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Revista Observaciones Filosóficas


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Autores: Peter Sloterdijk

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art of articleart of articleSloterdijk; organicidad metafórica, modelos de comunicación y crítica del psicoanálisis fundacional

Lic Carlos Reyes González - Universidad Católica del Norte
Resumen
El presente trabajo busca dar cuenta de las críticas a la modernidad que subyacen en la Filosofía esferológica de Peter Sloterdijk, esto a través de la revisión que el autor hace de la doctrina psicoanalítica de las fases, a partir de la crítica propuesta por el antropólogo de los medios Thomas Macho, quien cuestiona la “objetualidad” presente en la Teoría del desarrollo Psicosexual de Freud, y su consecuente imposibilidad de acceder a la dimensión fetal (“etapas preorales”) de la conformación intrapsíquica. De lo anterior, se realiza un análisis de la preoralidad y la postnatalidad (interioridad y exterioridad) en relación al Principio de Realidad psicoanalítico y la preeminencia del individuo post-fetal en la actualidad. Se analiza la organicidad como principio articulador de toda realidad moderna, para lo cual, se citan a Gendlin, filósofo y psicólogo alemán y a Humberto Maturana, biólogo y espistemólogo chileno, con el propósito de mostrar la diferencia entre la concepción orgánica tradicional y la inteligente y original organicidad metafórica (meta-moderna) de Peter Solterdijk.

Palabras Claves
metáfora, psicoanálisis, ontología, pre-oralidad, interioridad, exterioridad, organicidad, lenguaje, cientificismo modernidad-postmodernidad, psico-arqueología analítica, modelos de comunicación. 
I

Sloterdijk en el excurso dos del capítulo cuatro de Esferas I, Burbujas, se propone una revisión crítica al Psicoanálisis más temprano a la luz de las “investigaciones prenatales recientes y las transpopsiciones conceptuales de las nuevas filosofías de los medios”1. Apoyado en las argumentaciones propuestas por Thomas Macho2, realiza una revisión de la doctrina psicoanalítica de las fases.

Para Sloterdijk uno de los problemas fundamentales de la doctrina de Freud radicó en el forzado intento por asimilar la disciplina a los imperativos sociales heredados de la ilustración “…Freud con buen juicio, no quiso hacer proclamaciones ruidosas; sabia que hubiera sido fatal para el movimiento psicoanalítico que él lo hubiera implicado en una batalla cultural entre modelos de comunicación oculto-arcaicos y moderno-ilustrados”3. Para Macho, el psicoanálisis en su lenguaje teórico, queda prisionero de la gramática occidental antigua, pese a que “en sus arrangements de encuentro hubiera podido descubrir hace tiempo motivos para abandonar las aparentes relaciones sujeto-objeto en los procesos mediales”4.

Es así como las construcciones de las etapas psicosexuales de Freud quedan enmarcadas y atrapadas en el “prejuicio objetivante”. Cada fase tiene su objeto como polaridad necesaria para su actuación. Así por ejemplo, la etapa más temprana, la oral, requiere de boca y seno materno para su realización. El modo de relación y el contacto entre ambos, promoverán el desarrollo de dinámicas intrapsíquicas que acturán como patrones predisponentes en las futuras relaciones del individuo en cuestión.

Macho propone ir más atrás y más allá del concepto freudiano primario; en la metafórica de Sloterdijk, pretende como buen espeleólogo examinar ginecológicamente la caverna originaria no-objetual, la vulva5, para de esta manera complementar la psico-arqueología analítica necesaria para comprender aun de mejor manera lo que el psicoanálisis y las corrientes magológicas antiguas ya han comenzado6.

