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Schopenhauer: la voluntad, el libre albedrío y el problema de la libertad

Schopenhauer y la libertad de la voluntad: si la voluntad es un impulso ciego que gobierna el mundo, ¿queda espacio para el libre albedrío? Su respuesta desplaza la libertad del querer a su negación.

Actualizado · 14 may 2026

Schopenhauer: la voluntad, el libre albedrío y el problema de la libertad

El nombre de Schopenhauer se asocia de inmediato al pesimismo, pero su filosofía es, antes que nada, una metafísica de la voluntad. La voluntad de Schopenhauer no es un querer racional: en El mundo como voluntad y representación sostiene que bajo la superficie ordenada de lo real late un impulso ciego. Comprender la relación entre Schopenhauer y la libertad exige seguir ese hilo: si esa voluntad lo gobierna todo, ¿qué queda del libre albedrío?

La voluntad como esencia del mundo

Schopenhauer parte de Kant y radicaliza su distinción entre fenómeno y cosa en sí. El mundo que conocemos es «representación»: aparece según las formas de nuestra mente. Pero de la cosa en sí tenemos un acceso privilegiado a través de nuestro propio cuerpo, que vivimos desde dentro como voluntad. La voluntad de Schopenhauer no es un querer racional, sino un afán sin objeto ni término: la misma fuerza que empuja a la piedra a caer, a la planta a crecer y al hombre a desear.

El libre albedrío: querer lo que se quiere

De ahí su célebre tesis sobre el libre albedrío. El hombre, dice Schopenhauer, puede hacer lo que quiere, pero no puede querer lo que quiere. Los actos brotan de un carácter innato e inmutable que no elegimos; dadas unas circunstancias, obramos con la misma necesidad con que la naturaleza sigue sus leyes. La sensación de libertad es real, pero se refiere a la ausencia de obstáculos externos, no a una causalidad incondicionada de la voluntad. En rigor, la conducta es necesaria.

Schopenhauer y la libertad: una libertad por negación

¿Significa esto que no hay libertad alguna? La respuesta de Schopenhauer es sutil. La libertad no está en el acto de querer —siempre determinado— sino en la posibilidad de negar la voluntad de vivir. A través de la contemplación estética el sujeto se aquieta un instante; a través de la compasión reconoce en el otro la misma voluntad que lo habita; y a través de la ascética suspende deliberadamente el empuje del deseo. Es una libertad por renuncia: el único margen frente a un mundo que, de suyo, es pura voluntad.

Del pesimismo a una ética de la compasión

El pesimismo de Schopenhauer se sigue de este planteamiento: un querer insaciable condena la vida a oscilar entre el dolor de la falta y el tedio de lo logrado. Pero el diagnóstico no termina en la resignación. De la conciencia de que todos padecemos la misma voluntad nace una ética de la compasión —fundamento de la moral, según su tratado Sobre el fundamento de la moral— que influiría en Nietzsche, en Wagner y en buena parte del pensamiento posterior.

Preguntas frecuentes

¿Qué es la voluntad en Schopenhauer?

Para Schopenhauer la voluntad es la esencia íntima del mundo: un impulso ciego, sin fin ni razón, que se manifiesta en todo lo que existe. Lo que percibimos como realidad ordenada (la «representación») es la cara visible de esa voluntad que empuja sin descanso.

¿Cree Schopenhauer en el libre albedrío?

Schopenhauer niega el libre albedrío en el sentido corriente. Sostiene que el hombre puede hacer lo que quiere, pero no puede querer lo que quiere: el carácter con que cada uno actúa está dado, y por eso la conducta es necesaria, no libre.

¿Dónde sitúa Schopenhauer la libertad, entonces?

No en el acto de querer, sino en su negación. La libertad aparece cuando el sujeto, a través del arte, la compasión y sobre todo la ascética, deja de identificarse con la voluntad de vivir y suspende su empuje. Es una libertad por renuncia, no por elección.

¿Qué relación tiene esta idea con el pesimismo de Schopenhauer?

Si la voluntad es un querer insaciable, la vida oscila entre el dolor de la carencia y el hastío de la satisfacción. De ahí el pesimismo: la existencia no tiende a la felicidad. Pero de ese mismo diagnóstico Schopenhauer extrae una ética de la compasión y una vía de liberación.