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Revista Observaciones Filosóficas


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art of articleart of articleFoucault; 'Los Anormales', una genealogía de lo monstruoso  1

Dr. Adolfo Vásquez Rocca - Universidad Andres Bello - Universidad Complutense de Madrid
Resumen
Este artículo busca dar cuenta del concepto de Anormal desarrollado por Foucault y sus alcances médicos, jurídicos y políticos. Dictado en el Collège de France entre enero y marzo de 1975, el curso sobre Los Anormales prolonga los análisis que Michel Foucault consagró desde 1970 a la cuestión del saber y el poder; poder disciplinario, poder de normalización, biopoder. A partir de múltiples fuentes teológicas, jurídicas y médicas, Foucault enfoca el problema de esos individuos 'peligrosos' a quienes, en el siglo XIX, se denomina 'anormales'. Define sus tres figuras principales - los monstruos, que hacen referencia a las leyes de la naturaleza y las normas de la sociedad, los incorregibles, de quienes se encargan los nuevos dispositivos de domesticación del cuerpo, y los onanistas, que dan pábulo, desde el siglo XVIII, a una campaña orientada al disciplinamiento de la familia moderna. Los análisis de Foucault toman como punto de partida los peritajes médico legales que aún se practicaban en la década de 1950. Esboza a continuación una arqueología del instinto y el deseo, a partir de las técnicas de la revelación en la confesión y en la dirección de conciencia. Plantea de ese modo las premisas históricas y teóricas de trabajos que retomará, modificará y reelaborará en su enseñanza en el Collège de France y en obras posteriores.

Foucault, Abnormal. A Genealogy of the Monstrous

Abstract
This article seeks to explain the concept of Abnormal developed by Foucault and scope medical, legal and political. Taught at the Collège de France between January and March 1975, the course on The Abnormal extends Michel Foucault analyzes since 1970 devoted to the issue of knowledge and power, disciplinary power, power of normalization, biopower. From multiple sources theological, legal and medical, Foucault focuses on the problem of those individuals 'dangerous' who, in the nineteenth century, is called 'abnormal'. Define the three main figures - the monsters, referring to the laws of nature and rules of society, the incorrigible, who are in charge of the new devices domestication of the body, and masturbators, that feed from the eighteenth century, a campaign aimed at disciplining the modern family. Foucault analyzes take their point of departure the forensic expert who still practiced in the 1950s. Outlined below an archeology of instinct and desire, from the technical disclosure in confession and spiritual direction. Thereby raises the historical and theoretical premises of jobs resume, modified and reworked in his teaching at the Collège de France and later works.

Palabras clave
Anormales, monstruo, incorregible, loco, biopolítica, cuerpo, razón, psiquiatría, jurídico, político, genealogía, poder, medicina, locura, ética, clínica, encierro, hospital, instinto, crimen, anti-psiquiatría, domesticación, sexualidad.

Keywords
Abnormal, freak, incorrigible, crazy, biopolitical body, reason, psychiatry, law, politics, genealogy, power, medicine, madness, ethics, clinic, prison, hospital, instinct, crime, anti-psychiatry, domestication, sexuality.


1.- Anátomo-política: las disciplinas del cuerpo y las regulaciones de la población, hacia la biopolítica.

En la obra de Foucault no sorprende hallar un interés “histórico”, así como una fascinación “romántica”, por las zonas marginales de la sociedad. En efecto, su mirada, tras haberse detenido en la locura, y después en la cárcel, la criminalidad y la delincuencia, se vuelve hacia la sexualidad. “Foucault había instalado su observatorio en las zonas del ser viviente donde las distinciones tradicionales del cuerpo y del espíritu, del instinto y de la idea, parecen absurdas: la locura, la sexualidad, el crimen. Desde allí su mirada giraba como el haz de luz de un faro y se posaba sobre la historia y sobre el presente, dispuesta para los descubrimientos menos tranquilizadores”2.