El autor citado por Sloterdijk, señala que antes de la fase oral se podrían considerar tres fases, que serian efectivamente las más tempranas en la constitución psiconémica del “sujeto”. En la primera de ellas, la fase de cohabitación fetal, el niño en gestación experimenta presencias sensoriales mediales no-objetales con los cuerpos orgánicos líquidos y sólidos que conforman su entorno primigenio, cuerpos que se constituyen en asomo de cosas “contenidos de un primer ahí desde el que se concibe un primer aquí”7, sombras de objeto que acompañan el mundo en gestación del “ser humano en suspensión”.

La cosificación y la objetivación quedan aquí suspendidas; la “regresión original” trasciende los límites de la post-natalidad, por tanto, las relaciones diádicas no se constituyen en correspondencias claramente delimitadas en los puntos de emisión y recepción a la manera tradicional de las transferencias comunicacionales, sino mas bien, se corresponden a una díada que tiene su origen en “un mas atrás del mismo lenguaje”.

La coincidencia con el modelo psicoanalítico vienés y gran parte del actual (por guardar proporciones) con la psicología que se extrae de la antropología ontológica de Sloterdijk, consiste en una búsqueda originaria arcaica, de la cual, se remolcan huellas némicas predisponentes en los “movimientos” humanos. Es la búsqueda, en el caso de Sloterdijk, de la íntima “Atlántida que se sumergió al momento del nacimiento”8, pre-mundo, si así se le puede “nombrar”, sumergido mas allá del caos inconsciente y a-real Freudiano.

Es interesante detenerse aquí un momento. Para el psicoanálisis ortodoxo y gran parte del actual, el inconsciente, si bien, se constituye en una dimensión animada fuertemente influyente en nuestro devenir, un dialogador con el si mismo9, no constituye ninguna dimensión proto-real de la cual se extenderá la conformación espacial futura, ya sea en mínimos íntimos (dualidades tempranas), ni en mundo o esferas multipolares. La relación inconsciente-realidad, es precisamente una “relación”.

En este sentido, el “individuo” al instante de su emergencia como individuo post gestacional, es puro Ello, y por tanto, no regido por ninguna logicidad. Es pura energía libidinal que busca seguir su dirección y no ser contenida (principios placer y displacer). El inconsciente, que en este momento del desarrollo se expresa libremente, tiene que lidiar con las “fuerzas externas impuestas por la realidad” (lo que el Psicoanálisis temprano denominará como el Principio de Realidad). Es esta relación (entre inconsciente y realidad), la que en su choque de fuerzas modela y dinamiza la constitución intrapsíquica de cada “individuo post-gestacional”.

