la carrera de Filosofía (FHAyCS-UADER) y Coordinadora de la Carrera de Filosofía (FHAyCS-UADER). A cargo del Seminario de Epistemología en la Facultad de Ciencias Médicas (UNR) en la Maestría de Psicopatología y Salud Mental. Profesora Titular de la cátedra de Psicología, Ética y DDHH en la Carrera de Psicología (FHAyCS-UADER).



BIBLIOGRAFÍA:

Connell, Robert. W. Escuelas y justicia social. Morata. Madrid. 1999.

Delacampagne, Christian. Historia de la filosofía en el siglo XX. Península. Barcelona. 1999.

Rawls, John. Sobre las libertades. Barcelona. Paidós. 1996.

Rawls, John. Teoría de la justicia. Fondo de cultura económica. México. 1997.


Fecha de Recepción: 20 de marzo de 2016

Fecha de aprobación: 22 de abril de 2016



Citar este Artículo:

UZÍN OLLEROS, Angelina, “La irremediable desigualdad, una pedagogía de la pobreza”, Revista Observaciones Filosóficas Nº 21 – 2015, ISSN 0718-3712


1 Uzín Olleros, Angelina. Consideraciones en torno al problema de la justicia. Desde una filosofía política de la educación. Editorial Académica Española. Saarbrücken. 2012. Fragmento de los capítulos 5 y 6. ISBN: 978-3-659-01182-5

2 Rawls, John. Teoría de la justicia. México. Fondo de cultura económica. 1997. Pág. 25.

3 Rawls, John. Obra citada. Pág. 27.

4 Rawls, J. Obra citada. Página 27.

5 Rawls, J. Obra citada. Pág. 34.

6 Rawls, J. Obra citada. Pág. 38.

7 Rawls, J. Obra citada. Pág. 44.

8 Rawls, J. Obra citada. Pág. 329.

9 Rawls, J. Obra citada. Pág. 478.

10 Rawls, J. Obra citada. Pág. 530. i

11 Connell, R. W. Escuelas y justicia social. Morata. Madrid. 1999. Pág. 24.

12 Connell. R. W. Obra citada. Pág. 30.

13 Connell, R. W. Obra citada. Pág. 32.

14 Connell, R. W. Obra citada. Pág. 38.

15 Connell, R. W. Obra citada. Pág. 68.

16 Rawls, J. Teoría de la justicia. Fondo de cultura económica. México. 1997. Pág. 454-455.

17 Connell, R. W. Obra citada. Pág. 74.

18 Connell, R. W. Obra citada. Pág. 76.

Revista Observaciones Filosóficas - Nº 22 / 2016




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