El tranquilo sueño de la razón no dejará de generar monstruos. Monstruos que son consecuencia de la domesticación, del conformismo y de la seguridad garantizada por el ejercicio del poder. Foucault dará una doble función a este ejercicio: En primer lugar, una anátomo-política del cuerpo humano que obedece a la mecánica de las disciplinas. El principal objetivo de ellas es la comprensión del cuerpo como máquina. Estos procedimientos intentan conseguir docilidad política y utilidad económica de los individuos. En segundo lugar, destaca una biopolítica de la población. En este caso se considera al cuerpo individual en tanto forma parte de la especie. Esta operación queda a cargo de una serie de intervenciones y controles reguladores del individuo en tanto partícipe de los avatares propios de la especie humana: nacimiento, muerte, migración, reproducción, etc. Por lo tanto, el cuerpo es considerado como soporte de los procesos biológicos. Los mecanismos de poder ya no tienen allí por objeto la muerte, sino actúan como administradores de la vida. Las disciplinas del cuerpo y las regulaciones de la población constituyen los dos polos alrededor de los cuales se desarrolló la organización del poder sobre la vida.

2.- La historia de la locura en la época clásica; la constitución de la psiquiatría como saber e higiene del cuerpo social.

La microfísica del poder, como la genealogía de lo monstruoso requieren ser complementadas por la exposición que Foucault hace de la historia de la locura en la época clásica, y en particular, por el desarrollo de la psiquiatría como disciplina normativa e inquisidora.

La psiquiatría, tal como se constituyó entre fines del siglo XVIII y principios del XIX, sobre todo, no se caracterizó como una especie de rama de la medicina general. La psiquiatría funciona -a principios del siglo XIX y ya avanzado éste, quizás hasta alrededor de 1850- no como una especialización del saber o la teoría médica, sino mucho más como una rama especializada de la higiene pública. Antes de ser una especialidad de la medicina, la psiquiatría se institucionalizó como dominio particular de la protección social, contra todos los peligros que pueden venir de la sociedad debido a la enfermedad o a todo lo que se puede asimilar directa o indirectamente a ésta. La psiquiatría se institucionalizó como precaución social, como higiene del cuerpo social en su totalidad nunca hay que olvidar que la primera revista en cierto modo especializada de la psiquiatría en Francia fue los Annales d'hygiène publique. Es una rama de la higiene pública y, por consiguiente, habrán de darse cuenta de que la psiquiatría, para poder existir como instrumento del saber, es decir, como saber médico fundado y justificable, tuvo que efectuar dos codificaciones simultáneas. En efecto, por una parte debió codificar la locura como enfermedad; tuvo que patologizar los desórdenes, los errores, las ilusiones de la locura; fue preciso llevar a cabo análisis (sintomatología, nosografía, pronósticos, observaciones, historiales clínicos, etcétera) que aproximaran lo más posible esa higiene pública, e incluso la precaución que estaba encargada de asegurar, al saber médico y, en consecuencia, permitieran el funcionamiento de ese sistema de protección en nombre de este saber. Pero, por otra parte, podrán advertir que fue necesaria una segunda codificación, simultánea de la primera. Al mismo tiempo hubo que codificar la locura como peligro, como esencialmente portadora de riesgos y, por ello, la psiquiatría, en la medida en que era el saber de la enfermedad mental podía funcionar efectivamente como la higiene pública. En términos generales, la psiquiatría, por un lado, hizo funcionar toda una parte de la higiene pública como medicina y, por el otro, hizo funcionar el saber, la prevención y la curación eventual de la enfermedad mental como precaución social, absolutamente necesaria si se querían evitar cierta cantidad de peligros fundamentales y ligados a la existencia misma de la locura3.