II
La relación psicoanalítica, si bien coincide con la proposición de Sloterdijk de que en el regreso (regresión) esta el encuentro de las huellas némicas originarias, en Freud no existe correspondencia entre gestación y postnatalidad. En el filósofo la vida interior representa un equivalente a la exterioridad, “no es el fuera (realidad) el que modela el caos individual”; tampoco fuerzas opositoras Hegelianas, sino mas bien, la íntima unicidad entre lo interior y lo exterior, de hecho y a manera de las tradiciones Taoistas “lo interior precede a lo exterior”10.
Sloterdijk cita a Macho para expresar el error metafísico Freudiano, error que no solamente se expresa en la negación metafísica a partir de la obstinación cientificista del Psicoanálisis fundacional, si no mas precisamente, queda preso de la gramática occidental antigua, de las herencias objetivadoras y mecanicistas de la ilustración.
Este error, evidencia en Freud, una actitud obstinada por pertenecer, una disposición firme en la dirección del bullicio social de una “validación sensata”. Una admisión, que garantice un espacio de poder en la comunidad moderna de principios del siglo XX. En tiempos predominantemente cientificistas y positivistas, bien había que valerse del lenguaje de la ciencia para que el psicoanálisis no corriera la suerte de disciplinas psíquicas anteriores que pecaron de impermeables y obstinadas frente a las fuerzas inclusivas de la modernidad. Es dudoso, dice Sloterdijk, -en el segundo volumen de su trilogía Esferas, Globos-, que Freud fuera bien aconsejado al interpretar el sufrimiento del duelo mediante el concepto de Trauerarbeit (trabajo de duelo)11, pues tal ves con ello se amparó de caer en interpretaciones blasfémicas no-objetales.
Sloterdijk, al igual que Freud, percibe que en el pasado se encuentran las huellas mnémicas originarias de la constitución psíquica del hombre; la novedad y, por tanto, la diferencia con el modelo Freudiano, esta en la precaución de Sloterdijk de caer en las fuerzas totalizadoras y doctrinarias imperantes. Es por ello, que prescinde de la linealidad estática de la gramática humanista-occidental, evitando el concepto relacional (que lleva implícito el concepto yo no-yo) para hablar de acontecimientos mediales: “Sólo una elaborada teoría de la mediación psicosomática podría llevar un día a representar el íntimo tejido de la díada mas temprana en un lenguaje oportuno, finalmente entramado, de disolubilidad mutua y de suspensión en un éter de relación bipolar”12.
El lenguaje en Freud queda subsumido por las reglas de la exterioridad, exterioridad ficticia que afecta incluso las supuestas reglas a-lógicas del mismo inconsciente. En otras palabras, “el mismo inconsciente queda reglamentado”, o si se quiere antropomorfizado, constituyéndose el modelo Freudiano en una paradoja paradigmática del lenguaje de la modernidad reciente. Desde la perspectiva de Nietzsche, parte importante del inconsciente lo conforman las mentiras olvidadas de la herencia cultural, “El hombre es un animal social y ha adquirido el compromiso moral de “mentir gregariamente”, pero con el tiempo y el uso inveterado...se olvida [...] de su situación [...] por tanto miente inconscientemente y en virtud de hábitos seculares y precisamente en virtud de esta inconsciencia [...] de este olvido, adquiere el sentimiento de verdad”13.
La oscuridad originaria (el verdadero inconsciente para Sloterdijk) no se encuentra en un frente ocular; ninguna autobiografía, ni ninguna gramática accede al pasado oriundo, “nunca la escritura penetra lo suficiente en la negrura propia. No podemos poner por escrito lo que somos al comienzo”14.
En este sentido Freud, el Neurólogo, pese a concebir organicidad15 en sus fundamentos teóricos y ser lo suficientemente audaz como para constituirse en un Best Sellers de su época, no fue lo suficientemente atrevido como para instituirse en un clásico eterno. En otras palabras, sus “intenciones de adecuación externa” restringieron sus pretensiones de ir más allá de la “concepción post-natal de la constitución psíquica”. De ahí que todo orden este impuesto sobre el cuerpo y no “desde el cuerpo”.
Gendlin, Filósofo y Psicólogo humanista, a este respecto señala la necesidad de abordar el psiquismo humano “fuera de toda exterioridad”. La programación cultural para él actúa sobre los cuerpos, a la manera de las sociedades disciplinarias de Foulcault “todo orden está constituido por patrones que se colocan sobre el cuerpo…es un orden impuesto”16 y precisamente para el autor las explicaciones usuales, tanto psicológicas como analíticas tradicionales, actúan desde la adecuación a las formas o Gestalt sociales imperantes: “Sólo hay diferentes formas de lo humano. No hay una ‘naturaleza’ humana”17. De ahí que Gendlin señale que para los teóricos actuales sólo hay formas culturales, no “personas”.
De lo anterior, se extrae una de las necesidades que fundamentan la metafórica orgánica de Sloterdijk de las nuevas constituciones esfero-sociales. El pensamiento, el lenguaje y la misma objetividad, quedan en cuestión, sólo son en función de una exterioridad constructiva, exterioridad escindida (realidad) que no reconoce sus orígenes en la organicidad primaria de la cual se enmarcan pensamientos y lenguajes erigidos.
A este respecto Maturana señala: “decir que la razón caracteriza a lo humano es una anteojera”18 El pensamiento, desde esta perspectiva, se constituye en una relación íntima con la emocionalidad. No hay separación alguna entre lenguaje y afectividad. Desde el punto de vista biológico –dice Maturana- lo que connotamos cuando hablamos de emociones son disposiciones corporales dinámicas que definen los distintos dominios de acción en que nos movemos. Es decir, cuando se cambia de emoción, cambia todo el entramado de acción incluido el pensamiento. Todo sistema racional se constituye en el operar con premisas aceptadas a priori desde cierta predisposición emocional.
Similar posición se puede extraer de Nietzsche, aunque enfocado en un punto particular, no por eso menos fundante de la conciencia “El pensamiento consciente, el que se efectúa mediante símbolos y palabras, es la parte menos representativa del "pensamiento", que, en realidad, es necesario a nuestro organismo. Así que la unificación, coordinación, selección, etc., son más cualidades del cuerpo que de la conciencia”19.
Tanto en Nietzsche, Gendlin como en Maturana, la interioridad (vitalismo del cuerpo en el primero, interior sentido20 en el segundo y estructura orgánica en el tercero) se enraíza en la organicidad. La organicidad “precede a la exterioridad” y nos muestra una sociedad objetivada en la ficción.
No obstante, los contemporáneos Gendlin y Maturana (similar al adaptativo Freud), se sitúan en un campo menos arriesgado del movimiento vital. ¡Que más seductor que encontrar en el dominio orgánico la respuesta a la oscuridad! ¡Que más seguro que afirmar desde el movimiento negro de lo viviente, la existencia de lo originario ciego! Que más cobijante que acudir a la madre oftálmica de las ciencias de lo “aun no visto” para encontrar “respuestas serias”.
La “biología moderna”, la escudriñadora micro-óptica de las tinieblas por antonomasia, la garante de la primacía omnividente, la creadora del ojo mecánico más concluyente de la bio-modernidad: el micro-ojo o en lenguaje técnico: microscopio (en este sentido se puede definir al psicoanálisis freudiano como el entramado disciplinario bio-micro-óptico del psiquismo moderno, que, por lo demás, debe tener cualidad de sumergible glaciar). Omni-visibilidad biotecnológica moderna, que no conforme con su intromisión ocular íntima, abarca también los lindes de la exterioridad, a la manera del panóptico foulcaultiano.
III

