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Revista Observaciones Filosóficas


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art of articleart of articleVirilio, Tipler y Baudrillard; Ciberespacio Y Cuerpo Virtual 1

Dra. Teresa Aguilar García - Universidad de Castilla La Mancha

Resumen
Este texto aborda el tema de la tecnología virtual desde dos perspectivas: la que implica una nueva concepción del cosmos y la que atañe al cuerpo ciberespacial y su identidad. En la primera se afronta de manera crítica la posición del físico teórico Tipler en su libro La física de la inmortalidad, discutiendo la conexión entre Teología y Física, y en la segunda se contemplan las nociones de teóricos del ciberespacio como Virilio y Ascott para definir el status del cuerpo en el cibermundo.


Abstract
This text approaches the subject of the Virtual Technology from two perspectives: the one that a new conception of the cosmos implies and the other one that concerns to the cyberspace’s body and its identity. In the first perspective the theoretical physicist Tipler in his book The physics of immortalityis approached of critical way, discussing the connection between Theology and Physics, and in the second one the ideas of theoreticians of the cyberspace like Virilio and Ascott are contemplated to define the status of the body in the cyber- world.                                                          

Palabras clave
Tecnología virtual, ciberespacio, cuerpo virtual, cibercepción,
simulacro, simulación matemática.

Keywords
Virtual Technology, Cyberspace, Virtual Body, Cyberception, Simulacrum, Mathematical Simulation.



“Lo que se llama ciberespacio es una disposición técnica de la inmersión bajo el presagio de su mutabilidad”.

Peter Sloterdijk


El ciberespacio como forma de inmersión en territorios digitales es para Sloterdijk una ironía cibernética2 que remite a la inmersión en su vertiente religiosa3 cuya finalidad es la transformación del que la practica en algo distinto de lo que era. Cita cómo Jesucristo cuando sale del bautismo ya no es el mismo, o la alternancia sueño/vigilia como la forma en que la humanidad conquista el sentido de la realidad. La inmersión virtual en otra realidad así nos proporcionaría el riel por el que discurrir plácidamente y la marca de delimitación que permite distinguir uno de otro territorio, nombrando a uno real y al otro ficticio. Desde este punto de vista la necesidad de uno de ellos es la existencia del otro aun cuando no falten voces calderonianas que afirmen que la realidad es sueño y que no hay criterios válidos para asignarles diferencias o que un simulacro jamás podrá acceder al origen. Sloterdijk nos sugiere que ahora nos enfrentamos a la construcción de la experiencia de lo real a través de la alternancia realidad/realidad virtual, quizá considerando que esta última es equiparable al mundo onírico y que tras esa diferenciación o contraste los humanos de la era hipertecnológica serán capaces de conquistar un nuevo sentido de la realidad. La inmersión4 remite a la existencia de dos mundos, el que se deja atrás y que nos permite acceder al nuevo, y el nuevo en el que se penetra tras el cual ya se ha producido la mutación. La tecnología virtual nos supera como seres reales que pueden ser reconvertidos en sujetos virtuales fácilmente desintegrables en otro orden de realidad en la que no somos seres orgánicos sujetos a leyes identificables con la física del pasado. Las leyes físicas del mundo virtual invadirán las que dominan el mundo real.

El físico Frank Tipler5 plantea la creación de un Dios mediante tecnología digital y RV que resucitaría al final de los tiempos, en el llamado Punto Omega y que a todos nos convertirá en seres simulados habitando el hiperespacio. En el Punto Omega, término adoptado del teólogo Teilhard de Chardin, el universo sufrirá un Big Crunch similar al Big Bang, cuya energía será utilizada para cargar un simulador digital cósmico que podrá resucitar cualquier ser que haya vivido en algún momento. “La física es una rama de la teología “, reza el lema de Tipler que, sin embargo, se declara ateo aun admitiendo que el paralelismo entre física y teología es evidente:

“La teoría de la resurrección propuesta en este libro exige que aceptemos que el ser humano es un ente de carácter puramente físico, una máquina bioquímica gobernada y descrita en todas sus facetas por las leyes físicas conocidas. No existe ningún tipo de misteriosas fuerzas “vitales”. En líneas generales es necesario considerar a la “persona” como un caso particular ( pero muy complejo) de un programa de ordenador: el “alma” humana no es más que un programa concreto que se está ejecutando en un ordenador denominado cerebro. Enseñaré que al asumir esta idea se puede demostrar no sólo que resucitaremos a la vida eterna, sino que además poseemos libre albedrío; desde luego somos máquinas, mas al contrario que las que nosotros construimos, tenemos una auténtica voluntad propia” 6

En la concepción de Tipler, los humanos volvemos a ser máquinas como para Descartes, máquinas en el sentido literal del término, ya no análogos que funcionan literalmente, pues persona es aquello que puede superar el funcionamiento de una máquina de Turing. Esto le lleva a considerar la vida como una forma de procesamiento de información, muy en la línea del paradigma biológico actual, y al cerebro y alma humanos como un programa de ordenador muy complejo.7 De ello se deduce la inmortalidad de la vida, esta será posible cuando seamos emulados por los ordenadores del futuro lejano, los términos especializados para calificar la realidad que viviremos como individuos resucitados en el futuro lejano son los de la “realidad virtual” o bien del ciberespacio” 8

Esta consecuencia lógica de vida eterna se basa en la idea de que lo importante es el soporte, que no necesariamente debe ser una máquina, pues es suficiente con la simulación, dado que una simulación es un programa de ordenador que consiste en esencia en un mapeo del conjunto de los números enteros sobre sí mismo.

“Es decir, las instrucciones del programa indican al ordenador cómo llegar, partiendo del estado actual, representado por un conjunto de dígitos, al estado subsiguiente, también representado por una colección de enteros”9.

Tipler se formula la misma pregunta que los protagonistas de las películas de ciencia-ficción como Matrix10, ya es un personaje de la ciencia-ficción, alguien para quien la simulación es sinónimo de existencia

¿Cómo sabemos nosotros que no somos meras simulaciones dentro de un enorme ordenador? O de la pregunta cartesiana que duda siempre del otro sin atenerse a la apariencia que exhibe: ¿ Cómo saber que esas personas que vemos no son autómatas?. El uno mismo quedaba resguardado con el imperativo del yo pienso como garantía de existencia o síntoma de existencia, pero esas coordenadas ontológicas que garantizaban la autenticidad de la existencia desaparecen por el arte de la computación.

La respuesta a cómo saber si nosotros somos meras simulaciones es que no podemos saberlo, se trata del problema de los indiscernibles de Leibniz, dado que dos identidades que no pueden distinguirse entre sí mediante método alguno en ningún momento temporal, forzosamente han de ser considerados idénticos. Esta idea unida a la idealista de Berkeley sobre la existencia que considera que ésta sólo es posible si alguien la percibe, “ser es ser percibido”, constituyen los puntos básicos de la teoría de Tipler.

El universo sólo puede existir en tanto el Punto Omega lo observa en el futuro último, al igual que el universo de Berkeley existía porque era observado por Dios. La posibilidad de la existencia sólo si ésta está siendo observada por otro, ya sea dios o un punto del universo, constituiría la versión fuerte del pensamiento escopofílico, cuyas máximas católicas de “dios te observa” o “el punto omega te observa” o “las cámaras te observan” en su versión mediada, hacen blanco a la visión como elemento generador de la realidad, que hace realidad y en último extremo, que constituye la existencia, que no sería posible sin otro ajeno que te observa. Así mismo es platónico, porque al igual que el filósofo idealista, afirma que la realidad última es la realidad matemática en la línea de los pensadores pitagóricos y Platón, y la física constituiría una subclase de aquell