Esa doble codificación va a tener una muy prolongada historia a lo largo del siglo XIX. Puede decirse que los tiempos fuertes de la historia de la psiquiatría en ese siglo, pero también en el siglo XX, se producirán justamente cuando las dos codificaciones estén efectivamente ajustadas, o bien cuando haya un único tipo de discurso, un único tipo de análisis, un único cuerpo de conceptos, que permitan constituir la locura como enefermedad y percibirla como peligro. Así, al comienzo del siglo XIX, la noción de monomanía va a permitir clasificar dentro de una gran nosografía de tipo perfectamente médico (en todo caso, completamente isomorfo a todas las otras nosografías médicas) y, por lo tanto, codificar dentro de un discurso morfológicamente médico toda una serie de peligros. De tal modo, encontraremos la descripción clínica de algo que será la monomanía homicida o la monomanía suicida. De igual manera, dentro de la psiquiatría, el peligro social se codificará como enfermedad. A causa de ello, la psiquiatría podrá funcionar efectivamente como ciencia médica encargada de la higiene pública. Asimismo, en la segunda mitad del siglo XIX, encontraremos una noción tan masiva como la monomanía, que en cierto sentido desempeña el mismo papel con un contenido muy diferente: la de degeneración4. Con ella tenemos una manera determinada de aislar, recorrer y recortar una zona de peligro social y darle, al mismo tiempo, un status de enfermedad, un status patológico. También podemos preguntarnos si la noción de esquizofrenia no cumple el mismo papel en el siglo XX5. En la medida en que algunos la entienden como enfermedad que se cofunde con toda nuestra sociedad, este discurso sobre la esquizofrenia es claramente una manera de codificar un peligro social como enfermedad. Lo que reencontramos, así, a lo largo de esos tiempos fuertes o, si lo prefieren, de esos conceptos débiles de la psiquiatría, es siempre la función de higiene pública, cumplida por ella6.

3.- La Psiquiatría –como disciplina reguladora de la 'normalidad'– y el Psicoanálisis como tecnología de corrección y normalización de la economía de los instintos.

Al margen de estas codificaciones generales, es necesario puntualizar que la psiquiatría necesitó y no dejó de mostrar el carácter –específicamente– peligroso del loco en cuanto tal, esto es, que desde el momento mismo en que empezó a funcionar como saber y poder dentro del dominio general de la higiene pública, de la protección del cuerpo social, la psiquiatría siempre procuró reencontrar el secreto de los crímenes que amenazan habitar cualquier locura, el núcleo de la locura que, sin duda anida en todos los individuos que pueden llegar a ser peligrosos para la sociedad. Fue, pues preciso que la psiquiatría, para funcionar como disciplina reguladora de la 'normalidad', a partir de la cual se organiza el poder sobre la vida, estableciera la pertenencia esencial y fundamental de la locura al crimen y del crimen a la locura. Esta pertenencia es absolutamente necesaria y una de las condiciones de constitución de la psiquiatría como rama de la higiene pública. De modo tal que la psiquiatría procedió efectivamente a realizar dos grandes operaciones. Una, dentro del hospicio, la operación que consiste en erigir un análisis de la locura que se desplaza con respecto al análisis tradicional y en el cual ya no surge que aquélla tiene por núcleo esencial el delirio sino la irreductibilidad, la resistencia, la desobediencia, la insurrección, literalmente, el abuso de poder como forma nuclear. Puede notarse que para la psiquiatría del siglo XIX, el loco siempre es alguien que se cree rey, es decir, que exalta su poder contra y por encima de cualquier poder establecido, ya sea el de la institución o el de la verdad. Por lo tanto, en el interior mismo del hospicio, la psiquiatría funciona claramente como la detección o, mejor, la operación por medio de la cual se une a todo diagnóstico de locura la percepción de un `peligro posible. Pero, inclusive al margen del hospicio, me parece que tenemos un proceso más o menos del mismo tipo, es decir que en su exterior la psiquiatría siempre procuró -en todo caso, en el siglo XIX, de una manera particularmente intensa y crispada, porque de lo que se trataba, en el fondo, era de su constitución misma- detectar el peligro que acarrea consigo la locura, aun cuando sea una locura moderada, inofensiva o apenas perceptible. Para justificarse como poder y ciencia de la higiene pública y de la protección social, la medicina mental debe mostrar que es capaz de advertir, aun donde nadie más puede verlo todavía, cierto peligro; y tiene que mostrar que, que si puede hacerlo, es en la medida en que es un conocimiento médico.