La orgánica biotecnológica, no sólo se constituye en la ciencia-mater de la oscuridad orgánica interna, sino que además domina incluso los campos de la exterioridad moderna y postmoderna. Sin embargo, aun en estas proposiciones teóricas, que aunque modelos cuestionadores y relativamente precavidos de las actuaciones esofágicas de las fuerzas socioculturales, no se evidencia la esencia organísmica de la esférica Sloterdijkiana.

¿Dónde hallar la diferencia?

Pese a la interioridad orgánica clara mostradas aquí, ejemplificadas en la interpretación de los modelos de la Biología del Conocimiento y la propuesta del Interior Sentido, tanto Maturana como Gendlin, están posicionados aún sobre uno de los artificios más íntimos presente, desde las fuerzas de la historia antigua hasta la modernidad mas reciente, esto es, la certidumbre ciega del concepto de “individualidad”.

Para Gendlin el individuo se completa en el ideal del humanismo, la persona se constituye en el “si-mismo”, en una individualidad orgánica que puede interactuar, o, más precisamente, experienciar las expresiones a-linguísticas del cuerpo. Para Maturana, el individuo se constituye en un organismo “auto-poyético” (o “individuo-poyético”) estructuralmente determinado, que en su interacción con los otros individuos-orgánicos construyen lenguajes que los organiza como grupo particular.

Los uno-organistas mencionados, borran de toda objetividad las pretensiones externo-culturales de la ficción de realidad-naturaleza objetivada. Se valen para ello de las fundadas sospechas de la herencia ilustrada de la relación sujeto-objeto, para eliminar (o poner “entre paréntesis”) toda objetivización que se les cruce frente a sus ojos. Sospechan epistémicamente (y siguiendo la metafórica de Sloterdijk) del ojo mismo como contaminante de lo observado, para participar de la irreverente -pero en estos tiempos ya asimilada- cibernética de segundo orden. No obstante, son miopes ante si mismos al no identificar una de las más arraigadas invenciones de la herencia moderna ilustrada: Lo que Nietzsche llamó “ficción de sujeto”21.

No sólo la exterioridad esta reglamentada por las ficciones lógicas del lenguaje y el cientificismo macroesférico, sino que también el sujeto mismo es un producto del “mito antropológico bio-moderno”. Mito que, desde el punto de vista de Nietzsche, se origina en la interioridad orgánica misma: “todo lo que sucede en el nivel de la conciencia es algo superficial, terminal, una conclusión incapaz de producir, por ella misma, ningún efecto. La conciencia es un producto último en la evolución del sistema orgánico”22. Son los poderes de la tierra, las fuerzas y las voluntades del cuerpo las que están a la base de las construcciones-ficcionales grupales, y las que definen las gramáticas sociales objetivadas. Nietzsche no sólo sospecha de la “exterioridad esofágica moderna”, sino que también de su propia conciencia.

Sloterdijk, -como buen lector de sus antepasados-, aprende muy bien “de su maestro” los cuidados que debe tener, no sólo con la ficción objetivadora de las esferas sociales, sino que también, en lo relativo a las encerronas mismas que el lenguaje y el pensamiento deparan. De ahí que en su ontogénesis antropológica el individuo sólo sea una creación tardía de las altas culturas.23

A este respecto, Sloterdijk escenifica un cuadro histórico del surgimiento de individuos, remontándose a las agrupaciones arcaicas de la humanidad. “En el paisaje nativo, cada tribu declara su identidad mediante su característica producción sonora. Estar siempre al alcance de la voz es mantenerse en la seguridad de lo familiar y propio. El surgimiento del individuo en las sociedades posteriores exige (…) que en un determinado momento hayan aparecido, novedosas prácticas de silencio. (…) No fue sino con la escritura y el consiguiente ejercicio de la lectura silenciosa que se produjo este momento decisivo. La individualidad capaz de reconocerse a sí misma presupone así que los miembros del grupo puedan retirarse a ciertas islas de tranquilidad en las que les llama la atención una posible diferencia entre las voces de lo colectivo y las voces interiores, una de las cuales se destaca, finalmente, como la propia”. 24 De ahí entonces la aparición del “si mismo”.

En palabras de Sloterdijk "el hombre interior no existe antes de que los libros, las celdas de los conventos, los desiertos y las soledades lo definan; la razón, con su voz amortiguada, no puede habitar en el hombre antes de que él mismo se haya convertido en celda o cámara silente. Un yo razonable no llega siquiera a existir sin aislamiento acústico"25.

Para Sloterdijk las construcciones históricas, antropológicas y sociológicas trascienden el “lenguajear” tradicional. La orgánica, para el filósofo, debe salvar las trampas del lenguaje moderno y la exaltación del ojo como herencia omni-visibilizante de la época iluminosa (ilustración). El acercamiento primero de la constitución onto-orgánica de la humanidad, no debe ser planteada a la manera habitual de las disciplinas “lineales” modernas; de ahí que el papel se agote para la expresión de sus términos.