La psiquiatría se dió a si misma esta especie de prueba e reconocimiento de su realeza, prueba de reconocimiento de su soberanía, su poder y su saber: yo soy capaz de identificar como enfermedad, de encontrar signos en aquello que, sin embargo, nunca se señala.

Por un lado el poder penal, no va a dejar de decir al saber médico: mira, estoy frente a un acto sin razón. Entonces, te lo ruego: o bien me presentas razones para ese acto, y con ello podrá ejercese mi poder de castigo, o bien, si no las encuentras, es porque se trata de un acto loco. Dame una demostración de demencia y no aplicaré mi poder punitivo.

La irrupción de un objeto o, mejor, de todo un ámbito de nuevos objetos, toda una serie de elementos que, además van a ser nombrados, descriptos, analizados y, poco a poco, integrados o, más bien, desarrollados dentro del discurso psiquiátrico del siglo XIX. Se trata de los impulsos, las pulsiones, las tendencias, las inclinaciones, los automatismos; en suma, todas las nociones, todos lo elementos que, a diferencia de las pasiones de la edad clásica, no se ordena según una representación primera sino que, al contrario, lo hacen según una dinámica específica, con respecto a la cual las representaciones, las pasiones, los afectos, ocuparán una posición secundaria, derivada o subordinada. En el caso de Henriette Cornier vemos el mecanismo por el cual se opera la invención de un acto, cuyo escándalo jurídico, médico y moral obedecía a que no tenía razón y planteaba a la medicina y al derecho cuestiones específicas, en la medida en que era presuntamente de la incumbencia de una dinámica del instinto. Del acto sin razón se pasa al acto instintivo.

Ahora bien, esto sucede en la época en que Geoffroy Saint-Hilaire mostraba que las formas mosntruosas de ciertos individuos no eran nunca otra cosa que un juego perturbado de las leyes naturales7. En esa misma época, la psiquiatría legal, en referencia a cierta cantidad de casos -entre los cuales el de Henriette Cornier era con seguridad el más puro e interesante-, estaba descubriendo que los actos mosntruosos, es decir, sin razón, de algunos criminales en realidad se producían no simplemente a partir de la laguna que señala la ausencia de razón, sino por cierta dinámica mórbida de los instintos. Cuando digo "descubrimiento", sé que no es la palabra adecuada, pero no me intereso en él sino en las condiciones de la posibilidad de la aparición, la construcción, el uso reglado de un concepto dentro de una formación discursiva. Importancia de ese engranaje a partir del cual la noción de instinto va a poder aparecer y formarse; pues el instinto será, desde luego, el gran vector del problema de la anomalía, e incluso el operador por medio del cual la mosntruosidad criminal y la simple locura patológica van a encontrar su principio de coordinación. A partir del instinto, toda la psiquiatría del siglo XIX va a poder devolver a los ámbitos de la enfermedad y la medicina mental todos los trastornos, todas las irregularidades, todos los grandes trastornos y las pequeñas irregularidades de la conducta que no competen a la locura propiamente dicha8..

Toda la inscripción de la psiquiatría en la patología evolucionista, toda la inyección de la ideología evolucionista en la psiquiatría ya no podrán hacerse en absoluto a partir de la vieja noción de delirio, sino de esta noción de instinto. Todo esto será posible desde el momento en que el instinto pase a ser el gran problema de la psiquiatría. Y finalmente, en los últimos años del siglo XIX, la psiquiatría va a quedar enmarcada por dos grandes tecnologías, como bien lo saben que, por un lado la bloquearán y, por el otro, la reactivarán. Por una parte, la tecnología eugénica, con el problema de la herencia, la purificación de la raza y la corrección del sistema instintivo de los hombres mediante una depuración racial. Tecnología del instinto: esto fue el eugenismo desde sus fundadores hasta Hitler9. Por otra parte, frente a la eugénica tenemos la otra gran tecnología de los instintos, el otro gran medio que se propuso simultáneamente, en una sincronía que es muy notable, la otra gran tecnología de corrección y normalización de la economía de los instintos, que es el psicoanálisis10.

4.- 'Los Anormales': Curso de Foucault en el Collège de France: El Monstruo.

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