La bidimensionalidad de un papel no basta para sostener el continente “multidimensional” de su lógica trivalente y ontología bivalente “un instrumental cognitivo capaz de articular que hay negaciones afirmadas y afirmaciones negadas realmente-existentes, que hay nadas que son entes y entes que son nada”26. La complejidad a-lineal del autor, demanda un estallido de direcciones a todas partes y a múltiples dimensiones; es por ello, que más bien un fresco, que una hoja para grafemas de escritura pre-encausados, exprese su viaje a la caverna originaria pre-natal

Por ello, la orgánica en Sloterdijk no se iguala a la orgánica científica tradicional, sino que demanda un “Meta”, un “mas allá” y “mas atrás” que ni el lenguaje ni el pensamiento típico pueden solventar. Demanda un ingreso a la oscuridad absoluta de la clausura materna, a la infundamentación originaria misma de Schelling; a una “semántica poética animada esféricamente”, que sólo a partir de la metá-fora se puede atisbar. Por ello, la ginecología de Sloterdijk no es una obstetricia convencional cualquiera, sino que precisa de una orgánica multidimensional meta-científica, meta-teórica, meta-lingüística, meta-ensimismamientos, es en otras palabras, una “metafórica orgánica meta-moderna”.

No es modernidad propiamente tal, -como ya se ha señalado-, pues ésta no sólo es una modernidad atrapada en el lenguaje tradicional, sino que además, desconoce su condición metafórica (la metáfora muerta de Derrida27); la modernidad en este sentido, es una actualidad “estática”, “paralogizada”, momificada en las vendas del olvido de la única verdad: “La naturaleza interpretativa y ficcional de la realidad”28.

Por eso en Sloterdijk la realidad esférica precisamente “es viva”, pues como organismo tiene movimiento en el “espacio”, se retrae y se dilata en función de su vivacidad intrínseca, y es precisamente su realidad metafórica la que permite su realización. No es un organismo moderno, pues no pretende ser atrapado en una “dimensión temporal oftalmológica”; es una vivacidad que implica un más allá y un más atrás del mismo lenguaje; en la alegórica óntico-orgánica de Sloterdijk:

“El ser-en-el - espacio fetal se describe mejor por un flotar disuelto, sin frases, de núcleos de palabras en una burbuja, que mediante discursos”29.



Carlos Reyes González

Licenciado en Psicología en la Universidad Católica del Norte - Chile.
Cursa el Programa de Magíster en Filosofía de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.


1 SOLOTERDIJK, Peter, Esferas I. Burbujas, Ediciones Siruela, Madrid, 2003, p. 271
2 THOMAS, Macho, Signos desde la oscuridad. Notas para una teoría de la psicosis, Ediciones Berlín, 1993, pp. 223-240. Citado en: SOLOTERDIJK, Peter, Esferas I. Burbujas, Ediciones Siruela, Madrid, 2003, p. 271
3 SOLOTERDIJK, Peter, Esferas I. Burbujas, Ediciones Siruela, Madrid, 2003, p. 249.
4 Ibid, p. 277.
5 Ibid, pp. 251-269.
6 Ibid, pp. 208-244.
7 Ibíd., p. 273.
8 SAFRANSKI, Rudiger, Prologo Esferas I. Burbujas, Ediciones Siruela, Madrid, 2003, p.15.
9 VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo, “Nietzsche La ficción del sujeto y las seducciones de la gramática”, Psikeba Revista de Psicoanálisis y Estudios Culturales, Nº 4, 2007.
10 SLOTERDIJK, Peter, Esferas I. Burbujas, Ediciones Siruela, Madrid, 2003, p. 281.
11 SLOTERDIJK, Peter, Esferas II. Globos, Ediciones Siruela, Madrid, 2006, p. 151.
12 SLOTERDIJK, Peter, Esferas I. Burbujas, Ediciones Siruela, Madrid, 2003, p. 272.
13 VAIHINGER, Hans, “La voluntad de ilusión en Nietzsche”, Revista Teorema, 1980, 2. citado en: VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo, “Nietzsche La ficción del sujeto y las seducciones de la gramática”, Psikeba Revista de Psicoanálisis y Estudios Culturales, Nº 4, 2007.
14 SLOTERDIJK, Peter, Esferas I. Burbujas, Ediciones Siruela, Madrid, 2003, p. 317.
15 Cabe destacar aquí que los conceptos fundamentales de la teoría de Freud (pulsión, libido, placer, displacer, proyección, introyección, etc.), se asemejan bastante a las características neuroeléctricas de la neurona, célula nerviosa sobre la cual Freud -previo al psicoanálisis- concentraba sus estudios psico-orgánicos.
16 GENDLIN, E.T, Psicoterapia Experiencial y Focusing, Ediciones Bilbao, 1997, p. 396.
17 Ibíd.
18 MATURANA Humberto, “Emociones y Lenguaje en Educación y Política”, Ed. Dolmen Ensayo, Décima Edición, 2001.
19 VÁSQUEZ ROCCA Adolfo, “Nietzsche La ficción del sujeto y las seducciones de la gramática”, Psikeba Revista de Psicoanálisis y Estudios Culturales, Nº 4, 2007.
20 Gendlin postula en su modelo filosófico-terapéutico un tipo de orden que no tiene que ver con las formas exteriores, sino más precisamente con la interioridad emergida del cuerpo. En palabras de él “No son formas definidas, ni patrones, líneas, distintivos o leyes fijas” se trata de una serie de pasos que permiten devenir “sensaciones sentidas” desde la interioridad corporal misma. El cuerpo nos muestra la situación, sin necesidad de recurrir al lenguaje. Se trata mas bien de una actitud, una disposición para “dedicar tiempo a atender a ese lado interior sentido”, lo que Gendlin denomina “Focusing”. GENDLIN, E.T, Psicoterapia Experiencial y Focusing, Ediciones Bilbao, 1997, p. 396.
21 VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo, “Nietzsche La ficción del sujeto y las seducciones de la gramática”. Psikeba Revista de Psicoanálisis y Estudios Culturales, Nº4, 2007.
22 Ibíd.
23 VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo “Sloterdijk y el hombre como experimento sonoro; deriva biotecnológica e historia espiritual de la criatura”. Revista Observaciones filosóficas, Nº 4, 2007.
24 Ibíd.
25 SLOTERDIJK, Peter, Extrañamiento del mundo, Editorial Pretextos, Valencia, 2001, II - ¿Adónde van los monjes? Sobre la huída del mundo desde una perspectiva Antropológica, pp. 87 y sgtes. Citado en: VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo “Sloterdijk y el hombre como experimento sonoro; deriva biotecnológica e historia espiritual de la criatura”. Revista Observaciones filosóficas, Nº 4, 2007.
26 VASQUEZ, ROCCA Adolfo, “Peter Sloterdijk y Nietzsche; De las antropotecnias al discurso del posthumanismo y el advenimiento del super-hombre”. Psikeba Revista de Psicoanálisis y Estudios Culturales, Nº 3, 2006.
27 “El hombre es un creador de ficciones, metáforas e interpretaciones, su mundo es siempre un mundo (…) ficcional. Lo importante es que sea consciente de las metáforas que establece y que no las confunda con la realidad (…) la metáfora se convierte en creencia (…) si el sentido metafórico se convierte en literal y se desvanece la conciencia de simulación. Si esto ocurre se dice entonces que la metáfora es una metáfora muerta”. VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo, “La voluntad de Ilusión en Nietzsche y Derrida”. Revista Konvergencias, Filosofía y Culturas en Diálogo. Nº 14, 2007.
28 VASQUEZ ROCCA, Adolfo, “Peter Sloterdijk y Nietzsche; De las antropotecnias al discurso del posthumanismo y el advenimiento del super-hombre”. Psikeba Revista de Psicoanálisis y Estudios Culturales, Nº 3, 2006.
29 SLOTERDIJK Peter, Esferas I. Burbujas, Ediciones Siruela, Madrid, 2003, p. 291.
Revista Observaciones Filosóficas - Nº 5 / 2007


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